¿A cómo la chunchurria con arepa?

Ir al Pedrero en  Medellín, hoy Plaza de la “Luz”, era como un castigo por el pantanero al que eran sometidos mis tenis Atomik o quizá los Croydon. El caso es que hoy hablo como un viejo, diciendo… “Vea, a mi me tocó ir al Pedrero a mercar” así, con ese tono arriero que tenemos algunos.

 

Ya luego fue la Plaza Minorista. Museo del color es esta plaza que no cambio por otra. Allí seguía acompañando a mi abuela o a mi madre, para ser el cotero de ellas, con la recompensa de que cuando llegáramos a la zona de carnicerías, una libra chorriante de chunchurria me esperaba trenzada ella, colgada sobre el horizontal, como diría Jorge Eliécer Campuzano.

 

Ahí sí que cargaba el talego, cual loco que roba niños, con una moral más alta, porque en casa me esperaba el sartén que recibiría gustoso, esa libra de chunchurria, y un limón que esperaba llover sobre tal fritanga.

 

Y aunque algunos estremezcan el rostro con pucheros escrupulosos, hay otros que quisieran tan humilde vianda colombiana. Eso con limón y arepita tostada, ¡Hum! – De venta en la Avenida Oriental, en Junín y en la Avenida De Greiff… por la noche.

 

En la imagen: venta de chunchurria, papa criolla, buche, pincho y arepa e chócolo en El Peñol, Departamento de Antioquia. Celebración de los 30 años de la nueva cabecera municipal.

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