Recuerdos de la ‘Señorita’ Luz, maestra jubilada

Aquí van cuatro recuerdos, pero si usted se pone a conversar con ella, se queda todo el día coleccionando historias. Relatos de Luz Tangarife, maestra jubilada de Amagá.

1.

Luz, acostumbraba a pararse como se paran las muñequitas de ballet, aunque su estatura no es la apropiada para esta disciplina. Maestra del magisterio antioqueño, Luz se paraba con la mano izquierda en la cintura, pero con los dedos apuntando hacia afuera, es decir, más elegante aún. Un alumno de su clase, allá en el 67, quedó perplejo ante el gran parecido que tenía la “Señorita Luz”, con una muñequita propiedad de su mamá. Esa semana, el niño el repetía insistentemente que eran “igualiticas”; hasta que cierto día, martes o jueves, pudo ser cualquiera, el niño se le acercó a la “Seño” con un regalo: la muñequita de la mamá, traída y autorizada como premio ante tal semejanza. Luz, conserva hoy el regalo de este pequeñuelo que hasta cuarentón será hoy día.

2.

Algún día, otro pequeño de la clase le hizo un regalo a Luz Tangarife, maestra de la Institución Educativa Pedro Estrada, se trataba de un labial usado de un rojo estridente. El niño insistía en que la “Seño” se aplicara el labial: “Profe, écheselo pues”. Luz, cogió el “zoquito” de labial usado y ante la insistencia del pequeño aprendiz, se lo aplicó como acostumbran las mujeres: labio inferior y un beso que parece amasada labial. Al salir a recorrer los pasillos de la Institución, Luz fue abordada por sus compañeras de labor y exhortada a quitarse semejante pinta de labio, que más que parecer mujer vanidosa, reflejaba el ser de otro oficio: “quitate eso querida que parecés una puta con ese color”.

3.

“Para los niños de aquella época, la maestra era algo sagrado, y en el Día del Maestro uno llegaba a la casa pero con bolsadas de regalos”, relata Luz, evocando a su Amagá del alma. Algún día fue sorprendida por un regalo en particular, al llegar a casa y desempacar, se encontró con un casete de música infantil, uno para niñas, según la apariencia externa; un casete rosado, empantanado y sin cinta qué escuchar”. No eran maldades que le hacían a Luz, eran regalos de verdad entregados por niños de primero de primaria. Ellos, en su inocencia entregaban lo que para ellos representaba alguna dádiva sentida.

4.

Al llegar a las siete de la mañana a trabajar, Luz fue abordada por un niño de cinco años, estudiante de preescolar e hijo de una de las cocineras del restaurante escolar. Al abordarla, el niño le pregunta: “Profe, ¿a usted le gusta el huevo cocinado?”, “Me encanta, mijo, me fascina”. Pocos minutos después, una vez instalados en clase, el niño se le acerca y le dice a la Profe: “Abra la mano”. Extendida la mano, un huevo cocido, sin cáscara y con la esfera destruida fue sacado del bolsillo derecho del pequeño bluyín y le fue entregado a Luz como un detalle de cariño.

A Múnera

Memo, déjame escribir mi agradecimiento en carta sencilla, romperla, botarla… esperar que me la encuentre de nuevo, armarla y obsequiártela. Allí estarán mis gracias.

José Guillermo Ánjel R. | Medellín | Publicado el 12 de noviembre de 2011 en El Colombiano.

Conversado Carlos Mario, he leído su libro El coleccionista de cartas, que es un libro escrito por usted y por muchos otros. Esos otros, anónimos, dejaron un rastro escrito en muchos sitios de la ciudad: papeles con diversos textos, dibujos, distintos tipos de renglón y caligrafías que van del trazo inocente a la firmeza motriz. Hojitas dobladas, arrugadas, partidas en trocitos, manchadas por la lluvia o la basura que les cayó encima. Un grafólogo encontraría muchas historias allí. Un psicólogo avezado, también. Y los lectores topamos con un mundo urbano que da cuenta de sentimientos varios, desde el amor hasta la más inmensa tristeza. Son increíbles los rastros que dejamos de nosotros mismos. Y más increíble es que alguien siga esos rastros y los clasifique para, en esa clasificación, generar una fuente de historias urbanas mínimas que tienen que ver con lo cotidiano, con el sentir de un momento y con lo que eleva la estima o la rebaja. Lo ser.

