El retorno del hombre rico al campo

El hombre era dueño del feudo y aparcó su presencia en las murallas de las incipientes ciudades. Se enriqueció y quiso más, amasó fortunas y después de otras vueltas llamó al capitalismo para aumentar riqueza y ganar en poder.

Una vez rico, el hombre habitó la urbe e hizo sus propios barrios. Discriminó de entre la población, a pobres y a ricos, es decir, a sí mismos; al pobre lo mandó a fundar cordones de miseria y al rico invitó a los mejores puestos en las graderías de la metrópoli.

Rico y poderoso, el hombre habitó grandes mansiones, con minimalismos o maximalismos, según el gusto. Olvidose de los señores del campo y sus cultivos, olvidose del olor de la tierra en la mañana cuando se baña de rocío.

Hizo, pues, el hombre, fincas de recreo en las afueras de la ciudad, compró tierras y se hizo a latifundio en algunos casos. Quizo imitar al hombre del campo y sembró para sí, árboles frutales, verdes leguminosas, se hizo a cebollas juncas, plataneras y cafetos. Buscó la tierra y sembró.

Simuló, el poderoso, ser campesino y labró la tierra, desyerbó, sembró y regó, buscó maleza, dejó libre al mojojoy y devolvió respetuosamente a la lombriz de tierra. Vio el hombre, el hombre rico, que ser campesino era bueno e invitó a la finca, a compañeros y amigos, a familiares y lejanos, y les dio a cada uno del fruto de su labranza, los mandó con racimos y naranjas, con panela, con bonanza y se sintió orgulloso de volver atrás, de evolucionar al principio mismo de la labor del hombre: caza, recolección y pesca.

Terminado el fin de semana, llegar de lunes, el hombre fue rico otra vez, capitalista y dueño de feudo o de gran terreno, latifundista, comprador del producto del hombre de campo. Consumidor. Habitante de barrio bueno, visitante no de parque, sí de centro comercial. Ajeno.

¿Quieres leer un texto parecido? Lee, El retorno del hombre al fuego.

Seguro que mi suerte cambiará

Subo estas fotos mientras El Día de mi Suerte suena en la voz de Héctor Lavoe. Pensaba como siempre, qué escribir para acompañar la imagen, pues a excepción de las crónicas, lo que aquí escribo, lo hago sin pensar dos veces a modo de un diario personal. Pero yo, que no soy de escuchar letras, percibí la escencia de este tema y me pareció apropiado para la imagen de hoy. Apropiado no porque Guillermo esté aburrido con su vida, pues es lo contrario: un enamorado de esta vida, pero me pareció atractivo traer estas letras para la reflexión de ustedes.

Se trata de Guillermo León, un pensionado por el Seguro Social, mensajero de otros tiempos, que hizo de su bicicleta, el objeto de su reinvención y resignificación. Es una cicla acicalada con aspas hechas con discos compactos hechos veletas, una grabadora, un cuadro, un reloj, una tarántula y muchos detallitos más.

Les hablaba pues del texto para hoy, y aquí les dejo parte de la letra de El Día de mi Suerte por Héctor Lavoe.

Pronto llegará, el día de mi suerte; sé que antes de mi muerte, seguro que mi suerte cambiará

Esperando mi suerte quedé yo, pero mi vida otro rumbo cogió; sobreviviendo en una realidad, de la cual yo no podía ni escapar. Para comer hay que buscarse el real, aunque se una regla sociedad, a la cárcel te escribe mi amistad; no te apures que tu suerte cambiará. Oye verás.

Ahora me encuentro aquí en mi soledad, pensando qué de mi vida será. No tengo sitio dónde regresar Y tampoco a nadie quiero ocupar. Si el destino me vuelve a traicionar, te juro que no puedo fracasar. Estoy cansado de tanto esperar y estoy seguro que mi suerte cambiará y ¿cuándo será?

