UN ICEBERG EN LA MITAD

Recuerda,
por obligación.
Las imágenes
le traen su nombre.
Le resbala.

Recuerda.
Duele un poco.
Le mira.
Le hace suyo.
Le da besos.

Recuerdo.
Es odio.
Puro odio.

Recuerda.
A veces se cree dios.
Dios, puede
cambiarlo todo.

—————-

Fin del suplicio.
Puede caer del cielo
lo que quiera caerse.
Puede caerse el mundo,
si el mundo quiere.
Puede caerse  
la ley de la gravedad.
Puedes caerte,
si se te antoja.
Puedes equivocarte,
también.
No hay atrás. Punto.

—————

Sin escapatoria.
El frío le persigue.
Sabe del abandono.
Lo descubrió
por las hojas vacías.

—————

Llega morfeo. Sucumbe.

INVIERNO

Afuera el cielo se cae y golpea duro contra el suelo. Se forman ríos de agua que alcanzan la altura de los andenes y se pegan con las llantas de los carros, que algún dueño, por no derretirse con el cielo que cae, dejó mal parqueado en la calle al frente de su casa. El cielo también se deja ver y luego, se deja escuchar en un estruendo que pareciese fuese a acabar con la tierra. Piensa en cuando estaba pequeña y solía decir, en repeticiones constantes, Dios está tomando fotos, de seguro. Está un poco enojada, a decir verdad. Los sábados, los últimos sábados, siempre está lloviendo. El sexto día tiene algo especial: a alguien, algún día, se le ocurrió designarlo para la noche y darle abrazos a los amigos más queridos, beso al novio o a la novia según el género y la sexualidad, embarrarla de cuando en vez, bailar un poco, conversar otro más, tomarse unos vodkas y en fin. Está enojada. Es sábado, tenía intenciones de verle,  y el cielo se cae encima de su casa.

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BENEDETTI, in memoriam


Viceversa
 °
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.

O sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante,
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

–       

El domingo puede ser un buen día para morir, para hacer un inventario y decir que ya las letras son suficientes, que de su mano, por lo menos en la tierra, no saldrá una letra más. Y no deja de ser triste. Tristísimo, tristósomo. La muerte, siempre es así. Duele cuando hay sentimientos en la mitad. A Benedetti, cómo no quererlo. Era parte de la familia poética del corazón. La muerte tiene que llegar, en algún momento, a veces más tarde que temprano, y viceversa. Hay días en que nos parece que es más temprano. De pronto ya era hora. Ochenta y ocho, esos tenía Benedetti. Ya la parca estaba cerca, y se acercó tanto, que se lo llevó. Bien, no creo que sea tanto. De hecho, morir es olvidar un poco, y a Benedetti, es difícil olvidarlo. No importa que siempre, muchos, lleguen al mismo poema. El poeta anda y andará por ahí. Y mientras haya un poema para hacernos sonreír, hay un Benedetti vivo recitando al oído. 

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CAMILA EN FACEBOOK

Lectorcícimos! Quería contarles que, por esas cosas de que la tecnología lo atrapa a uno, y más si uno tiene 22 y son pocos los amigos los que no andan por esos lados, decidí abrir una página de facebook para Camila Avril. Así, además del RSS, que no deben borrarlo, por ahí les contaré de las actualizaciones que se vayan dando en el blog. Los invito a que se hagan fans, y además, inviten a los amigos y así, se siga lo que es la viralidad de internet.

Camila en facebookhttp://www.facebook.com/pages/Camila-Avril/80954169445

TELEVISIÓN

Es como si el televisor no me perdonara que antes de dormir le diera una vueltecita y buscara algo que ver en él, una película, los Simpsons o algún reencauche en Nick. Pasa, incluso, si se me cierran los ojos y solo puedo ver, entre las pestañas y esa rayita que se hace entre un párpado y otro antes de quedarse cerrados, la luz que emite el cuadrado aquel. A veces vale la pena. La mayoría, solo cuestión de compañía, de costumbre, de dejar que el tiempo juegue y se vaya pasando disimulado encima de la vida y al final, menos minutos de sueño en las mañanas. Tal vez es solo ese pseudo-pensamiento de no poder dormir temprano, como la gente normal, como el mundo se invento, o incluso (vuelvo a cogerle sabor a la palabra) como los pájaros y las gallinas. El televisor es algo así como una caja, dicen por ahí que boba, que necesito como canción de cuna, casi como cuando estaba pequeña y le decía a la mamá que si me prestaba “la manito”, mientras yo me lograba dormir. Ahora es como decirle al televisor, prestame la luz por los siguientes veinte minutos, mientras me duermo, y si no lo he hecho, no se preocupe, le programo otros diez, aunque terminen siendo sesenta, o más. Pocas veces es el programa, por supuesto.