Charles Baudelaire creó el concepto de flaneur, ese personaje que se recorre la ciudad para mirarla, entenderla, sentirla y, de esta manera encontrarse en ella. Las ciudades (en un mundo urbanizado), son el nuevo espacio. Anteriormente, se buscaba la razón de algo en la naturaleza y en los eventos variables que ella producía. Hoy la naturaleza, cada vez más lejana y desconocida (no la sabemos nombrar, hemos olvidado los nombres que la significan), está siendo reemplazada por la técnica, las construcciones y la virtualidad. Pero en ese espacio urbano, fluyen los hombres y mujeres con sus pequeños sueños y frustraciones, con sus palabras cortas o mal interpretadas, con sus cuadernos y libretas y esa necesidad de expresarse frente a otro y lo otro. Lo estar.

En estas ciudades nuestras tan peligrosas (lo que evidencia el fracaso de la convivencia y de la racionalidad), producto de la corrupción y del estado intenso de naturaleza (el yo enfermo y delirante), una carta de amor, una de admiración, una cuenta hecha para comprar algo, un reclamo escrito, un sueño con dibujos, implican que todavía hay burbujas de humanidad y dignidad. Y esto es lo valioso de su trabajo, Carlos Mario, que en su recorrido por la ciudad (a punto de perderse) recogiendo trozos de cartas, boletas y apuntes abandonados o simplemente tirados a la calle en calidad de basura, haya encontrado mensajes que nos conmueven y confronten, que nos dejen reconocer a otro y darle un sitio entre las calles repletas y el hacinamiento constructivo. ¿Resistencia?

Carlos Mario Múnera, productor de televisión con estudios en diseño gráfico y periodismo. Su crónica de ciudad la publicó la editorial de la UPB. Es una historia de lo público y lo privado, que demuestra que una ciudad no es lo que parece y muestra sino lo que pasa en ella, que es lo esencial. Así no queramos.

La Tartana de Don Cuco – Alexánder Cuervo

John Alexánder Cuervo López, primer lugar en el género de Cuento, en el concurso celebrado durante la Semana del Idioma, Instituto Tecnológico Metropolitano. Medellín, 15 de abril de 2011

Don Cuco vivía en la loma, exactamente diez cuadras arriba del supermercado donde diariamente trabajaba llevando mercados en su automóvil modelo setenta y dos. La marca no la recuerdo porque fue lo primero que se le cayó.

Como acostumbraba, ese día se levantó temprano para tomarse la “totumada de aguapanela” con un buen pedazo de pan del viejo, del viejo de la panadería de la esquina. Su mujer y sus cinco hijos le ayudaron a sacar el carro empujado del garaje, para encenderlo y calentarlo, por lo menos media hora, como era debido antes de arrancarlo. El ruido que desprendía ese bendito auto era aterrador, algo infernal, sumándole la humareda y el terrible olor. Los vecinos le gritaban: “Cuco, viejo pendejo, dejá dormir; apagá esa cafetera, demente; nos vas a intoxicar a los niños, desgraciado”. Improperios a los que hacía caso omiso y el cucho seguía calentando su carro.

