Volver

Vuelves. Ya estás en la cama en la que has pasado los últimos tres años. Te hiciste en tu lado, el izquierdo, y te metiste en la cobija, la que tanto defiendes de la anormalidad. Te has hecho el último café de la noche desafiando al sueño con cafeína. Trajiste al gato. Lo pusiste al lado. No quiso y se fue. El lado derecho de la cama está vacío.

Llevas cuatro días fuera.

Has vuelto a casa. Hace tanto que esta es tu casa, y hace tanto que no te habías puesto a pensar que tu otra casa es menos tu casa cada vez. Aunque siempre que vuelves allá sientes que el tiempo está detenido, que puedes volver a ser vos. Como si la esencia se refrescara en esas paredes, en esa otra cama, en ese sofá, en esa hamaca, en esa cocina, en esa casa, en ese pueblo, en esa mamá, en esas calles, en esos amigos. Incluso en lo simple: el sancocho de la tía los sábados, las arepas hechas a mano de la otra tía los domingos y, de pronto, el dulce de guayaba hecho con las guayabas de la finca que no habías probado desde que se murió la abuela. Piensas en la abuela: la abuela hacía las mejores tortas de pescado seco el Viernes Santo. Hace tanto que no es tu casa de todos los días, pero es tu casa de toda la vida. Tan distinto. ¿A dónde vuelves, entonces? A esa casa o a esta casa.

Llevas cuatro días afuera. Buscas algo. Querías irte.

Volver. Hacia dónde es volver.

1 comment

  1. HUGO DIAZ   •  

    No es mucha la literatura que se percibe en este artículo (ni imágenes ni sensaciones ni impresiones externas)

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