Sufrí la parte de mi vida ya, sin un complejo de inferioridad; por eso no me canso de esperar, pues un día Dios a mi me ayudará y el día que eso suceda escuche usted. A todo el mundo yo le ayudaré, porque tarde o temprano usted verá cómo el día de mi suerte llegará, y ya lo verá.

Muchas veces me pongo a contemplar, que yo nunca a nadie le he hecho mal, por qué la vida así me ha de tratar si lo que busco es la felicidad. Trato de complacer la humanidad, pero mi dicha aqui ha sido fatal. No pierdo la esperanza de luchar y seguro que mi suerte cambiará, pero ¿cuándo será?

El trajín de cada día

Mañana de confites en venta, mañana de eterna jubilación, mañana de silla y espera, mañana de clientes en potencia.

Se madruga, se lava la cara, se baña, se viste, se atalaja, se desayuna y se sale a buscar la papita diaria para no dejar el menaje cesante.

Se vende mucho, se vende poco, se espera y se aguanta el sol, se vende uno que otro y se organiza de nuevo la chacita, se barre el territorio, se sacude el zapato de esta tierra amarilla virulenta y casi omnipresente.

Se sintoniza algo que entretenga, se escucha un tema y la hora exacta, se saluda al vecino, se carga a la nieta, se vende de nuevo, se dan las devueltas.

Se miran los buses, se saludan choferes, se levanta la mano, se regala una sonrisa, se recuerda, se da la bienvenida a la nostalgia y luego a la tristeza.

Se empaca de nuevo, se cierra el chuzo, se camina a la casa, se saluda a la muchachada, se lava la cara, se baña, se viste de pijama, se atalaja, se come la papita sudada, se cierran los ojos y suspira.

Imágenes:  Sector  San Blas, Comuna 3 / Actualizando desde Manizales

Ojos que ven, manos que trabajan

– Má, ¿de cuándo es esa impresora con teclado?
* Eso es una máquina de escribir
– ¿No es un computador?
* No. Es simplemente una máquina de escribir, así se llama
– ¿Y cómo hace uno pa meterse a internet?
* Nena, Sólo sirve para escribir
– ¿Y cómo imprime?
* Uno va escribiendo y la hoja va saliendo de una vez
– ¿Pero, imprime en colores?
* Solo negro y rojo, para la letra roja, presionas esta tecla…
– ¡Ay qué risa! ¿cómo hacían ustedes pa vivir con esto?
* Normal, mija. Eso era lo que había, y no lo tenía cualquiera
– ¿Y cómo hacían para borrar o corregir?
* Con esa plastilina que ves allá… Se llama limpiatipos o con esta cuchillita que ves acá…
– Má, vos me estás tomando del pelo, ¿cierto?

Imágenes tomadas en el Centro Comercial Medellín, enseguida de la Plaza Minorista de Medellín

La camada de Irene

 

Cinco pelaos tiene esta mujer, que no conoció de cauchos ni televisores. Cinco bendiciones que como maná del cielo, fueron apareciendo en el buche inflado de esta mujer morena. ¿Morena? Sí señor, ¡Pa que vea! / El mismo Honorio no se la cree. Trigueño él, casado con mulata bella, que sus hijos salgan más blancos que los dos. Y qué va a ser infidelidad si él mismo los vio salir de la panza negra de su amada.

De izquierda a derecha:

Honorio, como el papá: Fue el primero en salir, casi de manera independiente. Ni se sintió, le cuento pues. De él, nada qué decir, juicioso, ordenado y limpio, controla sus esfínteres. Honor a su nombre y a su padre. Primogénito bendecido.

Turmequé: Bautizado así en honor al juego que tanto goza Honorio, en las noches allá en la cancha del barrio: el Turmequé o tejo que llaman. No le para ningún chiro en el cuerpo, no soporta ropa y posa y reposa como vino al mundo. No le conocen antecesor a sus azules ojos. Se mete a la boca cuanta carajada vea por ahí. Cochinito más bien.

