Bienaventurados los hombres del campo, porque de ellos es la verdadera riqueza

Amanece en el campo y el aire huele a leñas de la vereda, que se queman para calentar el primer rito de la mañana. Una aguapanela se va calentando en ese fogón montañero y prepara su calor para recibir unas cuantas cucharadas de café, recién molido y tostado en la tarde anterior. La matrona le pone la tapa a la olla y espera diez minutos. Al fondo de esta imagen, suena un viejo radiecito al que le adaptaron un regulador de voltaje porque las pilas poco se usan por estos lares, solo para la linterna de las miedosas que no confían en la luna y ven culebras en todas partes. Suenan unos tiples rascados por manos expertas valorados más en Europa que en las propias tierras ¡Juventud ignorante!

La olla con el precioso despertador es destapada y humean los aromas de Colombia: caña, panela y dulce; porque somos empalagosos en estas tierras donde el sol abraza completo. La doña sirve los primeros tragos y llama a la tropa familiar para que se acerquen al mejor lugar de la casa, el de la alquimia, donde se transforman los alimentos y el ser, de donde el inconsciente toma elementos para luego llevarlos a los sueños y hablar así con el ser profundo.

Abajo suena la quebrada; una gallina cacaraquea tímidamente y el gallo bate sus alas pero esta vez no canta. Los hermanos se saludan; el viejo llega de mover la tierra, quién lo creyera, pero ya tiene dos horas de trabajo y aún no desayuna, pues, a eso vino. El radio deja salir el sonido de unos tiples y un chotis le da orden a esas notas ¡Acá, gracias al Creador, no han llegado los ruidos de la urbe con sus músicas populares y esos tales reguetones!

La familia está sentada sorbiendo los primeros tragos de la mañana, entiéndase para los que ignoran, que los tragos son el ritual mañanero de tomar café; nada tiene que ver el verbo con el licor de las noches. Sorben, mientras otro olor comienza a mezclarse con el de la leña; es el del maíz que se tuesta en varias arepas sobre el fogón; la doña las voltea como sabiendo el momento de cada una. A los olores ya citados les llega otro acompañante: el hogao montañero de tomates recién desgajados y una cebolla junca arrancada no hace más de media hora. Unos huevos -¿adivinen de dónde?- son rotos en la paila y su yema revela que no son de esos que venden en mercados de ciudad, ¡no! Estos son huevos de verdad, anaranjados, que aquí no saben qué es un huevo de yema amarilla, aquí las gallinas se comen el maíz que les tiran y las lombrices que les da por asomarse a ver la luz y que encontraron fue el pico curioso de estos benditos animales.

¡En fin! Suena El Cafetero, en la radio y el desayuno fue devorado por estos comensales bienaventurados. Cada uno sabe su tarea: los unos a tender las camas; otras, a barrer con escoba de matas de maleza; los pequeños a jugar con las tapas de gaseosa de la tienda propia, así, sin bañarse; hasta que les llegue el regaño y los empujen con la misma escoba ¡que solteros de seguro no quedarán!

¡El campo! Bienaventurados los hombres del campo, porque de ellos es la verdadera riqueza.

6 comments

  1. Francisco Gomez Paris   •  

    Carlos, Me encantó! Todavia huelo a campo.
    Un abrazo, Franco.

  2. Gloria   •  

    Que hermoso articulo. Me encanto. Recuerdos que se hacen bien presentes al leer , la mejor gente del mundo, el campesino sencillo, generoso y trabajador incansable.

    No todo es maldad en este mundo ….!!!!!!!!!!!!!!!! God bless Colombia.!!!

  3. Alberto Mejía Vélez   •  

    Esto es un canto a la vida. Carlos de mis entretelas, esa paz absoluta es la que los ángeles del cielo envidian y, los mortales, no nos imaginamos ni por el forro. De esos tesoros que estás observando está llena nuestra patria y Antioquia es el oasis de ríos de mieles, canto de ancestros, música de cascos de mulas, trinar de hidalguía. Ese vértigo de bondades que ruedan montaña abajo, son la grandeza de una estirpe cantada por voces sencillas dentro de los cafetales y servidas en la mesa apacible del amor.

  4. LEÓN FABIO GAVIRIA MONTOYA   •  

    Felicitaciones Carlos Mario, por ratos me parecía estar escuchando un poema de Jorge Robledo Ortiz en la voz de Rodrigo Correa Palacio. este blog es magnifico.

  5. José Fernando Montoya Ortega   •  

    Carlos Mario. Muchas gracias por llevarnos a través de su artículo a evocar y reconocer las realizaciones y potecencilidades de los pobladores del campo, a la vez que noc convoca a trabajar creativa y solidariamente con ellos en la causa de su dignificacion

    Atentamente,

    José Fernando Montoya Ortega

  6. GloriaE   •  

    Me encantó Mune, qué bonito. Qué imágenes, sabores y sonidos. Lo disfruté mucho, mil gracias.

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