LLUVIA

Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deséandole con ansias casi sexuales. Y hoy, cuando debería salir el sol, las nubes aparecen y se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna, altamente desesperante. Me quejo por mirar a la ventana, por mirar al frente, por estar en esta silla. Me duele que además, la lluvia se parezca un poco al corazón que sigue apachurrado, constreñido y quien sabe qué más. La cosa es que su nombre golpea fuerte en la cabeza, como un gran aguacero donde las nubes se dejan caer completas, sin afán, con una parsimonia casi eterna. Me pregunto hasta cuando el de rojo seguirá con las estupideces de seguir ahí, como un disco rayado que nadie cambia. Por ahora estoy enojada con Cupido y con él, también. Tantas veces escribiéndole a la lluvia, amándole incluso, deseándole con ansias casi sexuales. Debería escampar ipso facto, y yo escapar, por demás. Sería menos doloroso.

HISTERIA

¡Sos una completa tortuga! Dos, si querés. Miles de tortugas si se te da la gana. Y ahora no vengás a preguntar que si estoy enojada, porque no, no estoy enojada. Ni te lo creas. Esta y las próximas veces no vas a ganar, ¿entendiste? Una completa tortuga jamás le ganaría a una mujer que tiene los pelos de punta.

1,2,3

Recordando cosas que escribí ya hace muchos días

INFIERNO

El calor es sólo un invento pasajero. La gente tarde o temprano va a venir, porque nadie se salva. Todos tienen algo que esconder. Los pecados se delatan sin preguntarles. Van llegando, aún sin llamarlos. Los castigos los inventan las conciencias. El infierno, al fin y al cabo, es la memoria, que hace de las suyas.


SIN ATAÚD

A veces cometo el error de escribir y pensar en el que lee. No. Perdónenme. Me interesan ustedes, pero mucho menos de lo que me interesa quedarme vacía, sin nada. Escribo por una necesidad, a veces absurda. Escribo para que cuando me lea, sienta una y otra vez, que estoy ahí. Escribo para mí, para que cuando me lea, las palabras sean tan ajenas, que no quiera corregir. Y escribo, porque me da la gana. Mejor, sólo porque puedo descubrir tantas cosas, como nada. Mejor, sólo porque puedo usar tantas letras, sin necesidad de pegarle a alguien. Entonces parezco libre. Entonces he muerto tantas veces, sin encerrarme en un ataud.

HORMIGAS

Todas suben en un muro interminable, y suben en una fila interminable, que no se mueve, que no camina, que cambia hormiga tras hormiga, como si se reemplazaran al instante. Y van y siguen yendo, y luego desaparecen, como magia, debe ser magia, tiene que ser magia. El muro interminable las desaparece.

MUERTE

Y ella dijo que se quería morir. Luego suspiró…

ENOJO

Los ojos los tiene secos. Lleva varios minutos con la cabeza en otro lado, como cuando los pies se alejan del suelo. Trata de no pestañear, de no moverse. Está frente del ventilador, esperando que el aire se choque contra su cerebro y le saque todo eso que no la deja dormir.

Odia que sea tan rara como el dicho ese que incluye un perro a cuadros. Odia además que algunos personajes, estúpidos e inútiles por demás, se le metan en su cabeza. Y odia no saber qué tiene, qué hay por ahí en el de rojo en un idioma no comprensible para sí misma.

El momento es extraño. Ha estado despierta y dormida en una conexión increiblemente cercana. No lo sabe, pero se ha inventado la mitad de lo que cree que ha pasado y viceversa. El fútbol estuvo siempre en la pantalla del televisor y creyó que, como es costumbre ya, su equipo había perdido. Ahora escribe frases inconexas.

Varias veces le ha preguntado a la vida para qué y en las mismas veces la vida se ha quedado callada. Las otras, le ha preguntado a su papá cuando piensa cumplirle la promesa aquella de volver a aparecerse en sus sueños. Las otras mismas su papá se ha quedado callado. Y no es que no le deje ser muerto, pero como tal, incluso, supone que debe cumplir las promesas.

De entierros, varios nombres a la basura. Incluye varias J, unas cuántas C y alguna que otra H. Luego se conmueve. Está enojada y eso es contraproducente para pensar.

Un correo menos hay hoy en la maraña de correos de internet. Le gustaría hacer lo mismo con el Facebook, pero la adicción está muy profunda. Debería existir una sociedad anónima de adictos a él. Está enojada con ella misma, con la bulla que hace la gente, con los que se hacen los tontos, los que no quieren ver y los que se atraviesan la calle sin mirar si viene carro. Está enojada por estar enojada, porque no llueve y porque aún cuando la oscuridad ya llegó y los ojos le pesan, no le da la gana de dormir. Está enojada porque todo se resume en cuatro letras y parezca escribiendo un post en esa página rosada, de un diario de niñas, que tiene seguro y una barbie en la carátula.

Está enojada porque sí. Punto final.

NO ADMISIBLE

No quiero escribir más de amor, ni de desamor. Solo que a veces, no sé. Aparece y ya. Ni siquiera porque tenga algo que ver con alguno de los dos. Sin embargo, esté no lo escribí, no ahora. Me lo encontré de hace tiempo y lo quise desempolvar. Fue para un invento interesante y creo que funcional, por lo menos para el corazón. Por eso, encontrarlo fue un acto interesante, incluso de fe. Se los dejo. Tal vez no piensen lo mismo, pero ahí está.

