¡Eavemaría! Es que le sacó los mismos ojos

Así suene discordante, el jesús infante luce un buen afro rubio. Reposa para el retrato con sus particulares ojos interespaciales que connotan su universalidad. Las escarapelas o escapularios definen en él su adelantado marianismo.

Me asombra, hablando en serio, la importancia mariana en nustra cultura, dando mayor tamaño al concepto de maternidad, de la misma María, que de quien debería ser el gran protagonista, Jesús. Debería ser María, quien llevara escapularios que hicieran honor al Mesías nacido ya. Por siglos, la iconografía religiosa ha sido permeada de todo tipo de ungüentos icónicos e ideológicos para dar como resultado a la imaginería convencional de hoy.

La última cena por ejemplo no refleja casi en nada a la verdadera cena histórica, sentados en el piso, en tapetes, comiendo de la mano, sin perspetivas de fondo, sin mesa, sin amplitudes, sin ostentaciones. Es más, los asistentes a la cena, entre ellos mujeres, comían al escondido. Busquen en el evangelio una clave: un hombre cargando agua en horas de la noche.

Imagen religiosa pintada en la parte trasera de un bus escalera en el Barrio Sagrado Corazón de Jesús.

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