¿Cuál es su milagro?

Ahí está el vendedor esperando vender sus velas. Ahí están las velas esperando iluminar su santo. Ahí está el santo sin poder hacer milagro porque no está la vela, encendida, que lo alumbre. Ahí están las botellas a la venta, recicladas, para ser llenadas con agua que espera ser bendita para espantar maleficio, pobreza y enfermedad.

Más allá hay empanadas para los fieles hambrientos que se cansaron de la misa de tres horas; hay servilleta por si salieron empapadas de manteca, hay cajita de icopor por si va a llevar docena para más fieles que esperan por milagro.

Ahí están las velas, que hacen las veces de veladora, es decir, rogadoras, penitentes, que alcahuetean a los perezosos para que oren por ellos, pues, la llama encendida es más fiel y constante que el asistente a misa.

Ahí están las veladoras de diferente tamaño; las hay para peticiones ligeras: empleo, agradecimiento, carro o moto. Las hay para cuestiones más duras: cáncer, novio a los 40, lotería y salida de la cárcel. Ahí están las velas de distinto tamaño pero de igual llama, y la que vale es la llama que es piadosa y equitativa con los penitentes.

¿Cuál es su milagro?

3 comments

  1. José M. Ruiz   •  

    Cuando a un pobre, sobre todo si es pobre de espíritu, se le cierran todas las puertas, siempre encontrará abiertas las de una iglesia. Lo que no sabe el pobre es que ahí la única solución que encontrará, será la de esperar “la vida eterna”. Nada más. Entre tanto, préndale una veladora a su santo preferido a ver si él le sirve de “palanca”, como cualquier politiquero de vereda. Amén…

  2. Alberto Mejía Vélez   •  

    Esto está muy bueno así seguidito…El elemento fuego, al igual que el agua, la tierra y el aire, son los elementos de las cosmologías, esotérica, la alquimia y la astrología; de eso se pegan las personas, para elevar votos al ‘paisano de arriba’. Son tantos los pedidos que no se da abasto ni juntado las once mil vírgenes. Quien ve esas llamitas tan pequeñas y son muchos los desastres causados; eso lo puede contar un amigo, que perdió a su madre, cuando el fuego votivo arropó la cortina y siguió con el vestido.

    Al entrar a un templo en que antes lo había hecho un viejecita, pedía y pedía: “una limosnita Señor, para comprar apartamento en el Poblado, el carro para traspórtanos y no olvides Padre eterno, la finca que tenga piscina; lo del dinero, queda a tú santa potestad. Amén”. Después de todo lo pedido por la señora, no me dejó nada. ¡Acaparadores!

  3. Jairo Carmona Valencia   •  

    Los milagros son otra cosa que se encuentra al orden del día, es tema público. “My president” (en despectivo) y con apellido de santo, quiere el milagro de la paz para nuestro sufrido país. Millones de colombianos, hoy, quieren el milagro del “baloto”. La muchacha de cuerpo ardiente llevada más por sus hormonas que sus neuronas, quiere el milagro de que le “venga aquello” pués ya pasaron más de 35 días y nada. El enfermo en el hospital quiere curarse aunque sea de milagro, pues los doctores no le dan buenas noticias. El empleado sueña con la “generosidad” del patrón para aumentarle su sueldo. Aguas milagrosas en botellas de diferentes tamaños y colores; velas de igual especie; reliquias de santos o personas que en vida hayan sido muy creyentes; oraciones milagrosas y especiales para cada ocasión; rituales, conjuros, cada uno con su parafernalia de hora, punto y misterio; personas que se dicen imbuidas de un “don” especial concedido por seres “superiores”. Todo ello y mucho más, forma parte del abanico de oportunidades (o portafolio de inversiones) que se le ofrecen al incauto que desee un milagro, eso sí, mientras tenga en el bolsillo con qué comprarlo. Para concluir desde mi incrédula mirada, no he conocido sino uno que podría llamar como tal: Y es El Milagro de la Existencia es el único que merece todos mis respetos, los otros son jaula para atrapar “inocentes” (leáse, ignorantes).

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