Berenice: La segunda en mostrar su canto. Dicen que es parecida a Irene en su carácter. Si algo no le gusta, si se demoran con su teterito, si nadie le para bolas; sencillamente se hace popó, así, sin ton ni son, sin más ni más.

Tuquia: Consecuente con su nombre, come hasta el hartazgo y así mismo va manchando pañales. Lo que sí tiene Tuquia es que no llora… ni se siente, le digo. Al parecer Tuquia salió muda o por lo menos eso dijo Berta la partera, esa a quien llaman Mochilanga.

Coroncoro: Realmente se llama José, pero de noble no tiene nada. Fue el último en salir. Es la plaga de la camada. Llora sin descanso y cuando descansa es pa pegarle a sus hermanitos. Ensucia pañales a cada descuido, todo lo coge, todo lo daña. Ese culicagao es de los que en vez de decir pá o má en su primer balbuceo, es de los que va a decir “paputa” y vaya sepa usted a quién le escuchó la palabrita. Imagínese pues.

Venta de “traídos” (regalos para el 24 de diciembre) en Maturín, bajos de la línea B del Metro. Ventas temporales, autorizadas por la Alcaldía de Medellín.

Titantas canas

Esta mujer no es de la calle pero vive con un gamín. No es monja pero debe pagar un gran precio por cuidar de alguien. Vive en la urbe pero tiene sangre montañera. El momento en que está más bella es al despertar de su compañero de vida, que reposa como un bebé, que su piel descansa y se recupera. Esta mujer envejecerá como lo ordena la vida, llenará la testa de canas, caerá con la gravedad y su alma seguirá tan bella. Esta mujer recoje cada día las ropas mal tiradas de su esposo como a un niño. Esta mujer es mi esposa y está de cumpleaños. Toti, Feliz Cumpleaños. Te tocó vivir la vida intensamente con mis locuras.

Perdón que me atreva con este post, a dar homenaje en vida a mi esposa, pero el editor que soy yo, me dió permiso de esta breve pausa cotidiana.

Más cosas de niños

Quisiera que me colaboraran diciéndome más oraciones que hayan escuchado de niños, que incluso me serviría para una crónica que quero escribir.

Yan Camilo me cuenta: “Múnera, alguien me contó esta: Le preguntaron a una niña que era una lagaña y ella respondió: “Es el huesito de la lágrima”

Mauricio Botero me comenta esta: “Múnera, a mi hermanita Stephany, le pregunté una vez ¿qué estaba haciendo? y me respondió pegada de un switch en la pared “nada, aquí jugando a fundir este bombillo”

En el Departamento Administrativo de Planeación me contaron esta: Miguel Ángel, 4 años: “Gracias Dios por todos los dulces que me diste hoy”

Saris: Gracias querido Niño, por la reunión de profesores, puedo dormir hasta las 10.

Al 10 de Brasil, le tocó vender empanadas

Al parecer el pase del 10 de Brasil, no fue lo suficientemente rentable para sus dueños y ahora el 10 se quedó sin el pan y sin el queso, eso sí, quedó con empanadas para vender.

Esta es la nueva modalidad en cuanto a ventas de empanadas se refiere. Ellas van a Mahoma, calienticas y con su buen pique. Esa estética de acomodación la han copiado muchos ya, dicen que caben 100 empanadas bien acomodadas. Habría que contar. Usted los puede ver a los vendedores regados por el sector de la Bayadera, el Hueco y Guayaquil en Medellín, ofreciendo tan humilde manjar. Cada vendedor tiene tres salidas, es decir, 300 empanadas vendidas.

Iba en mi moto y no resistí la tentación de parar a pedirle permiso al mejor jugador de Brasil para tomarle la foto. Sector de La Bayadera, 7:45 a.m. / ¿Qué es una empanada?

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