Preparaciones rústicas

El especialista prepara las máquinas tostadoras, los termos que calientan el agua, los tipos de preparación, los termómetros especializados, los medidores de dureza del agua. El especialista trata la materia prima con delicadeza y pericia y prepara la bebida con un alto nivel de factura y exigencia. Quien prueba la taza, luego, prueba el largo recorrido de buenas prácticas y, por tanto, sus sentidos son impactados con el exquisito sabor, olor y cuerpo de un buen café. ¡De eso no hay duda!

Pero ¿Y si el café es montañero? ¿y si es rústico? Aclaro ya que el término “montañero” en mis textos, es un adjetivo de valoración positivo y, “rústico”, adjetivo que denota la poca delicadeza y cuidado en la preparación de la bebida. Mejor dicho, un café hecho en olla, sin colar y con agua de campo; con un café molido en la misma máquina donde se muele el maíz, sin mayor medida para la molienda que el ojo mismo. Un café, hecho en tales circunstancias también puede ser bueno. ¡De eso no hay duda!

La tostadora que ven en la foto es ejemplo de herramientas adaptadas a los procesos propios del café: un sartén es perforado y le son adaptadas otras partes para configurar una tostadora de café para funcionar sobre estufa o fuego. El grano de almendra es echado al interior del sartén, tapado y la manivela moverá los granos para que su tostado trate de ser el más uniforme.

Este aparato es a su vez, el avance tecnológico de formas primitivas de tostión, como la de los granos sobre pailas o superficies metálicas que reposan sobre el fuego de leña, donde el café es movido por algún palo que hace que el calor se disperse entyre los granos en movimiento. ¿Una taza de bebida con un café tostado de esta manera puede ser bueno? ¡De eso no hay duda!

No hay duda tampoco en que la mano de la persona encargada de accionar la manivela quedará exhausta, cansada de giros y giros, no para la tostión de una libra, sino para el cumplimiento en un pedido de varios kilos. Pero, y esto hay que resaltarlo, se hace, muchas veces (no se garantiza siempre) con amor, con pasión por lo que se hace. Pareciera que traer el término “amor” al texto es subjetivo, pero se trata de un tema físico: el amor existe y sirve para que las comidas queden mejor preparadas.

Pastelitos de pasta de hojaldre rellenos

Mónica Arcila, quien nos ha compartido su pasión por el café, nos deja una receta para una tarde de amigos o de familia en domingo. Los dejo con su sugerencia y un comentario adicional.

“Buenos días Carlos Mario, te cuento que gracias a tu blog, a ti y a Andrés Ruiz; llevo cuatro días tomando café sin azúcar (ya sea tinto o un latte caliente o frío). Estoy descubriendo que no necesito endulzar el café. Nunca me han gustado los endulzantes artificiales. Me agradó no agregarle azúcar ya que es un sabor más puro. Ya el azúcar solo lo considero cuando preparo cappuccino instantáneo en polvo (ya que la mezcla contiene azúcar desde la fábrica) y algunas veces le agrego aperitivo o licor de crema de café (este también contiene azúcar). Ustedes a punto del blog me retiraron la exigencia del azúcar en los cafés. Gracias de nuevo”. Mónica L. Arcila.

Pastelitos de pasta de hojaldre rellenos

Hice unos pastelitos muy sencillos en la cocina. Me inventé la receta. Quedan deliciosos y fáciles de hacer. Receta para 12 unidades.

Ingredientes:

Un paquete de pasta de hojaldre marca SOFÍA de 28 unidades (400 gramos).
Un queso blanco pequeño.
Un frasco de 250 gramos de arequipe pequeño.
Un frasco de Nutella (crema de avellanas con cacao y leche) 350 gramos.
Una bolsa pequeña de almendras o nueces del Brasil o nueces de pecanes.
Una caja de 12 Bocadillos tipo lonchera (325 gramos).

Preparación:

Descongelar la pasta de hojaldre a temperatura ambiente y separar la cantidad según el número de pasteles que vayan a hacer, partir cuadritos pequeños el queso, las nueces y los bocadillos.

Poner una lámina de pasta de hojaldre en una tabla de madera. Agregar un relleno de mediana cantidad encima del centro de la lámina con las siguientes combinaciones:(queso+bocadillo) o (arequipe) o (Nutella + nueces). Tapar la lámina y el relleno con otra lámina de pasta de hojaldre. Sellar con los dedos las dos láminas muy bien y con un tenedor pisar todos los bordes del pastel. Llevar los pasteles armados, en el molde o lata, al horno a 350 grados centígrados por un tiempo de 25 ó 30 minutos o hasta que doren. Retirar del horno y disfrutarlos con un buen café.

En la foto: otros acompañantes para un café, sin azúcar o endulzante.

¿Qué tal perico con buñuelo? ¡Ah!

Un amigo, desde Alemania nos envía este antojo, con su respectiva pregunta: ¿Qué tal perico con buñuelo? ¡Ah!

Se aclara que “perico”, en este contexto, se trata de una taza de café con leche, conocido también como “pintao”, latte. Lo importante, hoy, no es el café con o sin leche; sino estos buñuelos que nos antojan con su “cáscara” frita y crujiente, recién bajados del sartén fritador. Ya vengo… que me antojé.

Los huevos de Quintero

A doña Caramela, gallina de campo, le fueron extraídos los huevos que diariamente empujaba con su cuerpo. Cada dolor como de parto le hacía cacarear cada mañana. Quintero, gallo arisco y de porte elegante, epseraba con ansia el producto de su montada; un prole de pollos que siguieran su costumbre de cantar todo el día. No solo a Caramela le fueron sacados sus huevos, a Pimienta también le quitaron los suyos que, por ser colorados, son más preciados.

Esos huevos frescos rodaron por el pueblo, fueron trasportados, enviados a ciudad grande, arrumados en plaza de mercado, comprados por tendero y enviados a barrio alto. Esos huevos frescos ya habían rodado más de quience días entre ires venires, entre venta y reventa. Cuando por fin llegaron a destino final, la impericia de un joven cargador provocó la segunda muerte de los huevos de Caramela y de Pimienta.

