Embolando recuerdos

Ya parezco anciano que repite historias memorizadas por los oyentes, pero recuerdo que mi primer empleo sin afiliación a salud y pensión fue la de embolador casero. Creo que fue a peso o a tres pesos que mi mamá me pagó por limpiar su par de tacones, para estrenar una cajita para embetunar que aún poseo. Ahora es Jacobo quien no puede ver mi actual caja de embolar de Nobsa, Boyacá, porque inmediatamente saca la “recua” de zapatos y comienza a untar grasa de potro sin miseria.

Cambiando de tema, me acerco a observar los “chinches” o estoperoles y las monedas insertadas al objeto, que en este caso es la caja de embolar; ritual que también se repite en los buses urbanos de rutas populares donde, quizás sin esa intención, se le juega la broma al pasajero que, ignorante, se agacha para recoger la alegría de una moneda “encontrada”. De los chinches, solo decir que los que tienen cabeza, como los de la imagen, son aprovechados para cumplir una intención decorativa allí donde sean clavados.

El rostro “monolítico” une al embolador, dueño de esa caja, con su pasado primitivo, con el ser que busca identificarse con algo o con alguien y encontrar, también, su origen, fin mismo de algunas ciencias o de la Ciencia como tal. Un rostro muy ¿Bauhaus?

¿Qué te trae a la memoria esta cajita de embolar? Lo que sea, vale.

Para lustrar la memoria – ¡Hermoso proyecto!

LUNETA 50 es un espacio para la creación artística y la difusión de las artes escénicas, en particular del teatro, los títeres y la narración oral. Además, LUNETA 50 desarrolla proyectos con empresas e instituciones públicas y privadas para la sensibilización y formación de público en favor de las artes, y la implementación de estrategias encaminadas al desarrollo integral del ser humano desde las artes. Nuestro proyecto bandera es el Festival Internacional de Cuenteros: “el caribe cuenta”, un encuentro anual protagonizado por los más destacados narradores y narradoras de Colombia e Iberoamérica, que invita a grandes y chicos a escuchar las mejores historias y a dejar volar la imaginación. ¡Conócenos!

Lustrador acicalado

Libardo castaño Gaviria.

Lustrador bonachón, cargado con cientos de símbolos hechos objeto, cargando su propia colección de baratijas y carajadas, llevando el peso del signo, del objeto kitsch, del objeto aparentemente inútil y llevando por siempre una sonrisa.

Está en Manizales, esperando cliente, esperando un par de sucios zapatos y a su dueño, esperando un saludo o simplemente viendo gente, caminando con su afán y con su aterradora indeferencia para con sus pares.

Así son estos seres, así son estos nuestros hermanos de especie: menospreciados algunas veces.

Las famosas Cucas

La foto de esta cajita de embolar me hace recordar las famosas cucas que comía de niño.

Las Cucas, son unas galletas muy famosas en Medellín, unas galletas semiduras oscuras cuya receta desconozco pero que su sabor se puede comparar con el de las Luisas en Jericó, Antioquia.

Las cucas son precisas para combinar con leche, en horas de la tarde y especiales para detener la jugarreta de los niños a esas mismas horas o para recibirlos del colegio.

¿Y qué tiene que ver la caja de embolar con dichas galletas? / No, nada. Se me vinieron a la cabeza.

Cajita de embolar tallada en bajo relieve con figura de mujer en poses eróticas. Lijadas ambas cajas.  A primera vista no falta quien las critique, pero  si nos imagináramos que fueron  hechas con base en las obras de Débora Arango, entonces ya lo pensaríamos dos veces… / ¿Y es que el señor ese sabe de Débora Arango y talló a esta mujer con base en sus obras? / No, pero ahí mismo cambiaríamos el semblante y admiraríamos más y sin censurar.

Cajita de lustrar. Foto tomada en Carabobo cerca a la Iglesia de la Veracruz

Costumbres, mañas y rituales

  • Nos ubicamos en el mismo sector del salón, si no, en la misma silla.
  • En casa, es fijo nuestro lugar en la mesa.
  • Nos bañamos de igual forma cada día y en el mismo orden, nuestras partes.
  • Tomamos la misma ruta cada vez rumbo al trabajo.
  • Cada almohada tiene su orden.
  • Combinamos de igual forma nuestro ropero.
  • Sintonizamos la misma emisora cada día.
  • Almorzamos en el mismo restaurante.
  • Nos acostamos pal mismo lado.
  • Nos enjabonamos primero aquello y después lo otro.
  • Compramos las mismas frutas.

Somos íconos ambulantes, somos signo, siempre el mismo y por ello -y en esto me apoyará mi ex profesora en Diseño Gráfico, Marta Laverde- aconsejo a mis alumnos siempre, tratar de romper esas líneas tan rectas y prediseñadas (Perdón, pero es que odio la palabra paradigma).

Cómo pretende la mujer soltera, con ganas de novio, encontrar su pedacito haciendo las mismas cosas, las mismas rutinas, los mismos lugares.

Cómo pretendemos ser creativos y producir nuevos resultados, si siempre hacemos lo mismo y no esculcamos lo desconocido.

Cómo quieren otros, ser más alegres, más despiertos, más felices; si viven siguiendo la misma ruta cada día.

El novio, la novia, el amante, la sonrisa, el dinero (si así lo quieren), la cosquilla, la sorpresa, el encuentro, la belleza, lo nuevo, lo raro, lo inesperado, lo tanto buscado; está a la vuelta de la esquina cuando rompemos esas líneas tan rígidas que nos dominan cada día sin darnos cuenta. ¡Pruebe y verá y después me cuenta qué le pasó! LO RETO A QUE ME CUENTE, QUÉ LE PASO DESPUÉS DE ESTE CONSEJO.

Diana, una alumna mía, siguió mi consejo calladita y después me confesó, que se había puesto el reto de cambiar sus mismos rituales y me dijo feliz, que el día que cambio de ruta para esperar el bus, se encontró 20.000 pesos y aparte de eso, se encontró un amigo que hace años no veía. PRUEBE…

Hermosa caja de embolar, tallada en alto relieve y pintada el colores primarios. Elementos tallados y pintados como son: Indio Pielroja, herraduras, caballo, botín, zapatilla Nike. Foto tomada en Carabobo entre Plaza Botero e Iglesia de la Veracruz.

Conoce otra caja de lustrar un poco más humilde…

Día sin brillo

Cajas chuteras. Así llaman a las cajitas de embolar de poca monta. Cajas que no tienenmucha elaboración artesanal y que pueden costar cualquier peso. Así es la caja de este improvisado embolador, una caja sin brillo como la mirada de él mismo, como su voz, ya que no puede expresarse bien. Una mirada perdida en los vacíos de su vida. Una sonrisa tenue, tímida y resignada.

Esperemos que ese camioncito consiga la carga que cada día necesita para transportar el alimento a una panza humilde.