Acogida montañera con café en totuma

Esta semana le dije a mi amigo Alberto Mejía, quien suele escribir en este apartado, que me tenía abandonado y extrañado, que me hacían falta sus columnas; esto respondió:

“Estimado amigo Carlos, mi taita repetía una y otra vez no pelear cariado y mira como es el tiempo, parece que se me olvido escribir las columnas; todo por darme una palomita en tu blog. El ego no lo maneja ni el santo más titino del cielo. Sí te gusta, dale la aprobación, de lo contario mándalo al wáter”:

Iban cantando en el carro de escalera, que no cesaba de subir la empinada pendiente; las miradas se posaban en el verde de los cafetales y en rojo de los granos. La ignorancia les hacía creer que las semillas eran sembradas a punta de escopeta por lo agreste del terreno. ¡Cuando uno no sabe de ganado hasta la mierda lo embiste!

De la casita asentada en el filo de la montaña salían pañuelos de bienvenida. Por debajo de las puertas, por las ventanas, corredores y en el aire que cruzaba; entraba por las ñatas una ‘güelentina’ como del otro mundo. Una viejita boquifruncida, de pañuelo en la cabeza y delantal, les invitó a sentarse en el tarimón del corredor; ‘contrimás’ que vienen cansados; cuelguen el ‘comistraje’ de la horqueta. Se ve que ‘vustedes’ no son ‘dexigentes’, ni ‘estiráos’, como los gajos de arriba. Ay quedan con estas mucharejas, mientras voy a la cocina pa’ traer el cafecito que ya está ‘jirviendo’. Manuel ya ‘fuites’ por la leche, puede que les guste ‘pintaíto’. Vustedes perdonan el ‘añaje’, pero son totumitas limpias. El mejor café Excélsior del mundo, es el que se brinda con amor. ¿O ‘vustedes’ que opinan?

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