Los pollos de Quientero no nacieron, tampoco fueron velados sus restos, tampoco extrañados… Quedaron al alvedrío de algún indigente que quiera agarrarlos para alimento poco fresco…

Se desgranó la mazorca…

Levántese, pues, Herminio, que nos cogió la nochebuena y no me ha molido el maíz que le pedí que me moliera. Vea que la paisa está prendida, la aguapanela lista y vos nada que te has mosqueado. Levántese, pues, viejo, que yo pa’ moler ya no doy; mis brazos están cansados y no me da pa’ la manibela.

Herminio, último llamado que le hago. si no se levanta ya mismo, olvídese que le sigo sirviendo los traguitos de cada mañana, olvídese de que le caliento sus pandequesos y su arepa montañera redondeada a mano.

Herminio, mijo, levántes pues que ya está haciendo hambrecita; ya tengo el sartén caliente y vos nada que abrís los ojos. Levantate, pues, tendé la cama que hoy nos viene visita. Acordate que hoy viene Amparo, la nieta, y a ella le encantan las arepitas de chócolo.

Herminio, mijo…

De arvejas, habichuelas y otros “preparitos”

La uña del pulgar, algo larga, se clava sobre la nervadura de la vaina, para que de ella salga la arveja que se necesita para ajustar para la sopa de “alverjas”. Luego, la habichuela es picada en trocitos que se harán más amables en la boca. La zanahoria tambiés es dispuesta en pequeños trozos. Todo ellos se revuelve con la mano para que el comprador se lleve una equitativa bolsa, hecha para los perezosos de la cocina, para quienes no tienen tiempo, para las nuevas generaciones que viven en apartamentos que ni tienen poyo con los huecos para la máquina de moler; para los que ya se jubilaron de la cocina y para los que la buscan más fácil.

La doña pone a “alzar” una arroz; verbo éste que no significa levantar sino preparar, ingenio popular expresado en el lenguaje. Decía, pues, que la doña comenzó la preparación de la sopa del día: legumbres; desamarrando la bolsa con una paciencia que no tiene quien escribe estas letras, y luego vaciando el contenido en una agua sal que ya comienza a burbujear. ¿A quién se le ocurre escribir de una acción tan cotidiana y sencilla? De eso trata este blog. No dilatemos, que la sopa va adelante. En el fogón vecino, yace un trozo de carne, estrato dos: cáscara, asándose y soltando una humareda con sabor atrayente. Las rollizas manos de quien cocina, echan sal y pimienta roja sobre el asado. En el fogón ubicado de manera perpendicular a estas dos preparaciones, están fritándose dos dulcísimos y y dorados plátanos maduros.

Permítanme detenerme un momento en estas letras para escuchar la fritura del maduro que ya ha estimulado mis salivares: [ssssssrrrrrrrs sssrrrr, zzzzzrrrrrttt] . Deseaba continuar en esta descripción de una mañana cualquiera, pero este último dato, el del maduro, me ha dejado estimulado a prepararme uno. Luego nos vemos.

Y aquí paró ‘Lucho’…

Estas hermosas mujeres son las encargadas de continuar el sueño de un “loco” muy cuerdo, capaz de decirle al mundo de la alta cocina, que los restaurantes gourmet“, no tienen que estar en las millas de oro, ni en las calles de estrato 25; que pueden estar en los populares ambientes de las plazas de mercado, donde se conoce la verdadera, auténtica y trasparente vida de la clase obrera, la que constituye el grueso de la población en nuestro territorio.

Se trata de ‘Lucho’, creador del restaurante “gourmet”: Aquí paró Lucho, anclado en el piso inferior de la Plaza Minorista de Medellín y que se ha convertido en un hito de la ciudad, en épocas donde el tema de la cocina ha venido adquiriendo territorio en muchas personas. Medios de comunicación, cocineros de talla mundial y nacional y curiosos, han ido a conocer a este particular restaurante cuyos precios se distinguen entre los demás, existentes en la Plaza.

Pero el titular de esta entrada se debe a la temprana muerte de ‘Lucho’, soñador, visionario y realizador de esta fantástica idea. Por ello, es que estas mujeres son las continuadoras de lo que comienza a ser una tradición entre los amantes a la buena mesa. Dejaré el tema hasta aquí para que sean los curiosos quienes visiten el que yo llamo Museo del Color: la Plaza Minorista, José María Villa, de Medellín y de paso, se sientes a conversar con estas mujeres y animarse a pedir almuerzo… ¡prepare la billetera!

Reza la tarjeta: “En dos partes se come bien: en su cas y aquí también”. Sector 10, puesto 16, 2514985.

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos. A veces, el fuego es purificador necesario para dejar solo los vestigios más finos. La tierra estará presente toda nuetra vida, pues nosotros mismos somos tierra. El fuego vendrá con la frecuencia necesaria cuando estemos muy soberbios. El agua nos dejará sentir su bondad cuando llueva sobre nosotros y nos permita un andar más resistible. El aire siempre estará allí; a veces, entrará por bocanadas más amplias a modo de descanso o sispiro final.

Este bodegón que ven tiene la presencia del hombre, así esté ausente; pero me impacta más es la textura del fondo: la tierra del barranco que fue arañada para crear concavidad que sirva como tienda temporal para unas ventas populares. Tomé la foto porque los colores me representan. Humo, óxido, dorado de las frituras, terracotas; variados cafés: guadua, palo, leños; todos ellos pátinas del tiempo, del clima y de la realidad.

Este bodegón me representa entanto hombre primitivo, hijo del tiempo, fugaz, débil; con la textura que me dan los pensamientos, con el color que me da el sol y con la dinámica que me da el fuego de la pasión por vivir.

Foto tomada en el Santuario de la Virgen del Jordán, Pereira, zona rural.

Empanadas guatapenses

Del maíz a la máquina, de la masa a la mesa, de la tabla a la mano, del sartén al escurridor, de la olla a otra mano, de la panza a la tierra y así, en un devenir que mantiene el rito de este alimento en permanente movimiento.

¿Qué llevan por dentro? lo que el hombre proyecte en ella: papa, carne, aliño, especias, verdura, asadura, o simple vacío para que solo se coma cobertura. ¿Con qué se acompaña? con lo disponible al gusto del cliente: café con leche, bebida gaseosa, jugo o encurtido solo que no hay necesidad de sobremesa.

¿Las ganancias? Muchas. Siempre serán la salida a la necesidad ¡Empanadas, que es lo que más se vende”, reza el dicho colectivo. Todo depende de la mano que las haga, entre más materna, mejores son; entre más amor, más vicio por ellas.

