BENEDETTI, in memoriam


Viceversa
 °
Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.

O sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante,
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.

–       

El domingo puede ser un buen día para morir, para hacer un inventario y decir que ya las letras son suficientes, que de su mano, por lo menos en la tierra, no saldrá una letra más. Y no deja de ser triste. Tristísimo, tristósomo. La muerte, siempre es así. Duele cuando hay sentimientos en la mitad. A Benedetti, cómo no quererlo. Era parte de la familia poética del corazón. La muerte tiene que llegar, en algún momento, a veces más tarde que temprano, y viceversa. Hay días en que nos parece que es más temprano. De pronto ya era hora. Ochenta y ocho, esos tenía Benedetti. Ya la parca estaba cerca, y se acercó tanto, que se lo llevó. Bien, no creo que sea tanto. De hecho, morir es olvidar un poco, y a Benedetti, es difícil olvidarlo. No importa que siempre, muchos, lleguen al mismo poema. El poeta anda y andará por ahí. Y mientras haya un poema para hacernos sonreír, hay un Benedetti vivo recitando al oído. 

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