De gallos de pelea y cafés amargos

Al ver los gallos de pelea o que, nosotros, llamamos de pelea -pues no creo que se hayan formado de la tierra para pelear-, y ver las gotas de sangre que se derrama en la pintura de quien firma como Mejía, en Ebéjico, Antioquia; pienso en el medio en que desarrollamos nuestra existencia: una tierra hambrienta de sangre. Y digo hambrienta, porque si estuviera, al contrario, hastiada de ella; entonces no habría más lucha entre Abelistas y Cainistas.

Varias “Violencias” nos han acompañado desde que dejamos de ser indígenas “indescubiertos”, para venir a ser humus de sincretismo social y religioso y parece que fuera esa violencia la que justifica la lucha diaria. ¡Qué asco! Parece que no hemos visto la suficiente sangre necesaria para hacernos vomitar y decir ¡No más! La contienda política nos lleva a soñar con esos animales que nos persiguen en el Arquetipo Junguiano de la Sombra, nos lleva a ver hocicos hambrientos de dinero. Pasa igual con algunas comunidades religiosas, sedientas de placer y dinero.

Sigo viendo esta foto, tomada así porque cada cosa tiene sentido, incluso dejar asomado un pedazo de puerta; veo de nuevo y el escudo de Colombia para izar la bandera que pocos izan contextualiza el marco de pelea de estos gallos… peleas, sangre, ego, egoísmo. Entonces recuerdo una conversación con Kirsten Olmos, del Café Kirsten en el centro de Medellín y ella, de origen Polaco como mi abuelo judío, me comentaba que el proceso en Polonia fue de un inicio limpio de rencores; que se prometieron no transmitir el odio en sus hijos. De no olvidar, para no repetir, pero un comenzar de cero.

Los judíos tienen entre sus celebraciones, rituales o fiestas, la del Plato de la pascua del Seder, donde recuerdan hechos dolorosos antes del Éxodo en su Pascua. Bueno sería, además de ortodoxo, tomarnos nuestras tazas de café sin azúcar ni endulzantes; cosa que sé lo difícil que puede ser en un país donde la materia prima comercial y tradicional -Café-, es de pésima calidad (Pasilluda le llaman), y donde a esa variable se le suma la “bomba” de un método no muy sano y mal usado: la greca, que nos arroja una destilación tan peligrosa que hasta los médicos prohiben la ingesta de café, cosa que no debería ser así.

Tomarnos un café que no debe llamarse “amargo”, sino sin azúcar, pues, en teoría no debería ser amargo, a menos que el perfil de taza sea diseñado para que así fuera, en fin; tomarnos un café sin dulce debería ser una reflexión sobre nuestro paso por esta dimensión del tiempo. No creo en cambiar el mundo; sí en cambiar mi mirada del mundo, sí en cambiar MI universo y si cada quien mejorara las condiciones de PERCEPCIÓN, traería más tranquilidad a este desasosiego colectivo.

Pocas veces soy expresivo en este tono como de variedad Robusta, pero creo que para iniciar mis reflexiones en 2014, vale la pena iniciar con un llamado a la acción personal y familiar de quienes creemos en el SER y en el AMOR. Y es solo mi punto de vista en un caleidoscopio de miradas en las que ustedes pueden opinar con respeto a lo largo de un coloquio lento en cada publicar.

Salud, para quienes tengan un café a su lado. Salud y ¡Gracias!

3 comments

  1. Mónica Arcila   •  

    Carlos: El motivo de escribir este comentario no es más que pensar en el ideal que es la paz, la no guerra. Todos hemos sido afectados por la no tolerancia de alguna manera, en el ambiente cercano familiar, con los vecinos, con los extraños, en fin con la sociedad. Si aprendemos a estar en paz con nosotros mismos, esta se reflejará en los demás. Espiritualmente hablando, todos debemos crecer en muchos aspectos. No quedarnos indiferentes ante el conocimiento de las cosas. Somos seres curiosos por naturaleza. Desde pequeños estamos explorando, aprendiendo, cayéndonos y levantándonos, superándonos, entre otros. ¿Qué más rico que una mente y un trato dulce hacia los demás? Muchas veces no nos escapamos del tono o trato áspero, causado por un disgusto. Es la naturaleza humana que tiene la rabia como una emoción del hombre. Saberla canalizar es muy importante. No destruir, si construir.
    Hablando del café sin dulce ya sea azúcar, endulzante o panela, aprendí gracias al Blog Café Contigo y a Carlos su fundador y comunicador, que no hay que endulzar el café. Cuando tengo la oportunidad, promuevo a las personas cercanas o que llego a conocer, el gusto por el café sin dulce. Muchas veces encuentro resistencia en ellos por cambiar esta costumbre. Otros quedan con la inquietud.
    Gracias.

  2. Alberto Mejía Vélez   •  

    Creo haberlo dicho en otra oportunidad; mi padre decía: “mijo, sí quiere vivir tranquilo, no hable de religión y política”; eso se podía decir, en una época en que primaba la honestidad por encima de la avaricia. Hoy la situación es bien distinta. El mudo se vuelve un Cicerón, ante la injusticia. Desde los hogares, se infunde que al éxito se llega caminando sobre los cadáveres y que el que reza y empata está perdonado. Un amigo se debe explotar hasta que quede como chupo de guardería; el núcleo familiar, son inventos de un pasado cavernícola y el seno materno no es cobijo para una nueva vida, sino, el altar del embuste y la apariencia.
    La reunión de los exabruptos lleva a la desadaptación y ésta, a la convulsión implacable de la sociedad. Un café humeante entre sollozos, purifica el alma y brinda el aliento en la alborada de unos pies fatigados y confundidos.

  3. gallos de pelea   •  

    ¿se toman verazmente todos los actos criminales presentados dentro de una sola obra, se generan métodos de reflexión?

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