UNA COMPLETA MIERDA

Aquí viene la otra parte, la de Mauricio Restrepo. Él es un gran amigo, letroso por supuesto. Este capítulo, escrito por los dos, pero en historias diferentes, tiene, independiente, el estilo propio. Fue interesante su construcción, en tanto los diálogos los pensamos juntos, es más, hubo que transformarse juntos en el personaje, y escribir, vía messenger, cada diálogo. Es la misma historia, pero del otro lado del río, por decirlo de una manera cliché. Sin embargo, Mauro tiene su reglas. Solo lo podía montar acá, en PDF. Señores, los dejo con Franco y Camila. Lo que si quiero es que quienes no han leído a Camila, la lean también. Lo interesante es las dos miradas. Ah! a Mauro le pasa lo mismo: ya muchas cosas no nos gustan. Sin embargo, creo que el libro fue algo interesante. Una experiencia bien interesante.

Para contextualizarse: Este es un capítulo de Todo amor termina en el Centro, de mi personaje, Camila Collazos. Fíjese bien, no Camila Avril. No. Camila Collazos. No es el original del libro, es decir, editado por los demás letrosos. Aparece Franco, y es la historia de esta vez, es decir, Franco Acasuso entra en escena, a contarles su historia y su versión de los hechos.  Espero puedan decir algo.

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Una completa mierda

Franco Acasuso llegó poco antes de las seis. Recordó que no había energía cuando  llevaba casi diez minutos esperando el ascensor. Forzado a subir por las escaleras, se arrastraba lentamente junto con la pereza de un domingo extrañamente lleno de ocupaciones, mientras veía todos los timbres de las puertas -incluido el suyo-  pegados con cinta. Era tal vez –pensó- un arranque más de ese peculiar entusiasmo asociado a la exasperante amabilidad propia del típico vecino que nunca nos queremos encontrar.

En la oscuridad, Franco buscaba la llave correcta. Forcejeando la cerradura falló con la primera. Probó con varias más, y luego de no lograrlo se recostó, rendido, en el marco de la puerta. Suspiró. Pensaba en el preciso instante en que llegaría la electricidad: el preludio de una noche de vecinos extravagantes, ridículos. Los imaginaba a todos felices y dichosos, con sus aparatos prendidos; saldrían a los corredores a conversar sobre las novelas que no pudieron ver o sobre cualquier otra idiotez que el eco haría reverberar hasta alcanzar las paredes de su pobre apartamento. Cada conversación se sobrepondría a otra formando un collage insoportable que acabaría con todas sus defensas, terminando al final, quizá, a unos pasos, sentado en las escaleras escuchando y respondiendo con monosílabas a Rafael, el solitario anciano del edificio que siempre venía a buscarlo en los momentos más impropios (“Pero… ¿Cómo negarse?”, se decía).

Leer a Franco Acasuso en PDF: Una completa mierda

Leer versión de Camila en PDF (Léase los dos anteriores post, pero en un solo vínculo):  
Camila, Camila ¿dónde andarás a estas alturas de la noche?

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