UNA RAZÓN PARA DEMERITAR

Cede, casi al final, pero termina cediendo, al fin y al cabo, con una razón lo suficientemente fuerte, bueno, no tan fuerte. El día que dijo que tenía ganas de no volver a usar comillas, ni signos de interrogación, que porque eran feos, pelió con todo el que trató de llevarle la contraria, tanto que ellos se olvidaron del asunto, y la dejaron seguir. No era difícil, o eso dijo, solo cuestión de ortografía. Así, si hay que poner tilde al qué, por ejemplo, en una pregunta, la tilde daría a entender, por sí sola, que sería pregunta. Qué quieres, en lugar de, ¿qué quieres? Sin embargo, tuvo que ceder, por eso de la convención, porque las personas, en su mayoría, no están acostumbradas a lo no convencional. Mejor dicho, tendrían que pasar varias generaciones completas y enseñarle a las nuevas, y así en sucesiva. En realidad, era mejor ceder. Bien, no para todo, no con todo, no con ella misma. 

Está bien ceder, siempre y cuando, no le afecte su capacidad de seguir encontrando cosas que impliquen ir en contra del mundo, sonreír, escribir un poco, y ceder, solo lo suficiente.

También es cuestión de memoria. Suele olvidársele el principio de las cosas o el fin, o lo que seguía, o la razón necesaria para continuar el debate. A veces solo lo hace por no tener que hablar más, ni pensar más, ni verles la cara más.  La pelirroja tenía, sacando la frase del contexto, lo siguiente: Sólo yo sé cómo se siente olvidar que hay que vivir. Ceder es eso, olvidar que hay que vivir, y después, tener esa sensación de sentir lo que se siente, valga la redundancia, de olvidar que hay que vivir. Solo que a veces está bien olvidarlo, porque seguramente, en uno de esos olvidadizos hechos, alguna cosa funcionará para vivir una vez más, desde cero. No es cuestión de memoria, ni de alzheimer, es cuestión de olvidar por conveniencia, de ceder por conveniencia, muchas veches. No todas.

Duerme con los pies donde se pone la cabeza, y la cabeza, donde se ponen los pies, le dijeron. No, eso no sirve, y se rio, muchísimo. Lleva tres días con la almohada donde se ponen los pies, y la cabeza, encima de la almohada. No ha dicho nada, para disimular. 

.-,..-.–

Uno sueña en el idioma en que habla. Bien, creo que es una equivocación. A veces, los sueños son tan enredados, que parecen escritos en chino, o en español, según el caso.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>