Una cuestión de desasosiego, podría ser. De falta de sentido común, también, o, simple, de que el lado derecho de la cama, es para la almohada (no necesariamente un hecho triste).

PREGUNTARIO

De como las figuras, las personas y las cosas se transforman. De como los ojos se ponen borrosos por culpa del shampoo. De como ella grita porque le quitaron el bombón o baja la voz porque no conoce a alguien. De como el señor sacó la pistola y le dio en el hombro al ladrón porque trataba de robarle el carro. De cómo le pide a los ángeles todas las noches para que le cuiden. De cómo la mamá está lejos y enferma y también impaciente porque no se le quita el dolor. De cómo sonrie cuando él le sonríe, aunque sea solo un fantasma. De cómo le olvida tan fácil. De cómo piensa si como es cómo o como y si debería devolverse a poner las tildes. De cómo repetir ‘cómo’, si empieza a sonar cacofónico. De cómo algunos se enojan inoficiosamente. De cómo hay que decidir todos los días porque de pronto, solo de pronto, los cambios pueden doler en la cabeza y en el corazón. De cómo a veces escribir no sale, porque las musas andan dormidas. De cómo matar a Camila, porque a veces le gusta ser más de lo que puede. De cómo no tiene tiempo de leer un libro. De cómo el amigo anda perdido y en olvido. De cómo los amigos se ponen celosos. De cómo el celular se descarga justo cuando alguien, ese precisamente, te llama. De cómo los policías no te creen a la una de la mañana que vienes de trabajar. De cómo los domingos nunca hay una película interesante en el cable para ver. De cómo las vacaciones están tan lejos y con tanto cansancio. De cómo a la gente no le interesa la ortografía. De cómo los amigos son importantes en la vida. De cómo los poemas pueden ser de odio. De cómo parar de escribir si vienen y vienen ideas. De cómo se hacen los muñequitos. De cómo todavía hay hombres machistas que creen que las mujeres no pueden hablar de fútbol. De cómo antiguos amores ya no hacen ni cosquillas. De cómo el olvido si existe. De cómo decir adiós. De cómo quedarse dormida temprano. De cómo lo anterior puede ser simple estupidez.

Cosas de la vida. Nada más.

DE NEGRO

Ni una palabra.
Solo un recuerdo 
desenfocadamente triste.

.-,–.

Sus zapatos 
Fueron los últimos 
Que se quisieron ir.
No miró hacia atrás.
Ni un último beso.
Ni un último respiro.
Sus zapatos dorados
Tropezaron en la esquina.
El derecho quedó ahí,
como la zapatilla perdida
de La Cenicienta.
Sus zapatos 
Fueron los últimos,
y lo único
que le quedó de ella.
El aire de esa noche, y de las siguientes,
Fue más triste que de costumbre,
Más lúgubre que cualquier noche,
sobre todo en ese momento,
que toma el tacón dorado,
y lo estruja sobre su pie. 

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DICCIONARIO

Queridos visitantes camilaavrilescos:

He decidido hacer un diccionario. Sí, para todas esas palabras que se inventan en este blog y que hacen que, a veces, la lectura se complique un poco. Por lo general, Mónica-Camila presupone que todos han de entenderle. Y no es tan sencillo, porque todos tenemos en la cabeza cosas distintas. Así que para los novatos será muy útil, y para los no tan nuevos, una excusa para releer. Bien, no aspiro devolverme mucho, y tampoco es que vaya a ser un diccionario de muchas hojas. Eso sí, como todo diccionario, no pueden faltar las definiciones obvias.

El de rojo: Corazón

Letrosos: Los miembros del grupo literario de Mónica, que se llama Letras.

Camilaavrilescos: Los visitantes de Camila Avril, que sí la leen, han de tener, por fortuna, uno que otro tornillito suelto.

Photoshopiar: Jugar en photoshop y poner las fotos camilescamente agradables.

DE POESÍA Y RECUERDOS

La poesía abre sus puertas y envuelve y embauca y atrapa y se queda allí, como una enfermedad silenciosa, y altamente necesaria. No queremos curarnos. Ella, indescriptible por sí misma, nos hace llegar a rincones que, por la distancia, no podemos tener. Y nos hace recordar y soñar y caminar por cualquier lado donde la imaginación llegue. Además, tiene un alto grado de confianza con el alma, y también, sabe llegar a los recuerdos, apoderarse de ellos y quedárselos. En fin.

Los vuelvo a dejar con Sergio Hincapié con dos poemas preciosos, de este país, que tanto nos hace soñar.

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