Empanadas a 200 pesos en el malecón de Guatapé.

Zócalos, calor y “mar” en Guatapé

Tener planes para ir a Guatapé significa hacer una lista de chequeo de objetos y vestuarios propios para ir a la playa: vestuario de baño o de bronceo, bronceadores y bloqueadores, comida, gafas de sol, sandalias apropiadas para el agua, etc. Eso, para el turista que se acerque a este municipio de Antioquia sabiendo que goza de las aguas de una gran represa o embalse y un malecón turístico. Otras personas que transaccionan con sus productos tendrán otra lista de chequeo: fertilizantes, costales, dinero en efectivo para la plaza, etc. Para otros, la lista se recortará a bebidas alcohólicas. En fin, Guatapé, su malecón y su zona rural tiene público para todo.

Como turista visual que soy de cada municipio o rincón que visito, siempre estarán presentes en mi ojo cazador, el color, la geometría, su gente, sus ventas, sus artesanías, etc. Y como sé de tantos lectores por fuera de Colombia, una que otra vez me gusta dejarlos con los antojos de nuestra tierra; para el caso, este coco bautizado en panela que llamamos coquitos o panelita de coco. Como para que sigan extrañando a Colombia y sigan anclados, de una u otra forma, al territorio. Los dejo con ese antojito y con un adelanto de zócalos, elemento visual por el que también se reconoce a este municipio.

Esta semana estará dedicada a Guatapé.

Jacobo Zímerman ¿Qué tal estas panelitas, tío? ¿Hay en Israel?

Hacer de tripas “fritazón”

Corrían los años mozos y de soltería del suscrito, tiempos llenos de fuerza e ímpetu ¿para qué tantos ánimos? para acompañar a madre y abuela, según la agenda de ámbas, a mercar en la Plaza Minorista, pues, ya habían pasado los tiempos del Pedrero.

El mozo éste que escribe, elegía lo mejor en fruta, verdura, legumbre y tubérculo, lo mejor y más económico. ¿Lo más difícil? lo de siempre, la azarosa escogencia de la yuca, que no puede salir pasmada, tiruda, afrechuda, paluda. Sin embargo, pocas veces llegó a la casa yuca mala, toda muy buena, ¡invitados todos!

Pero, así como en el súpermercado uno se lleva los antojitos, dulces, salados, harinosos; en la plaza tenía yo los míos, uno de ellos: la chunchurria o chunchullo que llaman, o simplemente, tripa de cerdo con su crema interior tan rechazada. Una vez llegados a la casa luego de tomar bus y solicitar el favor de abrir la puerta de atrás para subir con mayor comodidad, la abuela Juana, sabía que su próxima tarea antes de desempacar era desempacar el encargo y hacer de tripas, fritazón, previo lavado.

Era así como la casa se llenaba de los olores populares de la chunchurria frita, fritura que ha de ser bautizada con limón y cuñada con arepa, verbo este que significa “acompañar” (cuñar). Era el segundo desayuno de quien escribe porque no sale sin desayuno y trago de tinto previo. La casa, decía, se llenaba del aroma tan rechazado por muchos y tan anhelado por otros.

Chunchurria. Casera, frita, de buena procedencia, non sancta, rechazada en otras creencias, bendición del cielo o de la tierra para otros. Que se riegue el olor.

José María Ruiz, ¿y vos qué decís…?

Alquimia en una mazorca

Es posible que el presente texto sea un poco extraño o enredado, aún así se publica pues a la idea concebida hay que darle vida. Trataré de ser corto para no ser molesto.

La obra alquímica (opus alchemicum) nos permitirá ver lo mejor, lo escondido del maíz (Zea Mays) al ser bautizado por el fuego (aurora consurgens). En este proceso, la mazorca saltará directamente al proceso de Leucosis, (emblanquesimiento), sin pasar por Nigredo (caos original), ya que el orden de cada grano de cereal me parece que está estructurado en un orden hermoso. De la segunda fase le continuará la Xantosis (amarillamiento, terra alba foliata), estado evidente del choclo o mazorca que se bautiza sobre la parrilla; estado en el que es más apetitosa al hombre. Dejemos allí el proceso alquímico, pues, en este amarillamiento es que nos interesa; queda sino agregar, de manera burda, mantequilla y sal.

En otros casos, los mitologemas se hacen presentes de manera inconsciente, con el oficio del hombre de transformar el alimento. Es así como el grano quebrantado o molido, es mezclado con la leche (esta puede representar la simiente) y puesta en horno metálico donde la distillatio circulatoria calentará la obra de forma circular como si se representara al astro mayor.

Es, pues, la “magia” de este elementum como es la mazorca, choclo o chócolo que, adornado con queso campesino de Salento, Quindío, actúa sobre nuestros sentidos provocándonos recuerdos y despertando salivares. He aquí otro antojito, pues.

Hoffmann, Jurgen. Jung: Diccionario de Alquimia y Hermética -1a ed.- Buenos Aires: Quadrata, 2006. ISBN 987-1139-82-9

De empanadas con encurtido y otros pensamientos

Una señora de manos pecosas y mojadas hace bolitas como cuando cursó el único año escolar con la profesora Berenice. Hace bolitas como la mamá le enseñó cuando se disponía a jugar con plastilina o hacer arepitas. La bola amarilla con pintas rojas se va tornando más pareja. Luego, asienta lo realizado sobre una masa igualmente amarilla pero aplastada, con la ayuda de una bolsa, otrora empaque de leche.

La señora insiste en el juego y dobla a la mitad el conjunto que yace en la mesa e intenta hacer una luna, si no es creciente es menguante, adorna la unión haciendo dobladillos con sus dedos quedando lo que llaman: empanada, ora con boleros en la unión. Estas benditas manos, recalentadas y trajinadas, llevan los trozos de luna a la manteca, que los ricos llaman aceite de canola, pero la doña sabe que es de animal, de cerdo marca chanchito que sabe más. La manteca calentaba previamente con clavo al fondo pa’ que no se empapen. Se fritan, se sacan, se tibian.

Pero empanada no es empanada, si no construye muros de iglesias y si no si va acompañada del bautizo rojo del encurtido. Esta bendita preparación -que no entraré a describir, pues eso será en otra ocasión-, es alquimia en mano de matronas, dulce amargo que adorna la sensación de la empanada en la boca. Hay comensales que, incluso, le echan empanada al encurtido, figura lingüística ésta para exagerar la cantidad de encurtido que le echan a la media luna amarilla.

