Carta a un amigo

A una F,

te extraño, sabes. Pensar en la silla en la que solíamos sentarnos a conversar debajo del árbol, siempre a la misma hora, el mismo día, escapados del trabajo (vos del estudio) y de la realidad, porque así era: como si solo fueras vos. Te extraño no porque te quiera, porque qué es el amor. Uno no sabe de esas cosas ciertamente, porque cuando uno piensa que está enamorado, le preguntas al otro y se queda callado y uno se va triste a su casa, con ganas de llorar, pero sin llorar. Y no sabe qué es eso de la mitad, porque el amor es una cosa que nos han enseñado de otra manera. Supongo que te quise, pero no supe qué era. En cambio todavía sé que extraño sentarme a tu lado a que conversemos de cualquier cosa, importante o no, pero dejando al tiempo pasar por encima, descubriendo que vivir puede ser solo eso: estar ahí. Extraño escucharte, que te rías conmigo, que me digas que debería irme de ahí, o mejor cómo quedarme sin que me doliera. Tal vez vos tampoco sabrías cómo, pero sentados en esa silla, bajo ese árbol, sin afán, hubiéramos descubierto qué hacer.

Tal vez uno no sabe distinguir entre el amor de los amigos y ese otro amor, y ahí nos perdimos. Esta sociedad no está hecha para parejas con amigos, porque nos morimos de los celos. Claro. Tan difícil. Hasta yo misma no sé qué hubiera hecho si hubiera sido ella y no yo. A veces supongo que se notaba mucho que ahí había más de ese otro amor, que cualquier otro. Aunque primero hubiéramos sido amigos. Y el amor pasa, sabes, pero los amigos no. Si vos me salvaste cuando estaba lejos, cuando fui tan feliz y al mismo tiempo me estaba encontrando, en ese proceso tan doloroso de descubrir tantos miedos que no te han dejado ser. Tantas cosas que nos has resuelto con tu pasado. Tantos silencios que no te han acompañado. Tantas M que fuiste solo porque los otros eran felices. Y vos estabas ahí, escribiendo y leyendo, como si eso fuera lo único que yo necesitara para volver sabiendo que allá, tan lejos, se había quedado alguien y había regresado un pedacito, más alguien más. Vos eras parte de ese alguien más.

Y por eso quizá he vuelto a extrañarte tanto, a pesar de pensar que eras ya uno de esos amigos muertos. Porque sin haberme ido a ninguna parte, otra vez estoy volviendo a mirar esos miedos, esas cosas que no he resuelto con el pasado, esos silencios. Esa C que no escribe porque no puede, o porque no quiere, qué se yo, esa M que se enamora aunque no entienda, aunque a veces le duela, aunque las A sean tan difíciles de querer. Porque parece que he olvidado tantas cosas, o porque quizá necesitaré aprender otras otra vez. Porque el camino no siempre es tan recto como uno quiere para poder manejar rápido y cantar sin volumen.

Qué será de vos. A veces me pregunto si serás feliz, vos y yo que aprendimos que la felicidad es solo esa cosa que explota de pronto y se va. Si habrás crecido, si tendrás de nuevo el pelo largo o te lo habrás cortado. Si estarás flaco todavía. Si habrás aprendido a comer más.

Porque uno empieza a entender qué es eso de que la vida sigue sin alguien, pero a veces uno necesita ese correo electrónico que llega, para que le diga que un buñuelo hizo que alguien pensara en vos y te recuerde que la vida es eso: los pequeños recuerdos. Las cosas pequeñas que te hacen reír. Eso fuiste, y eso es lo que extraño. Supongo.

C.

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