¡Vení dame una ‘palomita’!

Palomita: oportunidad de montar en un tipo de transporte móvil ajeno.

Tipos de bicicletas hay muchas: cross, ciclismo, ruta, todoterreno. Las hay de frono de mano, a contrapedal. Las hay con flecos en los manilares, con ruedas auxiliares para los principiantes. Hay con rines de teflón, con radios. ¡Ah! qué tal aquellas con sillín para tres pasajeros con imitación de piel de vaca, con pito de pera, con luz generada por un dínamo. Qué tal las ciclas que usaban los adultos en cuya parrilla trasera ubicaban un sillín adornado con flecos.

Fuere cual fuere, montar en cicla era un placer, y digo era porque, por lo menos yo, llevo años de no sentar mis nalgas en un sillín de bicicleta. En tierras planas es una bondad usarlas, ir como preso hecho libre rodando por toda la ciudad, conociendo los rincones más desapercibidos, transitando zonas prohibidas, llevando alguna pasajera enamorada.

A muchas de ustedes, sus novios las paseaban en cicla, o el doncel llegaba a la visita de ventana en ella, la dejaba parqueada o amarrada con cadena y en la sala, tomados de la mano y vigilados por decenas de ojos, se desarrollaba el sano contubernio. “‘¿Me das una ‘palomita’?”, sugería ella; “Sacá una almohada y montate, pues”, terminaba él.

Imagen tomada en Amagá, TomaTodo 4

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