Digámoslo de una vez a voz abierta: hay doñas que, cuando el cliente se acerca, esconden el frasco, reciclado, del encurtido, porque saben que dicho individuo compra dos empanadas pero se come el encurtido de diez. Esa doña no reconoce que el comensal está correspondiendo al buen cocinar de la receta.

Venta de encurtido en la Plaza Minorista de Medellín, mi museo preferido del color.

La culpa decembrina

Estimadas señoras, si hacen cuentas del tiempo que llevan haciendo dietas o intentando comenzar una -Este lunes sí-, se darán cuenta que han sido años en ese ejercicio que les ha parecido dos o tres meses. Llevan años, muchas de ustedes, tratando de bajarle al gordo, al banano, al conejo; a la carne de res o cerdo, a las harinas y azúcares, que para el caso es lo mismo.Respetadas, adelante, el mes lo amerita y la panza lo aclama. Coman; coman y beban; que mañana no sabemos. Con equilibrio y sin culpa.

Las estadísticas de lectura bajan por estos días, por lo que creo, la actualización será día por medio. A menos que me colaboren con imagen y textos.

Venta de fritanga en calle Maturín. Medellín.

Alternativas alimenticias para diciembre

Vean, mijos, no se varen en este diciembre. Hasta los mendigos que pasan tocando de puerta en puerta, piden algo de comer, pero hacen una advertencia perentoria: “No me vaya a dar natilla, por favor. ¡Estoy mamao de natilla”, advierte el que pide.

Por ello, hoy viernes, les traigo la carta que les hará reconsiderar la oferta gastronómica para las iestas navideñas. Para las mujeres que mantienen unas “dietas” sempiternas y que tienen como frase “Este lunes sí la comienzo juiciosa”; déjense de carajadas que nunca van a adelgazar. Latinas caderonas, abundantes en carnes, al traste la Barbie, que hoy les tengo un buen Cuchuco de espinazo. Hágale, pues.

Solteritas y marianas

Uno tiene sus días. No los de ellas, sino, esos… esos días en que nada sale. El ejercicio con el blog es casi de escritura automática, es decir, elijo una foto y espero a ver qué carajada me sale: una veces, muy trascendental; otras, muy ligero; en otras ocasiones, algún texto con humor. Creo que este blog se me configura como el Libro Rojo de Carl Jung, es decir, así como Jung registró su inconsciente en Libro , yo lo estoy haciendo en este blog. No confundan, no me estoy comparando con el sicoanalista, solo estoy reconociendo mi propio Libro Rojo.

Asi que, de manera perentoria, pido a quienes leen este espacio virtual, que dejen de ser zánganos y ayuden de vez en cuando, con la escritura de lo que aquí llamamos alguna veces como carajadas. ¿Qué se les ocurre? ¡Pero ayuden pues! ¿Todo yo?

Foto en Ciudad Bolívar

Empanaditas de la Pastoral Social

Empanadas con carne o sin ella, con encurtido o sin él, de papa o de arroz. Centenas y centenas de ladrillos se unen entre sí gracias a los dividendos que dejan miles de empanadas vendidas a los largo del territorio. Pero las empanadas no se hacen solas, las hacen decenas de voluntarios, en su mayoría, señoras con vocación de servicio o simplemente por hacer costureros de una fritanga de comida popular.

Espere, mija, me lavo las manos. Espere me seco en el trapito. Espere pongo esta tacita con agua para ir mojando los dedos. Ahora sí, mija, estoy lista. Cojo de la masa, hago bolita con las manos, como quien concentra la energía del Tao y la amasa en el aire. Le pasa la bolita a Regina, que ella la aplasta con la tabla; ésta le pasa el aplastado a Teresita, que ella le echa el micro-relleno, sin carne se aclara desde ya, y ella misma la cierra doblando el círculo en dos mitades y se dispone a realizar una plana de pliegues con la parte superior de una cuchara tintera; la pone al lado que el nieto de Aura las echa en la paila.

* Tere ¿pusiste a derretir la manteca?
– ¿Cuál manteca?
* ¿Cuál va a ser? La manteca, mija, pa’ fritar las empanadas.
– Aura quedó de traerla.
/ ¿Yo? Yo no, yo traje la masa.
* ¿Entonces quién traía la manteca?
/ Regina.
% ¿Yo? Yo traje el encurtido. Yo no traje manteca. Usted quedó de traer la manteca.
* ¡Maldinga sea! No trajimos manteca y ya se están dando la paz. ¿Y asadas no quedan bien?
% ¡Hum! Hoy no hay ladrillitos pa’l Padre. Este día se perdió.

Fotos en Ciudad Bolívar.

¡Eavemaría, esta yuca es puro algodón!

Vamos al mercado y podemos comprobar las fechas de vencimiento de los productos que queremos adquirir; vemos de cerca la calidad de los productos; comprobamos si la papa está buena o no; elegimos la lechuga menos aporreada y con hojas más vivas; seleccionamos las frutas más vistosas; pero… ¿la yuca? ¿cómo, bendito sea, elegimos una yuca buena?

Comienzo a escuchar comentarios mentales a la distancia: la yuca ha de elegirse delgada. Partirla y verificar si al interior existen unas líneas radiales y negras; si las hay, esa yuca nos es buena. Si junto a la yuca los mercados ponen a la disposición del adulto un gran cuchillo para el asunto de la verificación, entonces asido el cuchillo en posición amenzante, ha de clavarle la parte media del mismo en el cuerpo de la yuca, acabarla de partir con ayuda de la mano y del cuchillo y verificar el estado del tubérculo.

Aun así, a veces se llega a casa, se lava, se pela, se lava de nuevo, se parte y se le agrega al caldo crudo que comienza a calentarse en la olla “atómica”: un sancocho monofásico, es decir, de hueso, si fue esa la “carne” que se puso a descongelar desde la noche anterior. Una vez servido, y acicalado con la pinta y el aroma de cilantro y si se desea con limón, llega la prueba reina que dictaminará si la yuca fue de buena elección o por el contrario salió “paluda”.

