La brisa de Río de Janeiro

El cielo no parecía de Río de Janeiro. Estaba tan gris, y tan triste, que no tenía nada que ver con la alegría que por estos días sienten los cariocas por eso de los Juegos Olímpicos del 2016 y la Copa del Mundo del 2014.

“Llevamos tres días acá y no ha parado de llover”, me dijo sin preguntarle, en su acento argentino, una turista. Luego se bajó del ascensor.

La neblina era espesa y en esas condiciones, al Corcovado solo se le ven los pies. Un sitio menos para visitar, de esos infaltables, según coinciden muchos cariocas, como Ronaldo Aguiar: “No puedes dejar de visitar el Cristo Redentor, es un símbolo de la ciudad. Desde allí puedes ver Río de Janeiro y es una visión bellísima”. Lo dijo en portugués, muy seguro de su recomendación.

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