UN GOLPE DEL TIEMPO

A veces el tiempo se pasa despacio. Despacísimo, como si el reloj estuviera en la oreja diciendo tic… tac… tic… tac……tac…tic… tac…tic……tic y etcétera. Así sucesivamente y mucho rato, que uno no sabe qué hacer, qué más inventarse. El tiempo es cruel cuando uno tiene una preocupación importante, cuando el de rojo (qué sí existe) está compungido y a la cabeza no le queda más remedio que darle un abrazo y sentarse a llorar con él. El tiempo pasa despacísimo cuando uno quiere hablar con alguien y decirle que los tres minutos esos de la noche anterior, quisiera darles suprimir, y que se vengan todos los que faltan por sonreír juntos.

El tiempo tienen un vicio feo. Lo que hace feliz, lo hace corto, rapidísimo, en dos pestañeadas. En fin.

ESA QUE VIENE SIN AVISAR

Es altamente maleducada. Entra a zancadas, sin tomarse la molestia de tocar la puerta o de enviar un mensaje de texto. Solo llega y hala un poco y se va muy acompañada, quizá con una sonrisa de misión cumplida. No dice adiós. Se va y no más, dejando el corazón abierto y con un recuerdo, casi siempre doloroso, para toda la vida. Bueno, hasta cuando llega, porque a todos nos llega, y entra a zancadas, sin tomarse la molestia de tocar mi puerta. Llega, me hala un poco y se va conmigo. Tal vez en ese momento me hable, mientras miro, eso espero, el corazón abierto y con un recuerdo doloroso de esos que dicen que sí tienen en el de rojo, un lugar destinado para mí.

De todo, queda ese sueño de encontrarse con los que más se quiere, como Eduardo, diría Mónica.

Por fortuna, es altamente maleducada.

ESO DE LAS ABUELAS

Cuando uno está pequeño las abuelas no son tan viejas o no tienen tantos años. Después de hacer unas cuantas cuentas, y valga la rima, cuando yo nací mi abuela tenía unos 58 . No estaba vieja. Entonces, cuando te descubres con unos veinte años comprendes que la abuela tiene unos veinte de más y que se acerca a ese inevitable. Sabes que estás grande no sólo porque los sobrinos que viste nacer ya tienen ocho, sino además porque tu abuela está cada vez más arrugada, más temblereque, más pequeña -ahora incluso eres más grande que la abuela, cuando pequeño soñabas con alcanzarla y la veías gigante-, más canosa, más resabiada, más bonita. Sin embargo, sobre todo te das cuenta que estás grande cuando las abuelas de tus amigos empiezan a morir y cuando tus abuelas empiezan a morir.

Eso de comprender que la gente se muere no es difícil. Lo difícil es saber que tu gente se muere, que tu abuela se va a morir. Y entonces te preguntas, ¿quién quiere que su abuela se muera? Yo no, la abuela es la abuela. ¿Quién te consiente cómo la abuela? Nadie te consiente como la abuela. La abuela te sigue los caprichos, te hace arepa, te hace queso, te compra chocolates. La abuela tiene la sopa perfecta. Los frijoles de la abuela no los hace nadie, ni saben igual. La abuela siempre está rezando por ti, aunque seas ateo. La abuela, eso de las abuelas duele sustancialmente. Continuar leyendo