Mmmmm, se escucha en la mesa luego de la bendición de los alimentos que, para quienes crean en la mecánica cuántica no es necesario el fervor religioso para que las palabras tengan poder sobre la “materia”. Mmm, decía, y seguido se escucha un comentario que bastará para evaluar el resto del caldo popular: ¡Eavemaría, está yuca es puro algodón”. De ahí para adelante no hay más qué hablar.

La muy apetecida parva

La luna se ausenta y el sol se presta a avisarle a medio mundo que llegó la hora de un nuevo día, y con ella, una jornada de bendiciones y devenires. Las doñas lavan las chocolateras, los solteros trabajadores alistan el polvo que se convertirá en sobremesa del des-ayuno. En algunos hogares se prende el fogón, en otros se alienta al fuego para que abrase la leña; en otros, el microondas es el rey de la casa, y así… se van formalizando los preparativos para luego servir al eterno alimento amigo del hombre: el pan.

Por heredad judía, en Antioquia le llamamos parva (Parve) a ese conjunto de variedades nacidas de la misma masa de agua y trigo molido: pandequesos, pandebonos, pan aliñado, pan sencillo, rollos, pasteles, moros, en fin, se contarían por miles si mercamos parva en cada país del mundo donde el trigo es su amigo.

Mi querido Pandechócolo, saque usted sus recuerdos que yo voy preparando el cocholate, como dice mi abuela, tome asiento y cuénteme sus vainas; venga, corra asiento no se me haga tan lejos; poné ese paquete ahí que eso no se pierde, dejá la bobada, pues, que no tenés más qué hacer, contame cosas, cualesquiera que sean, qué se te vino a la mente, gente…

A parte de la herencia del término Parva, nos quedó en la familia el amor del pan; pan que le dio a mi abuelo, judío polaco de la diáspora, el refugio aquí en la Colombia de principios de siglo 20. Con pan fue criada su familia en la Polonia invadida, con carencia de pan luego exterminados, con pan fue salvado en su Panadería Medellín.

“El Papario” – Papas al gusto

Sigamos con la secuencia de avisos y letreros. Goyo, nos aporta su mirada y nos comparte “El Papario”, papas “como caídas del cielo”. Tendré que llevar a Jacobo al Papario, pues es el primer aficionado a las papas a la francesa. Otro, prefieren la famosa papa cocida con la sal pegada sobre la cáscara. A algunos, les gusta “chorriada” con el hogao encima; a otros, hecha puré. No se me peleen que para todos hay. Quien tenga su receta que la comparta, que la cocina está abierta y hay criolla, capira y nevada para todos. Adelante, pues.

La yuca y la corrupción

Siempre he estado al lado del carrito que lleva el mercado, siempre me gustó mercar, escoger la fruta, la verdura, el tubérculo. Por muchos años fui a la Minorista de Medellín y, muy niño, alcancé a ir al Pedrero acompañando a mi abuela a mercar. Todo está muy bien hasta cuando uno llega a la estantería donde reposa la yuca. Yo también tengo mis mañas para comprar yuca: de cilindro mediano, ojala mojada, blanca, sin líneas amarillas radiales, sin resquebrajamientos internos a ver si sale buena. Pero por mucho escoger, parece que comprar yuca es un tipo de lotería y a veces, cuando no sale como se desea se escuchan comentarios: “noh, esta yuca salio toda paluda”, “¡pero mala!, salió toda afrechuda”, “está toda pasmada”. Cuando se compra yuca se la anhela sin corrupción, “Puro algodón”, como dicen algunos.

Así como uno quiere que la yuca le salga buena, quisiera uno una sociedad civilizada, educada, consciente, madura, feliz y sin egoismos. Pero últimamente la “yuca de humanos” que se han cosechado ha salido como “malita”, hablo de algunos ¡Qué tal que fueran todos! Mi colon está escuchando las últimas noticias de corrupción política y económica en Colombia, mi colon está hostigado con tanta violencia en las vías de la ciudad: nadie da la vía, si cambio de carril me tiran el carro y me hacen luces, si me muevo me insultan, si no arranco en la primera diezmilésima me pitan.

Sigo en el auto y en la radio y continúa la retahíla de descargos, acusaciones, complicidades, negaciones, implicaciones. Mi colon no da más, está asqueado. Mi páncreas necesita Pancreatina porque tanta violencia lo tiene débil. Procuro meditar en el día, procuro conscientizarme con lo no físico, pero sé que vinimos a aprender y trascender. ¡Y así le dicen a uno que le busque la parejita al Jacobo!

Seguiré mercando amigos en esta oferta de mercado, trataré de elegir las mejores “yucas” para que al cocinar sean puro algodón, le daré la bienvenida a las buenas conversaciones, a lo constructivo, a lo trascendente. Seguiré comprando yuca y seguiré con la papira, la nevada, el cargamanto y el cilantro, seguiré transformándome hasta cuando sea hora de partir.

Mango biche con sal y limón

El mango no es solo una fruta más, es especial, es coautora de la niñez que se encarama en los árboles para bajar, de manera forzada, pequeños e inmaduros frutos que ni tienen pelos en la pepa. El mango es objeto de destreza en manos de los mangueros que, cuchillo en mano, giran la fruta destacando los cascos que antojan a miles. El mango acompaña al niño en su regreso a casa desde el colegio cuando, caminando, se retraza dando vistazos a los árboles que esten “tuquios”.

Pobre el árbol que demuestre su fertilidad, pues será tablero de piedras y palazos en manos de mozuelos que buscan bajar a dos bien maduritos y, que en tal hazaña, terminan bajando dos docenas de pipiolos manguitos.

La mujer también va ligada al mango cuando su panza se hincha con el milagro de la vida. Comienzan los antojos que revelan el milagro adentro. -¡Verónica María, cómo así que está antojada de mango biche con sal y limón hagamelfavor!-, -Arturo, ¡bendito! sé que son las dos de la mañana, pero necesito un mango ya, levantate vos a ver que yo con esta panza qué voy a salir-.

