ESOS OBJETOS QUE SE LLAMAN LIBROS

Los libros, siempre, los había pensado como letras, como contenido, como unos objetos, sí, pero valiosos por eso que llevan dentro. Luego me encontre a Carlos y a Cielo, y fue como chocarme contra, la pared, por decir algo. En los libros, el objeto también vale, y es maravillo, mágicamente maravilloso.

Este es un artículo que escribí para GENERACIÓN. Está en la página 12 y 13. Los invito a que se den la pasadita, aunque prometo tenerlo pegado aquí pronto.

Abrazo!

ENTRAR A GENERACIÓN

DISERTACIÓN

El amor, sí, es indefinible. A veces, y muy pocas, se deja coger por los laditos y lanzar conjeturas. Solo conjeturas. No es más. Él, es casi como la muerte. No se dejan investigar. Ésta fue una conversación con un amigo, gran amigo, un día cualquiera, por una pregunta sobre el amor. Me pareció que tiene cosas interesantes, y por eso, aquí va. Espero la terminen ustedes. 

Ella dice:

Bueno te dije que te iba a decir dos cosas. Dos. Como ando durmiendo mal, ando pensando mucho. Entonces me quedé en lo que hablábamos que día, de por qué a uno le gusta alguien, y no otro. Y uno podría decir que hay cosas chéveres de ese otro, pero tal vez no sabe exactamente qué. Supongo que hay algo físico, que hace que haya, mínimo, una fijación para mirar. Y lo demás, tal vez las feromonas que tienen química entre sí, como un rompecabezas donde las fichas casan. Y creo que uno no sabe qué le gusta del otro, porque ahí está la magia: en no poder describirlo y hacerlo objeto. Le gusta y ya, y piensa y ya, y escribe y ya, y funciona o no, y ya está. Nada más. Una vez Jero me preguntó, ¿y qué te gusta?, y yo le dije, no sé, tal vez que no le guste. Y así en sucesiva. Cosas del amor, concluí, casi como lo de la muerte. Si supiéramos su día, dejaría de valer la pena.

Gracias por dejarme disertar. 
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POEMAS DE PARED

POEMA 2 (DE EDIFICIOS)

A la altura 
de las nubes.
Ahí están.
Tienen un dejo
de imponencia.
De arriba,
un poco de luz.
A las once,
un poco de negro.
No se mueven.
Se dibujan.
La soledad
suele, casi todas las noches,
hacerles de la suya.
Ahí están.
A la altura de las nubes,
con terrazas
para mirar las estrellas.
Ahí,
para ser inventados.

Poema 1 

POEMAS DE PARED

Como un imperativo me obligo a escribir poesía. Obligación como una necesidad que quiere ser comprendida y no dejar que el cansancio se lleve las ideas. La pared será la excusa perfecta para escribir (¿qué pasaría si no fuera escribir, sino excribir?). Se pone una hojita pegada con cinta de enmascarar y se toma el lápiz y se escribe. Cuando se llene la pared se tendrá un número de poemas suficientes para decorla, y se sabrá, por tanto, que la serie ha llegado a su fin.

POEMA 1
Debes irte.
Hasta aquí,
todos tus besos.
Es la única manera 
de que seas
el hombre de mis sueños.
Y en estas noches,
de lunas escondidas,
Y lagartijas sin color,
tu nombre
en mi cabeza
aparece farfullante.
Aparece, exacto,
a la medida de mis sueños.

DOS BELLAS

Siempre que me encuentro con Daniel Hermelin, alguien que fue profesor, me dice, algo así, no me acuerdo, Mónica, ¿sabes el consejo de Rilke? Siempre digo que no. Y hoy, divagando por ahí me encontré de nuevo con Rilke y con la frase de Hermelín y con otra más, y me pareció prudente, prudente no tengo ni idea por qué, compartirla, y prometer, además, que voy a encontrarme más seguido con el autor. Dos, como diría Mauricio, bellísimas frases:

. Si puedes vivir sin escribir, no escribas

. Escribir es un vicio solitario

BENDITA SEA ENTRE TODOS LOS HOMBRES

Señor, que si la deja por ahí, por favor. Algo así. Señor, que muchas gracias. Más o menos. Señor, que en el paradero. “Es como si fueran ciegos”, dice. Y por cada señor, las facciones de su rostro cambian. Se hacen, tal vez, un poco más gruesas. “Después de haber viajado conmigo, de llevar treinta minutos”, hace énfasis, casi regañón. Le molesta que se les olvide, que no se acuerden que tiene pelo largo, ropa más pequeña, una voz más suave, y que además, incluso, maneja diferente. 

En edad, tiene 27. Es mujer. Se llama Diana. Es conductora de bus, y si se quiere, niña, señora, dama, mujer, muchas gracias, déjeme aquí. Como conductora de bus, dos años. 
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PEQUEÑOS

Eligió la jaula
A pesar que la puerta
Estaba abierta.
Eligió el palo
A pesar que el viento
Le soplaba en su cara.
Eligió el alpiste
A pesar que el olor
De las flores
Le llegaba nuevo.
El pájaro eligió la jaula
A pesar que la niña
Lo instaba a salir.
Ese era su mundo,
Ahí donde
El viento y
Las flores
Eran sólo el sueño
De todas las noches,
Para seguir cantando.

-.–

Esa luna.
Mirándonos como siempre.
Oliéndonos como todas las noches.

.,..,

Ahí van.
Son mil pájaros
Hacia el norte.

.,..m..,.

Muertos.
Miles de nombres
En la basura.

 .,..,d..,.,-.

Porque tu silencio
mata, una a una,
las mariposas de mi estómago.

RECORDANDO

A veces los recuerdos llegan y causan dos cosas. Una, sonrisas por mil. Dos, una nostalgia grandísima.

Cuando estaba pequeña, dígase la mitad de la edad que tengo, descubrí, en ese entonces es común descubrir cosas en el mundo que ahora parecen obvias, que mi nombre, completo, tenía nueve sílabas. Nueve sílabas.  Tres por el nombre, tres por el apellido, tres por el otro apellido. Y en esas cosas de un amigo poeta, amigo por herencia de la mamá y el papá, a él, se le ocurrió un poema, que a mí, todavía, me parece bonito, mágico. Creo recordarlo en su totalidad. Se los comparto.

En estas nueva sílabas
que comprenden la historia
de mi breve edad

No han habido ni moros
ni cristianos,
solo Restrepos de los de aquí,
y Quinteros de los de allá.

Y entre unos y otros,
el puente cruzado de la vida,
y todos los caminos
que conducen al amor.

Solo nueve sílabas
y una historia por empezar,
que siendo breve,
viene desde siglos.

Solo nueve sílabas.

Aníbal Alzate Chica