Vos, por ejemplo

Hay días en que vuelves a mi memoria, como si el olvido no hubiera hecho su proceso de borrar tu nombre, tu pelo, tu cara. Ya no me acuerdo qué tan alto eras ni estoy segura de cómo suena tu voz. Cómo sonaba esos días en que éramos cotidianos, vos y yo. Tu nombre siempre de primero en mi cabeza al levantarme. Tu nombre siempre de último al acostarme. Hace tanto que te fuiste, y que nos terminamos yendo los dos. Entonces me parece que te veo detrás de un árbol, y me asusto. Bajo la mirada, corro. Tal vez eras tú. Tal vez no. Ojalá no. Será que ya te olvidaste de mi voz, de mi altura, de mi cara, de mi pelo. Preguntas de cuando vuelves, como un fantasma. De mi nombre. Cuánto nos quisimos, vos y yo, y cuánto no nos quisimos, también vos y yo. Cuánto tiempo nos faltó. El tiempo fue siempre la piedrita, la lluvia, el miedo. Ahí estuvo el tiempo para recordarnos a cada rato la imposibilidad. Siempre la imposibilidad. Éramos un no en potencia

A veces suena esa canción, y yo me acuerdo de que una vez fuimos, en presente. Entonces le digo a la memoria que mejor siga en el olvido. Hay personas que duelen menos en ese lugar en el que ellos mismos se escribieron. Vos, por ejemplo.

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