DE NEGRO

Ni una palabra.
Solo un recuerdo 
desenfocadamente triste.

.-,–.

Sus zapatos 
Fueron los últimos 
Que se quisieron ir.
No miró hacia atrás.
Ni un último beso.
Ni un último respiro.
Sus zapatos dorados
Tropezaron en la esquina.
El derecho quedó ahí,
como la zapatilla perdida
de La Cenicienta.
Sus zapatos 
Fueron los últimos,
y lo único
que le quedó de ella.
El aire de esa noche, y de las siguientes,
Fue más triste que de costumbre,
Más lúgubre que cualquier noche,
sobre todo en ese momento,
que toma el tacón dorado,
y lo estruja sobre su pie. 

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RECORDANDO

A veces los recuerdos llegan y causan dos cosas. Una, sonrisas por mil. Dos, una nostalgia grandísima.

Cuando estaba pequeña, dígase la mitad de la edad que tengo, descubrí, en ese entonces es común descubrir cosas en el mundo que ahora parecen obvias, que mi nombre, completo, tenía nueve sílabas. Nueve sílabas.  Tres por el nombre, tres por el apellido, tres por el otro apellido. Y en esas cosas de un amigo poeta, amigo por herencia de la mamá y el papá, a él, se le ocurrió un poema, que a mí, todavía, me parece bonito, mágico. Creo recordarlo en su totalidad. Se los comparto.

En estas nueva sílabas
que comprenden la historia
de mi breve edad

No han habido ni moros
ni cristianos,
solo Restrepos de los de aquí,
y Quinteros de los de allá.

Y entre unos y otros,
el puente cruzado de la vida,
y todos los caminos
que conducen al amor.

Solo nueve sílabas
y una historia por empezar,
que siendo breve,
viene desde siglos.

Solo nueve sílabas.

Aníbal Alzate Chica