UN POEMITA

No tengo computador. Cosa grave en estas épocas de apego a esos bichos. Debe ser por eso que tengo un hueco en el estómago. Lo que sí sé es que hemos mejorado. En otros tiempos me daba taquicardia. Será esas cosas de crecer. Aunque el vacío puede ser, o compartirse mejor, por una pregunta tormentosa que me da vueltas: ¿por qué no me vio? y no me ve, todavía. En fin. Hoy hace cinco años, que es muchísimo tiempo, y no lo siento tanto, se murió mi abuela. Se le extraña porque por estos días he comprobado que era de las pocas cosas vivas que hacía lazo con Eduardo.

Y como voy de afán, porque andar en computador prestado es difícil, y me trasladé al papel por estos días, les dejo este poemita que me encontré y me gustó. Hoy tengo exceso de confianza. Ustedes dirán.

Respiro
con el aire
que te sobra.
Ese que sale
después de un plon
de cigarro
de marihuana.
Cada noche
es lo mismo.
La siguiente
y la que viene.
Respiro
con el aire
maldito,
de tu falta
de cordura.

INVIERNO

Afuera el cielo se cae y golpea duro contra el suelo. Se forman ríos de agua que alcanzan la altura de los andenes y se pegan con las llantas de los carros, que algún dueño, por no derretirse con el cielo que cae, dejó mal parqueado en la calle al frente de su casa. El cielo también se deja ver y luego, se deja escuchar en un estruendo que pareciese fuese a acabar con la tierra. Piensa en cuando estaba pequeña y solía decir, en repeticiones constantes, Dios está tomando fotos, de seguro. Está un poco enojada, a decir verdad. Los sábados, los últimos sábados, siempre está lloviendo. El sexto día tiene algo especial: a alguien, algún día, se le ocurrió designarlo para la noche y darle abrazos a los amigos más queridos, beso al novio o a la novia según el género y la sexualidad, embarrarla de cuando en vez, bailar un poco, conversar otro más, tomarse unos vodkas y en fin. Está enojada. Es sábado, tenía intenciones de verle,  y el cielo se cae encima de su casa.

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ESOS OBJETOS QUE SE LLAMAN LIBROS

Los libros, siempre, los había pensado como letras, como contenido, como unos objetos, sí, pero valiosos por eso que llevan dentro. Luego me encontre a Carlos y a Cielo, y fue como chocarme contra, la pared, por decir algo. En los libros, el objeto también vale, y es maravillo, mágicamente maravilloso.

Este es un artículo que escribí para GENERACIÓN. Está en la página 12 y 13. Los invito a que se den la pasadita, aunque prometo tenerlo pegado aquí pronto.

Abrazo!

ENTRAR A GENERACIÓN

INCLUSIÓN

Incluirse en su vida, como una forma de hacer que sean uno solo, y no dos, de tal manera que el amor del uno, alcance para cobijar al otro, y viceversa. Así, que ella no lo quiera no importará más. Lo de él alcanzará para cubrir la cuota sentimental necesaria para sobrevivir para el resto de las vidas, suponiendo, que no hay abogados que quieran separlos, ni desamor suficiente para repartirse las almohadas. Incluirse en su vida, para poder hacerle el amor cuando se le ocurra, cuando tenga ganas, cuando haya mucho que hacer, cuando los dos quieran ponerse uno al lado del otro, con un libro en la mano, con la cara en paralelo al techo, tratando de leer, pero pensando en acercarse, robar un beso y continuar. Y sobre todo, incluirse en su vida, para que le quiera mucho, y no le duela más, que su mirada, no esté, aunque fuese, en medio de su entrepierna.

Inspiración: El blog de Eliette, una amiga de Letras.  Una frase: de una tarde de lectura con un buen amigo. Y el amor: del aire.

GUERRA

Hay dos cosas que creo que, cuando pensaron en hacerme, leáse Dios o el encargado de poner en el molde los ingredientes, se les olvidó. Una, la capacidad y la voz de ser una cantante de rock, y por el contrario, me hicieron con ínfulas, solo ínfulas, de poeta. Dos, un espíritu aventurero e intrépido, tanto, que fuese una periodista de guerra, y por el contrario, me hicieron con un amor a la cultura, a la literatura y a la crónica, no guerrerista. No obstante, lejos de la guerra, le puedo querer un poco, en un sentido irónico, casi como a la muerte, pero sobre todo, le puedo pensar muchísimo.

