RELOJ

Golpea fuerte y desespera. Se mira al espejo y encuentra una mujer de ojos grandes y oscuros, donde es difícil encontrar la pupila. Es ella, y está viva, viva en el sentido categórico de la palabra, viva en el sentido de energía suficiente para respirar, suspirar, y hacer algo. El termostato no está funcionando de la forma correcta. Hace frío y calor al mismo tiempo. También tiene sueño y no sueño a la vez. Por eso cuando duerme sueña y no sueña al tiempo. Sueña porque así es y no sueña porque no se acuerda. Hace una búsqueda exhaustiva y extensiva. Quita las sábanas, tira las almohadas, mueve la mesa de noche, la lámpara y el colchón. Tampoco. Va al espejo. Sigue la misma mujer de ojos grandes y oscuros, donde es difícil encontrar el estado de la pupila, que, de seguro, debe estar en ese estado en el cual, la luz le molesta, o, mejor, esta expuesta a la luz. Es ella, otra vez, y sigue viva, o casi, casi en un sentido literal, casi porque tiene ganas de salir corriendo. El estómago grita un poco. Tal vez es hambre, o desespero, o ganas de ser más impaciente. Vuelve a la cama. Quita las sábanas, tira las almohadas, mueve la mesa de noche, la lámpara, el colchón y el computador. Tampoco. El reloj, que hace tic tac tac tic tic tac y así en sucesiva, está adentro. Golpea fuerte, desespera, y de nada, en absoluto, sirve el espejo.