Tilde

Ni los cuentos ni los poemas llegan cuando uno los está buscando. Llegan y, como me lo dijo el escritor Tomás González, si uno deja ir la idea, no vuelve. Por eso creo que, independientemente de su calidad, muchas ínfulas de poemas se han quedado en la almohada y, la almohada, no quiere hablar.

Aquí uno, que quiso ser poema, pero que sigue siendo borrador (tal vez deje de serlo, después).

Afuera, una tórtola.
Una tórtola de esas chocolates
duerme en la ventana,
en un nido que hizo
para un pichón que todavía es huevo.
Duerme la tórtola
y duerme la sombra de la tórtola,
también.

Adentro está el ventilador
y está ella
y está el llanto de un bebé,
que no duerme todavía
y que no tiene sombra.
No por ahora.

Ella, un cero a la izquierda
que corre como una gallina.
Atrás dejó ese lugar, intacto,
como se suelen quedar los lugares,
cada que alguien vuelve a marchar.

Están las lágrimas.
Y las lágrimas corren dobles:
tienen la sombra
de los muchos retornos.

1 comment

  1. Paulo Cesar Barbatti   •  

    Pero, es un poema y muy lindo, porque lo tengo leído y encontrado algo muy sublime en su profundidad…
    Paulo, desde Petrópolis en Brasil…

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