Dulces que me llevan al pasado

Nunca fui muy amante a los dulces. De niño incluso, pedía confites el día de los disfraces y se los regalaba a una anciana que tenía una caseta de ventas (Chaza) callejera, solo me quedaba con los Supercoco no más. Recuerdo de todas maneras ciertos detalles que me hacen esbozar una sonrisa:

  • Los chicles Globo, que destilaban rojo y sabor en grandes cantidades
  • Los pequeños cuentos del Chavo del 8 que venían en Yupi
  • Las bolitas de chicle que mi abuela me prohibía que porque daban caries
  • El cofio que hacía al escondido en mi casa por las tardes
  • El ponqué Ramo que compraba en la tienda Puerto Arturo en Manrique a 2 pesos
  • Los bolis me eran prohibidos tajantemente. Bolis: jugos hechos de agua sucia con anilina y sabor empacados en una bolsita. O por lo menos eso me decían en la casa adjunto a la prohibición.
  • Los Snaky aún los consumo, delicioso.
  • Y la mejor chocolatina del mundo, ahí no hay “milkygüey” que valga, lo mejor en chocolatinas es la pequeña Jet. Cosa que si van a EEUU y me van a traer cositas, o ustedes que me escriben desde todos los lugares de la orbe terrestre, tráigame periódicos de sus lugares de residencia, porque la chocolatinita me la compro yo aquí.

Lo de los periódicos es en serio, estoy coleccionando periódicos de otros lugares del mundo, por si vienen, me traen uno. En la imagen: Caseta de ventas en Urrao, tomada en las tradicionales fiestas del Cacique Toné.

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