A los 25 minutos del calentamiento habitual, haciendo un ruido extraño, el carro se apagó, pero igual arrancó loma abajo dejando en el piso el parachoques, veinte tuercas, unas cuantas arandelas, resortes y un pedazo de manguera. Luego de la primera cuadra por la que rodó el endemoniado automóvil ya se le había caído la pintura, un retrovisor, la tapa de la gasolina, la masilla epóxica de varios arreglos anteriores, otro número considerable de tuercas y el rodillo del mofle. Don cuco mantenía firme el volante a pesar de que el carro en la segunda cuadra había dejado regados en el camino los stop, el capó, los retrovisores, las dos puertas y una de las ruedas delanteras con todo y suspensión. Los frenos no le respondían. En la tercera cuadra, se levantó por los aires el resto de la carcasa llevándose consigo el filtro del aire, la “concorgaña del gutiplin”, cuatro pedazos de manguera más y el bomper. La gente que veía la bola de chatarra bajando a gran velocidad, sorprendida decía: “¡Uy qué nave!”.

Cinco cuadras más abajo botó las dos ruedas traseras y el mofle completo con el silenciador de gases y todo. También mandó al carajo la batería, la correa del acumulador, la palanca de transmisión, los pistones de la chumacera, treinta resortes variados, la cojinería trasera y el ventilador lambicuánico. El cucho se aferraba cada vez más el volante y la apocalíptica procesión de partes seguía. A la sexta cuadra se vieron volar varios engranajes. La biela, la viola, unos cilindros, la rueda que faltaba y medio chasis con el tanque de la gasolina, que por un milagro no explotó. Pasando la séptima cuadra se le empezó a caer lo que hacía mucho rato no le funcionaba al carro: la calefacción, el cenicero, los interruptores, el radio pasacintas, las luces del tablero. Al lugar de trabajo llegó vivito y coleando, pero no lo parecía porque estaba completamente pálido y tieso, sentado en la silla que fue lo único que le quedó entero y aferrado al volante que cambio de forma debido a la manera como el cucho lo apretaba. En el pedacito de calle que le faltó para llegar al supermercado lo arrastraron siete gamincitos que le decían en coro “Don Cuco, regálenos una moneita”.

Tres días, ¡tres días! se demoró el “el pobre Cuco” en recoger completicas las partes del carro, a excepción de los “chirifrostis” y el alambrito con que aseguraba el seguro, que parecía se los hubiera tragado la tierra. El arreglo le costó más de lo que hubiera costado un carro nuevo, pero él siempre dijo que el valor material era lo de menos, que lo que más importaba, realmente, era el valor sentimental.

A Rafael le falta un tornillo

Hoy, mi invitado es Rafael García Zuluaga, autor del libro ¡Te falta un tornillo!, a quien la vida nos puso en el camino en el momento justo. Su trabajo es espectacular y quien ve sus obras en vivo, queda conquistado por su alma y su visión particular. Los dejo con la nota de Natalia Estefanía.

ESTE DISEÑADOR GRÁFICO cree que la realidad y la fantasía son una misma cosa, lo que se puede ver en su libro ¡Te falta un tornillo!, un álbum ilustrado creado a partir de piezas de ferretería.

Natalia Estefanía Botero | Medellín | Publicado el 1 de agosto de 2011 en ElColombiano.com / Fotos de Rafael García y Tatiana Melo

Es por esa manía de observarlo todo, pero no con sus ojos, sino desde ese mundo de la imaginación que habita, que Rafael García Vergara, vio un pequeño personaje en un macho para manguera. Aún no sabe para qué funciona, poco importa. Su mente va más allá de la funcionalidad de un objeto.

Al macho le atornilló un cuerpo y le pegó unos brazos, que le permitieron crear a Rafael, un alter ego fotoilustrado, el personaje principal de su libro ¡Te falta un tornillo!, en el que reafirma, a través de un relato sencillo, que la realidad y la fantasía son lo mismo.

Él lo ve clarísimo, en especial cuando un par de serruchos se alinean en el justo ángulo:

-“¡Mamá, mamá!, un ejército de dientes me quiere comer, dice Rafael.

-¡Qué disparates dices, mi amor, ¡Te falta un tornillo!”.

