GUERRA

Hay dos cosas que creo que, cuando pensaron en hacerme, leáse Dios o el encargado de poner en el molde los ingredientes, se les olvidó. Una, la capacidad y la voz de ser una cantante de rock, y por el contrario, me hicieron con ínfulas, solo ínfulas, de poeta. Dos, un espíritu aventurero e intrépido, tanto, que fuese una periodista de guerra, y por el contrario, me hicieron con un amor a la cultura, a la literatura y a la crónica, no guerrerista. No obstante, lejos de la guerra, le puedo querer un poco, en un sentido irónico, casi como a la muerte, pero sobre todo, le puedo pensar muchísimo.

La guerra, aunque duela, fue un invento, en algunas ocasiones, necesario. Con ella, se crearon países, por ejemplo, o se obligó al mundo a cambiar, a avanzar un poco. También fue la manera que se encontró para adueñarse de territorios o de tumbar del poder a algún dictador. La primera guerra mundial le sirvió a Colombia para industrializarse, porque por primera vez, se vio libre de mercado extranjero, especialmente inglés. Y que con ella se hayan conseguido cosas interesantes, no significa que haya sido la mejor manera de lograrlo. La cosa es que no estar dentro de ellas, es decir, ni en el tiempo, ni en el espacio, se hace más fácil comprenderlas. Elemento circunstancial, por decirlo de alguna manera. 

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