A Marco Tulio le gusta el calambombo

Con reposada paciencia, este perro montañero, al cual llamaré Marco, mordisquea lo que será su mediamañana en pleno parque principal del municipio de Támesis.

Marco es hijo de Benjamín, un pastor alemán que tuvo a bien, entrar en coitos con la perra de doña Teresita, después de ser traído por sus dueños a reconocer los pastos de una nueva finca.
Este perro tamesino tiene hogar, pero sabe que los domingos llega la avanzada de campesinos con el fruto de sus huertas cosechadas. Domingo en que se instalan cortinas decarne colgadas del mástil de carnicerías itinerantes.

Cabe decir que este perro es diferente de sus semejantes, pues, a Marco Tulio –digámoslo completo- no le gusta la osamenta carnuda que les tiran generalmente a los criollos como él, sino, que gusta del calambombo. Comenta él -en lenguaje que sólo entienden ellos-, que eso le entretiene, que estimula sus caninos y que procura por el cartílago que trae el osobuco.

Cosas de perros. Creía entender a los criollos de barrio y de pueblo, pero se ve que de mañas están ellos hechos y no a la imagen que pretenden sus dueños.

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