Nada es literal en su ilustración. Todo alude. Todo, porque este pequeño, como el mismo Rafael, ve cosas donde otros observan lo mismo, sin sorprenderse. “A veces creo que solo tengo un sentido, la vista y los otros se subyugan a éste”, dice.

Para este libro se pasó seis meses recorriendo ferreterías. Un cable largo blanco es el cuerpo de un caracol y un plafón de electricidad es la nariz de un marrano. Los serruchos arman las fauces de un cocodrilo y los tornillos son la melena de un sonriente león.

Aunque no hay que describirlo, es que todo en su trabajo es simple, pero a la vez profundo.

Sonríe cuando los niños ven su trabajo, ellos entienden al instante, como también terminan por hacerlo los adultos. Y les queda esa manía de cazar rostros en piedras gigantes al lado de los ríos, o de ver vacas o leones, colgados en rejillas de ferreterías.

Por eso será que “no me gusta tomar fotos a lo que respire”, añade con una sonrisa.

Su trabajo está en los objetos, los que bajo su mirada, simplemente revela su lado vivo. Un papel de lija en sus manos es el espacio infinito, esa zona profunda, donde están las galaxias del universo.

Siempre ha sido así, cuenta. De allí ha desarrollado su habilidad para contar historias gráficas, que recrea con técnicas mixtas. En especial, esas que son propias, que van a un ritmo distinto de su trabajo como diseñador para varias empresas de la ciudad.

Cada vez quiere dedicarle más tiempo a sus proyectos editoriales. Por ahora, batalló para sacar ¡Te falta un tornillo! , en pasta dura y a un precio módico para un libro con tanto proceso. Él cree que lo ameritaba.

Con ello lo puso a competir con otros de afuera. Algunas de las imágenes fueron seleccionadas para el Primer Catálogo Iberoamericano de Ilustración, en México.

Aspira a que sus textos hagan parte de talleres de lectura para niños. La idea es contar, pero también reflexionar, a partir de lo que más le gusta, ese malabar de imágenes que no siempre parecen lo que son. / Fin de la nota /

A quien esté interesado en contactar a Rafael o en comprar su libro, comuníquese al 314 728 9604 / rgarcia02@hotmail.com

“Tengo amores con Fabiola, con Teresa y con Raquel”, Leonel Ospina

Criado como fui, a la escucha de Cómo amaneció Medellín, Buenos días Antioquia, programas radiales llenos de costumbrismo narrativo y música guasca y montañera, es una alegría presentar un extracto del libro “Los Hijos del Pueblo, Amagá… ¡Un paseo por el cielo!”, de Mario de J. Montoya Cortés, que recopila la memoria del municipio de Amagá, de una manera personal. Se trata de un texto de 372 páginas con amplia información del municipio, producto de una investigación de tres años y un trabajo de observación y escucha de toda una vida. Del libro hablaremos en una próxima oportunidad, para dejarles la historia de Leonel Ospina, cantautor de música popular. Una excelente oportunidad para preservar la memoria rural de Colombia.

Leonel Ospina. Por: Mario de J. Montoya Cortés.
Foto facilitada por el club de fotografía el Poncherazo, de Amagá.

Fue para Antioquia lo que Guillermo Buitrago para toda la costa y ambos para Colombia: los más grandes, mejores y célebres cantores de música decembrina y parrandera, cuyas canciones sonarán eternamente. Leonel, uno de los más virtuosos para rasguear una guitarra, tuvo sus momentos de gloria en las décadas de los cincuenta, sesenta y tal vez a comienzo de los setenta, cuando sus canciones se inmortalizaron con el tiempo: María Teresa, El Jardinero, Ya nació el niño y muchísimas más, que al igual que, El año viejo, del gran compositor Crescencio Salcedo, en cien años todavía estarán escuchándose con las melodiosas voces de Ospina y Tony Camargo y por sus hermosos mensajes navideños.