La guerra, aunque duela, fue un invento, en algunas ocasiones, necesario. Con ella, se crearon países, por ejemplo, o se obligó al mundo a cambiar, a avanzar un poco. También fue la manera que se encontró para adueñarse de territorios o de tumbar del poder a algún dictador. La primera guerra mundial le sirvió a Colombia para industrializarse, porque por primera vez, se vio libre de mercado extranjero, especialmente inglés. Y que con ella se hayan conseguido cosas interesantes, no significa que haya sido la mejor manera de lograrlo. La cosa es que no estar dentro de ellas, es decir, ni en el tiempo, ni en el espacio, se hace más fácil comprenderlas. Elemento circunstancial, por decirlo de alguna manera. 

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VULNERABILIDAD

Todos los días, son días perfectos para morir. La muerte, por lo general, está en todas partes, encima del mundo. Por eso se vuelve común no pensar en ella, ni hablar de ella, y olvidarse de ella. Cuestión de costumbre. Está tan cerca, que no se mira. Luego, es inevitable, y ha de llegar, y entonces, para qué perturbase con ella.

Hay días, en que es inevitable. Vulnerables a la muerte, inevitables a ella. A veces, es difícil no pensarla. Difícil imaginarse el mundo con todos, pero sin uno. Mirar a todos, y saber, que en algún momento,también seremos recuerdo, y después, cuando no haya nadie que nos piense, nada. Atrás quedarán los besos, los bailes, las cogidas de mano, el trabajo, las lágrimas y en fin. Es también cosa de imaginarse con más años, en una vida, que posiblemente, ahora parece de viejos, de abuelos, de papá y nunca, plausible para sí mismo.

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PUERTAS ABIERTAS

Ella extraña esa época, cuando se podía dejar la puerta abierta, y a nadie se le ocurría entrar. Es más, si se le ocurría, primero tocaba. Tres golpes secos a la puerta y luego alguien, casi dormido, que se asomaba, y por allá, desde lejos, decía, ¿quién? ¡Ahhh, sí es Margarita, seguíte! Buenas épocas, diría su abuela, y eso que su abuela, no sabía lo de la puerta.

Extraña esa época, en la que Martín se asomaba a la puerta y quedaba en contraluz, por lo que parecía un fantasma. Era algo así como si Martín se hubiese quedado en casa, y a la casa de ella, solo llegara la sombra. Sabía que él, en cualquier momento, aparecía con su sombrero encintado, como el de Rin Rin Renacuajo. Le dejaba el lado derecho de la cama y le daba la espalda. Él, caminaba pausado, sigiloso, seguro. Una sombra ‘pinchada’, dirían por ahí. Se sabía la distancia exacta desde la puerta a la puerta de ella, en ese gran corredor de paredes blanqueadas. Entraba a ciegas, por eso del sol.

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LAS CUADRILLAS EN EL CARNAVAL

ARTÍCULO PARA EL COLOMBIANO

Con muchos colores, lentejuelas, tocados grandes, armazones, escarcha, plumas, y demás, y una emoción que permitía bailar sin parar, las cuadrillas se pasearon este domingo por las calles de Riosucio, Caldas, que celebra desde el pasado viernes, su Carnaval.

Ellas son el elemento más importante de la fiesta, junto con el Diablo. Una agrupación de personas, organizadas alrededor de un tema, hace una representación y entrega un mensaje cantado, con el que se enjuicia el mundo.

Este año, 27 cuadrillas se presentaron ante el Diablo, los riosuceños y los muchos foráneos que les aplaudieron, bailaron y cantaron con ellas.

Después del desfile, cada grupo visita las diferentes casas cuadrilleras, en esta ocasión 25, para cantar y mostrar el trabajo que hicieron durante un largo tiempo.

Hombres que se convirtieron en otros a través del disfraz, se vieron caminar por las dos plazas de Riosucio, desde las once de la mañana, hasta casi la media noche. Se les vio sonrientes, emocionados y transformados, mientras los espectadores se dejaron cautivar por su magia.

SE ENDIABLÓ RIOSUCIO

Pies chiquitos, grandes, medianos, blancos, negros, morenos, menos morenos. Muchos y, por lo general, moviéndose con un pasito suave y disimulado, al ritmo de la música de alguna chirimía. Y desde allí, la gente que espera ansiosa, que se mueve de los andenes y se toma un poco de la calle, solo para encontrarse por adelantado con su majestad el Diablo del Carnaval. 

Es sábado en la noche, día en que por fin, el Diablo, después de recorrer las calles de Riosucio, su pueblo amado, se toma las riendas de la fiesta. Él, se mueve lento,  saluda, se deja tomar fotos, echa fuego por la boca y va acompañado de una corte de hombres con tridente, caravanas, disfraces sueltos y otros diablitos, diablillos o diablotes. Ellos, las personas, incluso con la boca abierta, algunos con lágrimas en los ojos, le dan la bienvenida. Por fin, el Diablo anda entre ellos, con ellos, y tal vez, para ellos.

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