Cada espacio que queda desde tu entrepierna, al lado derecho de la cama, y la mía, al otro lado, es un golpe bajo al de rojo. Luego viene el abrazo y duele más. El final es peor. Te vas y mi cabeza lanza un suspiro. Cuando no estás puedo volver a pensarte. Puedo imaginarte de nuevo, inventarte otro poco y, sobre todo, dejar de fingir. El de rojo no ha entendido y la cabeza ya perdió la pelea. Por eso, suspira. Si me enamoré de ti no hay culpa posible. Te encargas de recordarlo con cada movimiento. Creo que es solo un capricho. Cuestión de costumbre: no tenerte es una pérdida más, inadmisible. Ni siquiera hay un recuerdo. No admisible por tres.

A Cupido le he rogado de rodillas. Contigo no funciona.

CUANDO LOS TAMBORES SUENAN EN LA ESPALDA

Sé que no debería, pero a mí me gustó y por eso, quería compartirlo. Este escrito lo hice y lo publiqué para EL COLOMBIANO. Es sobre un grupo de Israel muy chévere. Y como me gustó, aquí se los dejo. Ahí perdonan!

Los fantasmas sí existen. Tienen luces, pueden aparecer varias veces y se mueven al ritmo de la música. Todo está oscuro.

Fantasmas vestidos de negro, con pies y con manos, que bailan, que hacen piruetas y que en lugar de asustar causan risa o algún “¡sin palabras!”, de una mujer que se acerca al oído de un hombre, habla bajo y no despega los ojos del frente.

Fantasmas al estilo de Mayumaná. Esa es una de las impresiones. Más allá, todo un juego de luces y movimiento, de golpes en el cuerpo y en objetos, de gritos, de teatro, de humor, de diez actores que juegan en el escenario.

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ADÁN Y EVA

… (Suspiro) … Porque no haya existido para Adán y Eva, no significa que no pueda existir para nosotros … (Suspiro)… que más da, en esta vida, todo puede inventarse, y hasta dos veces.

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LADRÓN

No lo hiciste, es cierto, pero ya era tarde. El miedo vino con él, y no se iría, aunque no fuera nada, aunque no me hubiese hecho nada, aunque no me hubiera dado cuenta. No fueron los papeles, ni los objetos, ni nada. Fue la confianza. Esa misma que es apática al tiempo corto, que vuelve después de años. Ahora es la paranoia. El caos. Todos me siguen. Todos me miran. Todos vienen por mis papeles. Las calles ya no son las mismas. Ni serán las mismas. Ahora son miedo, más que miedo.

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ÁLBUM FOTOGRÁFICO

Iba a dibujar su sonrisa en aquella hoja amarilla. Iba a usar un lapicero de tinta indeleble. Iba a trazar unas cuantas obsesiones. Iba a escribir la forma para olvidar su piel, rozando mi piel. Incluyendo los pelos de gallina. Iba a decir que hubo algo, algún día. Iba, iba, eso iba hacer. En ese momento. Justo antes de apagar la luz. Y la oscuridad llegó antes. Fueron pocos días. Los otros, físico invento. Ya no importa. Voy a dibujar los recuerdos. El pasado está escrito, y hay que dejarlo ahí, en el álbum de fotografías de la memoria.

OLVIDO

A veces no es necesario tanto tiempo, ni tantas esperas. No es necesario ni siquiera forzar los pensamientos, para que no le piensen, para que no le olviden. A veces, el olvido llega y se repite, muchas veces. Todo se va. Hasta lo bonito. Sólo hace falta una única cosa que se odie, que duela, que reproche los errores y la equivocación. Una única cosa que haya hecho, que sea tonta, que permita dudar de todo.

Cómo duele que haya pasado por la vida, que se le haya creído, que todo fuese una mentira, una idiotez. Bien, no hay que arrepentirse. Igual, a veces no es necesario tanto tiempo. El corazón sabe cuando olvidar. A veces, el olvido puede repetirse, miles de veces. Ha de repetirse, y volverse a repetir, porque el amor y el odio son la misma cosa, el mismo sentimiento, pero al contrario. Se puede olvidar cuantas veces se quiera. Basta una única cosa, que lo cubra todo. Cuántos olvidos se paran frente a todos los recuerdos. No se sabe. El olvido existe. Hasta para lo bonito.

BARRIENDO

Odia saber que otros ya escribieron eso que a ella le hubiese gustado escribir. Esas dos palabras que cuando lee, se parecen a ella. Física envidia, diría. Envidia pura y a secas, porque la buena no existe. La mala es siempre. Odia además que haya una cucaracha encima de su cama, pegada a la pared, destrozada. Un cadáver con pocos minutos de serlo. Odia tener sueño y no querer dormir. Cosas aquellas en las que no coincide el cuerpo y la cabeza. Odia tantos odios y hablar tanto del amor, si no existe. Odia dar tantos consejos que no puede seguir, que se quedan en palabras, y que por tanto, el viento se los lleva. Odia pasar tantas horas frente al computador. Odia odiarle y odiarse tanto. Odia que no haya películas interesantes en el televisor y que todavía haya gente despierta. Odia cuando ella duerme mientras otros tienen los ojos y viceversa.

Después de varios odios, no queda más que volver a empezar. Hay suficiente espacio para rayar.