Una carambola de mañana

El hombre calcula la jugada, inclina su pecho cerca a la banda. une dos bolas con la mirada; amaga el golpe, duda y se arrepiente; toma otra posición menos inclinada y hace “tresbandas” con la mirada antes de golpear la blanca de punto negro y golpea sin más duda. ¡Hubiera sido mejor haberla golpeado en la primera, porque en este golpe no fue! El hombre pinta con tiza la punta de su taco y sorbe dos veces su café antes de la siguiente jugada. Es que a las ocho de la mañana, en pueblo cafetero, también se puede jugar un chico.

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