¡A punta de machete! fui testigo

El primero, reposaba como muerto, como herido, sus músculos no soportaron más el peso de su cuerpo y esperaba tumbado en una banca de cemento.

El segundo, cabilaba en lo inmediatamente realizado. Lo hecho, hecho está. No hay atrás. Su mirada se confundía entre la templanza y la admiración por la dureza del verdugo de metal. Caminaba descalzo mientras revisaba continuamente el temple del machete, machete que había cegado, en otras ocasiones, la vida de pastos maduros.

Yo estaba lejos, con mi cámara y un objetivo prestado de buen alcance. Yo mismo fui testigo, así sobre el “yo mismo” que con “fui testigo” ya va el pronombre. El del machete nunca me vio, esperaba que no me viera. Fui testigo. No podía moverme, no podía perderme la foto.

El primero, dormía una siesta en una mañana de sábado soleado en Amagá. El segundo, no tenía más qué hacer, caminaba inoficioso, vacante, sin más pensamiento que revisar el metal de la herramienta montañera que segundos antes cortó alguna espiga de maleza. Al primero, le tomé la foto de segundo; al segundo, le tomé la foto de primero. Ambos son amigos, son vecinos, simplemente pasaban el rato cada uno. ¿Qué se estaban imaginando pues?

¡Así comienzan los chismes!

1 comment

  1. Dora   •  

    JAJJAJAJA hay Carlos, cuando estaba terminando de leer la nota, ya estaba temblando y con el corazon palpitando fuerte, es como para matarte jajaja. Pero se te perdona porque al final es el resultado de un buen momento y unas muy buenas fotos.Se nota que ya estas recuperado de tu catarro.Cuidate

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>