Estando en la cima de su carrera artística y viviendo en Méjico, su vida comenzó a llenarse de sombras por su bohemia melancólica, la dulzura de unos labios femeninos y el juguetón requiebre de unas caderas seductoras que lo llevaron a la perdición, hasta quedar en las lamentables condiciones que mucho amagaseño conoce.

Desde el comienzo de esta obra estuve tratando de encontrarlo, hasta que el martes 22 de julio de 2008, a las ocho de la mañana, me parqueé en el edificio Coltejer, yendo y viniendo desde la avenida Oriental hasta la carrera Junín y viceversa, añorando la lámpara de Diógenes, no para encontrar un hombre en medio de tantos que se confunden en la multitud, sino a un gran cantante de voz ya apagada y decidido a contactar a un jardinero que llevó “{…} a doña Enriqueta, un ramillete de fresquísimas violetas”, que pregonaba que tuvo “{…} amores con Fabiola, con Teresa y con Raquel{…} con Lucía, con Lucrecia y con Jahel”. Hasta que a las 11:45 vi venir a un hombre anciano con un sucio morral sobre su espalda enjuta y corcovada, con cabeza gacha, mirada perdida y brazos entrelazados atrás, de lerdo caminar “como perdonando al tiempo”, en palabras de Piero, o desafiando al viento o enfrentando al olvido y la soledad, según su destino y sin importarle quién pasaba a su lado o quién sabía de su gloria. Lo abordé con idolatría y respeto con el ánimo de conocer más de su pasado glorioso, por tratarse de uno de los más grandes y sobresalientes hijos del pueblo que orgulloso lo vio nacer y cantar como un zorzal.

No fue la primera vez que se veían la gloria, la música, el arte y la agonía caminando juntos, yendo por el mundo sin rumbo fijo. Vagabundeando errantes sin tener dónde quedarse o a dónde irse… y sin con qué. Sólo basta recordar al gran Gauguin, quien en su elucubrante bohemia cambiaba sus obras por licor, y al maestro Crescencio Salcedo, que murió solo y tristemente abandonado, pero dignificando su nombre vendiendo flautas en Junín con la Playa. Pero este gran cantante que conoció la hipocresía de las felicitaciones cuando era internacionalmente famoso –que no supo administrar sus quince minutos de gloria– es un hombre que sobrevive por sí mismo. Cuando el anfitrión se demora en invitarlo a un almuerzo, pide como aquel sabio cautivante y cínico de la lámpara nacido en Sinope: “Te pido para mi comida, no para mi entierro”,

Esta frase, melancólica y triste, satíricamente lanzada por un genio, podría transferírsele a los poderes del estado y a la sociedad que demoran para arropar, proteger y tener a alguien que fue gran patrimonio nacional, en lugar de pasar asqueados, arrogantes, desafiantes y fríos por su lado, tal vez esperando su entierro para hacerle algunos discursillos hipócritas lamentando “tan irreparable pérdida para la patria, de un virtuoso de la música, la guitarra y el canto”, y vendrán todas las emisoras a rescatar su música archivada, poniéndola a sonar todo el día. Y las disqueras aprovecharán “los momentos de angustia y de dolor” para hacer una recopilación de sus mejores canciones como “homenaje póstumo a su recuerdo”. Mientras que el filósofo odiaba el poder, la cultura, la sociedad y la riqueza, viviendo en un tonel, el cantante vive en un túnel sin verse la luz en su final, tal vez añorando que el poder, la cultura, la sociedad y la riqueza se acuerden de él.

