Arte rupestre – Esténcil de perro

Y entonces el hombre quizo permanecer en la memoria por siempre, tomó de la sangre de los animales que cazaba, la llevó a su boca, la dejó allí mientras su mano se alzaba y se recostaba al muro, y allí mismo, como en un soplo de vida, el hombre, primitivo hasta entonces, escupió toda la sangre con la fuerza de su poder y dejó la sombra de su substancia en las paredes de la historia.

Este esténcil me recuerda esa costumbre de dejar huella, de firmarlo todo. Es el poder de la presencia, el poder sobre la cueva en el hombre primitivo, el la supremacía de unos pocos ante el artificio de la primera escritura.

Esténcil en el barrio Aranjuez, afueras del Museo Pedro Nel Gómez. / Más grafitis en Aranjuez

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