FANTASMAS

No me pregunten tantas teorías. Yo no sé si eso es una crónica, un reportaje, una noticia, un ensayo literario, un texto académico o, es más, no es nada. A mí no importa, qué me va a importar eso, cuando tengo varios fantasmas rondándome el cuerpo completo, moviéndome la mano y obligándome, casi similar a tener un revólver en la cabeza, a que escriba, a que acabe conmigo, me tire en esta cama y no me vuelva a levantar. Solo tengo que escribir. Ni una letra más.

QUÉ LOS PÁRRAFOS SON CORTOS, MÓNICA

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Todos me repiten lo mismo. Mónica, por qué no escribes párrafos más cortos. Mónica, tenés párrafos muy largos. Mónica, qué es eso, tan largo. Y ellos no entienden que no es que yo quiera hacer párrafos largos, sino que ellos quieren ser largos. Yo no escribo, realmente, eso se va escribiendo en una especie de complicidad entre mis manos y mi mente, y resulta que no soy capaz de parar, hasta cuando a alguno de los dos le da por parar, es decir, para ellos puede ser muy fácil poner su dedo en el enter, para mí, es dificilísimo, porque yo hago eso, sólo cuando siento un chuzón pequeñito que dice, ya, parte ya. Y ellos no lo entienden, no. Y yo si les entiendo, pero es que no quiero hacerlo, mejor, el corazón y la mente y la cabeza y las manos sienten un cosquilleo extraño, y les duele, extrañamente, les duele. Sí, yo quisiera complacérles, pero no soy yo la que mando. No. Además, no soy la primera, ni seré la última, en escribir un párrafo del tamaño de la luna.
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