Cuando intenté asomarme a la intimidad de sus silencios, sólo recibí respuestas vagas e incoherentes que no le dirían nada a la posteridad, y en su monologar sin sentido, a veces tuvo destellos de lucidez, recordando que empezó a cantar cuando escuchó la canción Los Ciclistas, y a sus intérpretes, Los Trovadores del Recuerdo. Hasta me cantó sus primeros versos todavía con el timbre de su melodiosa y afinada voz, pero ya melancólica y cansada. Y esos destellos de breve luz se vuelven sombras nuevamente cuando dice que va a volver a cantar y a subirse a los escenarios, y no se cansa de repetir: “es que me tienen envidia”, porque considera que fue superior a Belisario y a Carlos Julio Ramírez e igualado sólo por Los Panchos. mientras tanto va esculcando en su morral, sin saber qué buscaba realmente. Primero saca una hoja con los rostros y nombres de algunos presidentes a quienes les cantó, que de seguro lo hizo cuando “era importante”, pero que ahora “me sacan el cuerpo” según dice. Luego me ofrece en venta un libro grande de antónimos y sinónimos inglés, español, “para que saque de ahí todos mis datos, porque en él está contada toda mi vida”.

Durante el encuentro que fue cordial y reconfortante para mí, sospeché que sí puede hilar con exactitud y rigor sus historias, y con sutileza indígena las niega o las transforma, porque siempre habla de dinero o de que muchos se han aprovechado de él para explotarlo y además, “porque quiero un libro sólo para mí, que sólo se hable de mí”, a lo que trato de explicarle que mi intención es la de hacer conocer por las nuevas generaciones, a las personas que por uno u otro motivo se hayan destacado en cualquier actividad que merezca contarse, y que él es para mí, uno de los más sobresalientes hijos del pueblo.

Este hombre que fue muy famoso, no produjo en mí, lástima o compasión, sino rabia, dolor y rebeldía por la crueldad de un destino buscado pero no merecido, porque es uno de los grandes que el tiempo inmortalizará. Aquellos a quienes invade el delirio y la nostalgia de la persecución de la fama, siendo una de tantas viejas glorias que abusó de ella cuando estaban en el pico más alto, sin avizorar que el paso de los años no tiene piedad con nadie, ni aún con los ídolos, derrumbados por la misma fragilidad con que fueron idolatrados. y Leonel –con su ropaje de pastor–, es el mismo hombre de elegantísima figura y de gran apariencia física, limpio y pulcro como fue, que cambiaba de vestido dos veces al día y que enloquecía a las mujeres, cuyos rasgos finos aún se advierten en su rostro avejentado, aparentando más de sus setenta años, de mirada vaga y aspecto descuidado, habiéndose casado con una hermosa mujer de familia adinerada. Para atajar lágrimas de rabia cuando escribo esto, me solazo escuchando una de sus tantas interpretaciones, que muchos no conocen y que recomiendo sobre todo a los jóvenes para que degusten cómo se pulsa una guitarra con su deliciosa cadencia y cómo canta un ruiseñor:

“Ay qué modas, qué moditas, que está usando la mujer  / de tantas que están llegando, no saben cuál escoger (bis). Por ahí andan por la calle caminando tongoniao  / con la espalda destapada y el ombliguito pelao (coro) Qué moditas, qué modas, esto me tiene aterrao / señoritas y señoras con el ombligo pelao (bis). La moda del ombliguito este año si se metió /  la minifalda y la maxi con él si se cayó (bis). Ya sean bonitas o feas, caminan de medio lao / y para que más suframos, andan con él destapao (coro–bis)”.

Continuar leyendo

Medellín ¡cómo estás de pispa, querida!

Por Mario de J. Montoya Cortés, Exalcalde de Jardín. Escrito el 27 de octubre de 2010 con ocasión de los 335 años de Medellín

Miles de personas han exclamado ¡Medellín, cómo te ves de linda, de noche! No es solo por pispa y linda, sino por la grandeza de tu presente y pasado, por el futuro que podrán vislumbrar los niños y jóvenes que hoy te honran y juegan a ser grandes.

De día eres malgeniada, correlona, tumultuosa y enrarecida por la contaminación, al atardecer eres agitada, impetuosa, arrebolada y querendona, mientras las esteras van extendiéndose para el encuentro con el amor. De noche eres una hermosa dama que a todos emboba: excitante, desinhibida y juguetona.