“Mango, mango, mangoooo”, canta con acento de vocal cerrada alargada, “Mango, mango, mangooo”, canta el vendedor al son de un caminar lento. Comienzan asalir los niños atados a casa, comienza el jubilado esquinero; sale la embarazada, el antojado que no quería pero que se antojó al oler el limón. Salen muchos, quedan pocos y ustedes amigos lectores, que diga quién está antojado de un manguito…

Se levantan las dietas para hoy

Amadas lectoras… No. Estimadas lectoras, no sea que mi esposa increpe, hoy, en nombre del hombre y en total conmiseración con las mujeres que sufren por voluntad propia, que no se comen un chicharrón, un postre, una mísera chocolatina; que solo se alimentan de agua y lechuga, y no porque el agua sea mala, bendita sea ella creación divina, hoy, tengan la bondad con ustedes mismas de comer lo que quieran: postres, natas, azúcar, chocolate, chicharrón, pernil, ala con cuero, costilla, solomo tres cuartos, merengón, fruta dulce.

Si el esposo las regaña, demalas. Si suben 500 gramos, el lunes inician nuevamente. No me mal entiendan, no me pongan cachos que no soy mala influencia. Como se ven de bonitas sin presiones de la pesa.

¿Y a los hombres que mensaje les tengo? Con ellos no h ay problema, mi público masculino no sufre carajadas, comemos sin remordimientos, repetimos sin tener que confesarnos. No reparamos en calorías, en grasa y contenido nutricional. Sabemos que la felicidad está en no leer el cuadrito de atrás. “Es que mi médico me prohibió aquello y eso”, escucho decir. Pues haga caso que su caso es distinto.

Nos vemos el lunes con nuevas promesas, con dietas mil veces interrumpidas, esta es la vida. Merengón de San Antonio de Pereira para los antojados de un preparito dulce.

¿Te comés un madurito asao?

“Con ésta sí los maté”. En el ambiente se escucha el sonido de la mantequilla derretida y saltando en la parrilla donde se asa un madurito bien maduro. Y es que cuando digo madurito, me refiero al plátano y cuando pronuncio “bien madurito”, lo hago haciendo sonar la saliva que humedece la lengua y debajo de ella.

A este madurito asado se le puede poner alma de quesito, de mozarela y hasta ser caprichoso y meterle su corte de bocadillo, empalagoso, por demás. Podemos establecer una cita, hoy mismo, con tal vianda, y reconocer la felicidad de los sentidos a la primera mordida.

Imagínese no más… El dulce humilde del plátano, combinándose con el simple sabor del quesito y unas chispas de explosión de bocadillo ya derretido. ¿Desea chocolate? Eso, acompañado de una buena conversa, recordando recetas, rememorando nuestro quéhacer ayudando en la cocina con escasos años de edad… ¿Le aso uno?

Comenta Alberto Mejía Vélez: “Cuando la mantequilla y el quesito venían envueltos en hojas de plátano, la nevera era una taza con agua y los maduros se los contaban por racimos. Era de costumbre hogareña poner en el fogón de carbón de leña, sobre la parrilla los más maduros, se iban volteando y cuando nuestra madre, que siempre estaba en casa, veía que estaban a punto, los embadurnaba de mantequilla en el corte que les hacía por la mitad, los adornaba con largas tajadas de quesito y descargaba para rematar un “lingote” de bocadillo de guayaba. Sentados sobre los taburetes nos los engulliámos, sin importar que nuestra ropa quedara chorreada, uno de los buenos manjares puesto para alegría del hogar”.

Comenta Sirirí: “Si a esos humildes platanitos que yacen ahí, como aperezados y sin rumbo, te atreves a preparar en recipiente metálico, una mezcla de azúcar y ron, le metes candela y lo derramas suavemente sobre los platanos, estarías como un genio convirtiendo algo relativamente plebeyo en un postre gourmet… ¡sencillamente delicioso!

La canasta de mimbre

La madre de Caperucita echó los sueños de una madre (abuela de ‘Caperuza’) con menos achaques y más salud; en cambio, Caperucita tiró a la zahurda su inocencia y destapó la rebeldía que la llevó, con la curiosidad en el bolsillo, a explorar nuevos caminos en la vida. ¡Casi sale preñada!

En esta canasta cientos de familias han depositado lo que valga al momento el sudor de la frente, agua salada que cada vez vale menos. esta canasta ha sabido de huevos y cebollas junca, de libritas de arroz y tomates chonto. Esta canasta sabe que con solo $200 de cilantro se pasa bien un sancocho montañero, sabe que una chocolatina refundida bien abajo, alegrará a la bien amada que espera en la ventana al regresar del fiao.

¿Fiao? Sí, no hay pa’ más, toca fiar porque Hidelfonso se la bebió toda otra vez, le pegó a Marucha y se la tomó toda, para prometer de nuevo que será la última vez. -Marucha, mija, deje de ser boba, mándelo pa’ la mierda de una vez por todas! Toca fiar, pero hasta el viernes porque el tendero no me da más espera.

Esta canastica de mimbre ha sido vituperada, manoseada por políticos y analistas de mercado, ha sido ultrajada y caballito de batalla. Cada vez, algunas familias no la necesitarán más, no porque pasó de moda, ni más faltaba con la historia y con la artesanía, sino que ya lo que pueden comprar algunas familias cabe en la mano y en la otra, otra bolsita más.

Juguemos amados lectores ¿Quién me dice qué reposa dentro de la canastica?

El sabor adulto del tamarindo

Algunos hechos en la vida dejan un sabor difícil de descifrar, si dulce, si amargo, si ambos. El famoso tamarindo es así, fruto de adultos a quienes les gusta más una fruta que los ponga a pensar, a descifrar sabores, a dudar, a repetir, a sortear la dificultad de desnudar la pepa, de quitar el ropaje de carne y descubrir que el placer estaba allí, en el actuar al morder el ropaje que abriga a la fruta.

Mamá era aficionada al tamarindo mientras yo me deleitaba con el higo, un poco extraño para humanos y muy reconocido por variedad de pájaros enjaulados. Ella era adulta y por ello gustaba del sabor dulce-amargo de esta fruta, yo era muy niño y me deleitaba en sabores empalagosos.

Una gaseosa exaltaba el amargo dulce de la fruta de vaina encascarada. Hoy, junto a la piña, la Kolkana, la Carta Roja, la Freskola y otras más, esta gaseosa hace parte del consciente reprimido de muchas mentes. El color mismo de esta fruta no invita a niños a deleitarse en ella, puesto que esta fruta es inteligente, de contenido substancioso y sabor intelectual. Pero así es ella, sobria, duradera, paciente, noble.

Ahí los dejo de nuevo al antojo, al recuerdo y a la mirada. Buen día.

