¿Fervores infantiles?

Mientras la cabeza, mente o consciencia de la madre está puesta en las esperanzas de un sartal de peticiones, los infantes recuerdan el último juego de calle antes de la visita al santuario. Los niños están en algún escondidijo o cargando alguna muñeca o chocando algún carrito; aunque su cuerpo, bajo esa cachirula, esté presente en un ambiente extremadamente cargado de necesidad.

Los niños no tienen petición porque lo tienen todo: sonrisa, alegría, vida, ojos, boca y nariz; pero a su alrededor, hay una muchedumbre que teme que la muerte venga y los encuentre con pecado. Todos oran, todos rezan y mientras las oraciones adultas piden plata, dinero, moneda corriente; salud, ausencia de maleficio y conversión; santificación para que la muerte se les presente preparados; mientras la oración adulta es un pliego de peticiones, la oración infantil quizás sea: “Virgencita, que mi mamá no sea tan brava y que mi papá no me pegue tan duro”.

2 comments

  1. José M. Ruiz   •  

    El primer paso es hacerte sentir culpable. De cualquier tontería, pero culpable. Y magnificar la tontería es el siguiente paso. Ya ahí el camino queda expedito para que ayudes a pedir, en coro de borregos, el pienso de cada día., mientras también imploras perdón por algo de lo que ni tienes consciencia. El pastor llevará tus solicitudes al dueño de vidas y haciendas e intercederá por ti. El trámite es lento. A vuelta de mensaje te llega la promesa de la salvación para la vida eterna, pero por un mientras tanto muy, muy largo, debes ayudar a sostener la oficina de mensajería. Cuando llegue tu hora, serás salvado del fuego eterno y gozarás de la rumba junto al patrón.

  2. jairo carmona valencia   •  

    En toda religión organizada, a los niños se les educa mediante el temor y a los ancianos se les plantea otra estrategia: La esperanza. Una y otra dan resultados; cuándo niños se nos inculca todo tipo de temores, de pecados no cometidos, nuestra mente vuela hacia las respuestas y un muro de granito es el silencio de nuestros “mayores”. Ellos no hacen otra cosa que inculcarnos la mente cuadriculada que a ellos cuando niños les aplicaron, mediante un libro que los hombres llaman sagrado. Siempre me he preguntado ¿Será que ninguno de quienes predican, no incurriran en uno de esos tenebrosos 7 pecados capitales? Y a la ilusión también le apuestan cuando aseguran que con “indulgencias plenarias” tienen asegurada (los más pudientes) su paso a la vida eterna. Definitivamente: Me quedo con el olor del incienso y la filigrana de las cachirulas.

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