¿Será por eso que para el fútbol fui tan malo?

Engolosinado con ella, descubrió el hombre la rueda y desde entonces no cesa el golpeteo de la misma, al suelo, pared y techo.

Desconociendo el origen de semejante descubrimiento, los infantes hacen rebotar sus cargas de emoción en estas bolas de caucho.

Evitando que un brinco terminara su inercia en algún tejado, subiose el párvulo, previo permiso de la doña,  a recuperar a la brincona.

Son pelotas de dulce encanto, que doña Marlene, madre mía prohibiome, pues cefalea le daba de vez en cuando y el joven acá frustrado.

¿Será por eso que para el fútbol fui tan malo?

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