Bendita sea la panela

Para aquellos de alcurnia y refinada presencia, para los de dietas balanceadas, los de ingredientes ligeros, los de azúcar ultra blanca, para los que esquivan las grasas y evitan el chicharrón, para aquellos que se confiesan después de una oreja de cerdo peluda y sudada, para estos y para los que no se acuerdan de ella, aquí les traigo la bendita panela ¡alabado sea el creador!

Alimento del campo, tetero del pobre, golosina del viejo, dulce acompañante de la mazamorra, fabuloso energético del ciclista sin vicio: la panela, la aguapanela, el aguadulce. Decenas de recetas son creadas con la panela, jugo sólido de la caña de azúcar: melcocha, miguelucho, panela con quesito, guarapo, panelitas. Hasta a las heridas le ofrecen dulce almíbar de la panela, frotándola sobre el chichón.

Benditos los que aún sorben aguapanela, porque sus mieles alimentarán el corazón. ¡Bendito el creador!

Deme cien de cebolla junca

“Dos tomates de aliño, un cuarto de quesito, una libra de arroz, un cuarto de salchichón, dos huevos, media libra de fríjol, un cuartico de mantequilla y dos cucharadas de manteca, una cajita de fósforos y deme cien de cebolla junca”.

Así se merca en los barrios altos, en los de las postrimerías de la ciudad, en los suburbios, en las encaramadas casas de nuestras bellas ciudades. Ojo al texto, pues en ningún momento he hablado de pobreza ni ningún término ha sido peyorativo. Así compran el diario algunos de nuestros congéneres de los barrios obreros.

Viven el día, viven la hora ¿mañana comeremos? ¡Dios proveerá! Cómaselo todo que hay que ser agradecidos, no deje nada que aquí no viven perros, dele gracias a Dios que tiene algo pa’ comer.

Del tomate chonto y la cebolla junca nace un buen aliño que a los huevos acompaña, con cama de manteca o mantequilla, amor de la mano que cocina y de la provisión de la alacena. Unos huevos revueltos, con cebolla y tomate, una arepa atravesada con mantequilla y chocolate, hacen de la vida un amanecer maravilloso. De todas maneras, a mí la junca me cae un poco mal, prefiero la de huevo.

Para que no queden dudas: venta de pescao vivo

Venta de pescao vivo, es decir que sería lo mismo decir: venta de pez. Para que no queden dudas, para que no tenga que untarse tan dignas manos de agua de pescao, abrir las entrañas del mismo después de una cesárea innecesaria. Para que no tenga que meter el dedo en ojo a ver si es saltarían, si brilla o le muestra el alma trascendida del pez.

Venta de pescao vivo, por si una vez capturado, usted se conduele y lo deja partir en buena obra de caridad, o si desea darle segunda vida menos digna en pecera de medio metro. Pescao vivo empacado con dos chorritos de agua que de nada sirven más que para estresar la carne. Asi es… rumbo al Peñol y Guatapé, se vende pescao vivo.

Martirios para permanecer delgada

“No como chocolate, no consumo harina, no le echo azúcar, no como lechona, no como cerdo y menos chicharrón, la morcilla no me gusta, no me gusta la chunchurria, subo escaleras todo el día, hago ejercicio de noche. No como postres, menos merengón, no como postre de natas, no como nada. Ocho vasos de agua al día, yoga y terapia. Me siento derechita, no tomo tinto al día, no recibo confites, nada de caramelos, nada de quesos, solo cuajada, nada de carnes frías, solo pez y agua.

He seguido todas las benditas dietas que me dicen, aparatos hay bajo mi cama, frascos de pastillas reductoras, lienzos, trapos y yesos, corsetes, bandas y cauchos, bolsas de supermercado en la barriga, todo, todo público bendito, y ¡nada me ha servido!

Sigo igual de gorda, nunca estoy contenta, no me gusta que me toquen el gordo del estómago, no uso vestido de baño, no voy a fiestas con viandas públicas, no hago parte de bacanales”. Así dicen algunas mujeres cuando se ven al espejo, así se critican entre ellas, así compiten, así se matan.

Piñuela y anón de Santa Fe de Antioquia

– Má, ¿me da diez centavitos?
* ¿Pa’ qué plata usted tan pequeño, mijo?
– Ah, Má, ¡venga! es pa’ comprar una piñuela donde donóscar
* ¿Y pa’ qué, mijo, si aquí hay comida? Vea, cómase esa habichuela y esas coles que dejó al almuerzo.
– Ah, no Má, jum, ¡valiente gracia! Deme, pues, dos pesos para comprarme un anón.
* Nu, nu, nu. Vénga coma más bien la comida siesque tiene hambre. Venga cómase la coliflor mejor.
– Ah, no Má, jum. ¡Así no vale!
* Desagradecido, dele gracias a Dios que tiene comida, descarao

Chupe mamoncillo pa’ que se entretenga

Pa chupar, hay paleta, mantecado, bolis y mamoncillo. Decida usted, hoy viernes, con qué quiere entretener la muelamenta. La casa le recomienda el mamoncillo que es de origen natural. Móntese a un árbol de dicho fruto, si lo prefiere compre los gajos ya bajados, use los labidentales para partir la cascarita que proteje el embrión, succione y entreténgase buen rato con la peluda pepa del fruto invitado.

Una vez adentro, haga ejercicios de malabarismo entre lengua y oclusodentales, mándela para arriba, deténgala con el paladar, escóndala bajo la lengua, chúpesela todita. No exagere el ejercicio hasta llegar al núcleo, túsela con el chupar pero no exagere, que hay cien más. No deje la bola limpia al alcance de la vista ya que similar a un removible dental es. Bótelas lejitos, no las deje en el quicio de la casa, no se las deje al niño que se atraganta, además está usada, guarde una docena para pasar la tarde o por si se va la luz, repita la próxima semana, sea niño y siéntase feliz.

Venta de frutos en Santa Fe de Antioquia.

¿Dulce o picante? las empanadas nos lo confirman

Las empanadas nos confirman lo que desde el principio nos fue expuesto: estamos en un mundo de dualidad inseparable. El árbol que fue plantado en el huerto del Edén también lo expresa, no el árbol de manzanas que nos trae la pintura, esas nos vienen de Chile, es el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Cuando varón y varona comieron del mismo, la gloria que iluminaba sus cuerpos desapareció y dejó ver la substancia bajo ella, la piel, y fueron conscientes, del bien y del mal.

