UNA RAZÓN PARA DEMERITAR

Cede, casi al final, pero termina cediendo, al fin y al cabo, con una razón lo suficientemente fuerte, bueno, no tan fuerte. El día que dijo que tenía ganas de no volver a usar comillas, ni signos de interrogación, que porque eran feos, pelió con todo el que trató de llevarle la contraria, tanto que ellos se olvidaron del asunto, y la dejaron seguir. No era difícil, o eso dijo, solo cuestión de ortografía. Así, si hay que poner tilde al qué, por ejemplo, en una pregunta, la tilde daría a entender, por sí sola, que sería pregunta. Qué quieres, en lugar de, ¿qué quieres? Sin embargo, tuvo que ceder, por eso de la convención, porque las personas, en su mayoría, no están acostumbradas a lo no convencional. Mejor dicho, tendrían que pasar varias generaciones completas y enseñarle a las nuevas, y así en sucesiva. En realidad, era mejor ceder. Bien, no para todo, no con todo, no con ella misma. 

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