Tiempos sagrados

Pocillo en mano pierdo mi mirada en un punto borroso, fijo, mientras ni sé qué pienso; son momentos esos en los que uno se encuentra libre en esta cáscara de piel. Detener la mirada ante la velocidad de este mundo hastiado de tecnologías, es forzar a que el tiempo se adapte a nosotros, forzarlo a que vaya más despacio, lento, ineficiente; hasta que el momento esté dominado y el único reloj sea la respiración. Tomo otro sorbo de café, y entonces el instante se hace más humano.

Tres sorbos más adelante, caigo en la cuenta que admiro la geometría sagrada, el movimiento y lenguaje de la naturaleza. Hay un ser y existencia creciendo, desenrollándose de manera sublime, lenta, ineficiente nuevamente; como en una pausa estirada. Se va acabando mi café pero la planta sigue ahí, al frente de mi perspectiva ¡qué antropocéntrico somos al punto del egocentrismo! Ni crean que la veré desenroscándose, pues no está ahí solo para complacerme, ese embrión nació para devolver su gloria, y por eso crece hacia el lado contrario de la tierra, pues, no podríamos decir que hacia arriba. Las raíces, en cambio, apunta hacia el centro, adentro.

Termino mi café; otra manera de tomar café, pues, no todo son preparaciones ni disertaciones comerciales.

Foto: Parque La Culebra, oriente antioqueño.

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