Tal elección des-obediente, le dio ritmo a la vida. Ésta, dejó de ser plana y en éxtasis absoluto, para convertirse en un sube y baja que nos sacude y nos hace percibir la vida como un camino para la trascendencia. Estamos en la vida para pulirnos, tratarnos, transformarnos y trascender. Unos eligen el bien, otros eligen el mal. En Kabalah, un solo acto bueno inclina la balanza hacia el bien, un solo acto malo inclina la balanza hacia el mal. Unos eligen PICANTE para la empanada, otros eligen DULCE para la misma.

Las empanadas nos confirman una vez más el rostro de la vida en el espacio-tiempo: es mejor pequeña, tostada y, sea dulce o picante, con encurtido, adobo o especia alfin y al cabo. Es mejor corta, la vida en consciencia del bien y del mal, que eterna la vida donde hay tanta maldad. Una vez transformados, que la vida sea eterna y en unidad.

Por eso es que son tan buenas las empanadas, porque nos traen sabiduría. Jejejejejej.

Vengo ofreciéndoles unos dulcesitos

Anteriormente uno le decía a una chica: “estás toda gordita, lo más de linda”. Señores, jamás se les vaya a ocurrir decirle eso a una mujer en el contexto actual: ES PECADO. O es factible que algún calificativo soez sea arrojado a tu humanidad de manera mental y sin que te des cuenta.

Recibido el consejo, procedamos a hacer público que toda mujer mantiene haciéndose algo para verse bien y para adelgazar. ¡Nunca es suficiente! Así que si quieres quedar bien con alguna mujer, es sino que le digas: “¿Qué estás haciendo que estás toda delgadita?”. Oh mundo maravilloso, oh primavera eterna, oh cielos y Tierra, la mujer que escuche estas palabras quedará eclipsada, hechizada y comprometida con la última estrategia que esté intentando para adelgazar: “Como que me está sirviendo esa vaina que me dijeron que tomara”, dirá la fémina, alegre y generosa.

Por mi parte, como dicen en los buses, vengo ofreciéndoles estos dulcesitos que a continuación narro sin compromiso alguno: gelatina de pata, sacamuelas, bombón de coco, bocadillo con quesillo, panelita de coco, colombinas, maní salado, maní dulce, arroz soplado, cofio, arequipito y quesito dulce, jalea negra. Pasaré por sus puestos, espero que me reciban, si alguien me ha de colaborar, la vida se los ha de pagar. ¡Muchas gracias!

El “moisés” y el chicharrón

Y este “moisés” de mimbre emergió de entre la muchedumbre en los días de diciembre, y en vez de llevar al gran libertador Moshé (Moisés), llevaba cuero tostado de tocino, es decir, chicharrón o chicharrín. Aunque mezclar estos dos conceptos es incompatible: cerdo y Moisés. Al segundo le es prohibido el primero.

Salvado este asunto, se procedió a la venta. Unas manos trabajadoras llevaban la canasta o moisés que llaman por entre el público hambriento de gastar dinero y mecatear chatarra. Los chicharrines, divididos entre normales y picantes, fueron ofrecidos por precio alguno y antojaron a propios y visitantes, amantes de las largas filas y las colas lentas entre los observadores de alumbrados.

“Espero que la muerte del cerdo promueva la alimentación en casa, nos una en torno a la mesa y se puedan comprar otras viandas”, diría el mercader, doliente de la canastilla. Hablar de este último objeto, sería adentrarnos en terrenos de la artesanía, eso será en la corta lejanía de otra entrada como esta.

La mirada de un brasilero en Marinilla

Colaboración de João, desde Brasil.

Oreja y  pelanga, fritanga y pachanga. Por este post que publicaste en tu blog, te mando unas  foticas que tomé en Marinilla, en agosto cuando fui a Medellín. Te debo unas cervezas con enpanaditas bien calentitas…
Agora vou escrever em português para não passar tanta vergonha, cierto? Hum! Pues!
Essas fotos são tiradas (tomadas), segundo a mirada de  um estrangeiro, de alguém que não tem esses costumes, pelo menos aqui no litoral  de São Paulo, (tão moderno, tão perto da capital São Paulo) não temos mais esse  comercio ambulante.

Sou apaixonado por Colombia e principalmente por Medellin e não vejo a hora  de voltar. UM ABRAÇO SUPER FORTE EM VOCÊ E TODOS OS  SEUS!

Oreja y pelanga, fritanga y pachanga

No es comida Kosher, es más, está prohibida en las comunidades judías. Para otros en cambio, este tipo de comida es el paraíso hecho substancia. Oreja y trompa de marrano, entrañas del cerdo hecho picadillo para rellenar sus tripas y una vez fritas en su misma manteca, se hace delicia en el buche de ajenos caminantes que pasan por la caseta de ventas.

Algunos le llamarían eficiencia a tal rendimiento del cuerpo del cerdo. “¡Todo sirve, todo se come!”, diría el señor aquel de panza llena que asoma por fuera de la camisa, palillo entre dientes, erupto fogoso, ajo en el ambiente. El comenzal de tremendas viandas se deleita en la grasa amortiguada por la arepa simple y absorbente, a menos que la misma esté ungida de mantequilla.

Foto tomada en La Ceja, oriente antioqueño.

Obleas con arequipe

En muchas cosas soy tradicional, como en el comer oblea. Me gusta, simplemente, comerla con arequipe, y ahora que hay mayores descubrimientos, agregarle crema de leche para bajarle un poco el dulce que por momentos hostiga.

El liberalismo en las comidas y la necesidad de variar de receta, ha llevado a que hoy en día la oblea sea vendida con demasiados ingredientes como para saborear cada uno de ellos: arequipe, leche condensada, queso costeño, bolitas de colores, chispas de chocolate y la ya mencionada crema de leche.
¿Cómo alcanza alguien ha disfrutar tantos sabores en una sola servida? Por lo menos yo no puedo, prefiero disfrutar una breve combinación que me haga saborear sencillamente un buen rato.

Mi madre quedó en deuda conmigo al prometer que me compraría una máquina para fabricar obleas, ya que ella conocía la receta para prepararlas… -Oiga, Marlene, ¿qué hubo pues de la maquinita? Han pasado 30 años y nada, mija.

La de la imagen las venden en Comfama de Rionegro.

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