Eres fascinación misteriosa, pujanza, raro encanto y esplendor hechizante, como Scheherezada, contando sus historias al Rey Shahriar. De cuerpo seductor y sonrisa luminosa, bella para amarte y para amar en la estera extendida, tu hermosura cautiva la voluntad de los amantes. Al mirarte desde lejos el cerebro se llena con la belleza de tus suntuosos edificios, tu arboleda oxigenante y variopinta, tus grandes obras: Pueblito Paisa, Plaza Botero, Parque de los Deseos, Parque Explora y su acuario, Orquideorama, Jardín Botánico, Biblioteca España y el Metro Cable.

El corazón palpita de amor puro por ti, hermosa matrona de más de 300 años que, adornada con fastuosidad, sigues siendo y bella como una muchachita en flor, así te hayan violado y deshonrado muchas veces. Eres como la piedra tirada al agua de Salvo Ruiz, que hiere mientras el agua vuelve a cerrar. ¡Doncella de todos!
Algunos sólo ven la noche de tus ojos para infamarte y delinquir. Pareciera que la violencia se cebó en ti, Medellín del alma. Algunos escritores son felices desacreditándote, te arrinconan y te humillan mientras la sangre los seduce y enriquece. Dicen que no puede ocultarse la verdad y que sólo reflejan una realidad social. Cientos de miles decimos que sí, que ya lo sabemos, pero que no nos lo estreguen más.

Olvidan que fuiste llamada Aburrá de los Yamesíes, San Lorenzo de Aburrá, San Lorenzo de Aná, Valle de San Bartolomé, Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Aná, Villa de la Candelaria, Valle de Aburrá, Bella Villa y Medellín Metropolitana, Tacita de Plata,  y que sigues siendo Ciudad de la Eterna Primavera.

Que bebieron de ti y bebiste de ellos, personajes tan ilustres: Alejandro Echavarría, Santiago Mejía, Tomás Carrasquilla, León de Greiff, Ricardo Rendón, Porfirio Barba Jacob, Efe Gómez, Jorge Robledo Ortiz, Juan Zuleta Ferrer, Fernando Botero, Belisario Betancur y otros ex presidentes, Gonzalo Arango, Manuel Mejía Vallejo, Fernando González y muchos más, como también muchos deportistas de talla mundial, humoristas, silleteros, trovadores, cantantes famosos, científicos, reinas de belleza y todas las mujeres paisas, tan bellas como tú.

Que existieron el Hipódromo San Fernando y el Aeropuerto Las Playas donde murió Gardel en 1935; los teatros Bolívar y Junín y el Circo Teatro España; los edificios Carré y Vásquez construidos en 1895 convertidos después en hospedajes de mala muerte y de compradores y vendedoras de sexo, pero ahora renovados y exhibidos con orgullo; los viejos Cisneros o Guayaquil, donde han conseguido riqueza muchos montañeros con sus cacharrerías, graneros y puestos de frutas y verduras; donde se encontraban al por mayor los culebreros, adivinos, magos y yerbateros; bobos, personajes folclóricos, payasos y muchachos volados de sus casas, y que también eres tierra de parias,  putas y gente noble como algún día dijo de su Concordia natal nuestro admirado, Ñito Restrepo. Donde se reunían poetas, escritores e intelectuales famosos y la más rancia estirpe de la oligarquía paisa con el oropel de la riqueza y tantas otras historias de las que se pudieran surtir Jorge Franco, Víctor Gaviria, Alonso Salazar, Gustavo Bolívar, entre otros.

Pero no, vale más la utilidad renovable que rinde un capital y el embeleso morboso de la gente, que la pispa y venerable Medellín. Aun así ¡Como estás de pispa, querida Medellín!

¿Dónde quedaron el lápiz y el papel?

Texto de Karol Indira Romero, docente de Diseño Gráfico.

Jalando las orejas ando, a mis alumnos los nuevos diseñadores, y ahora invitando a todos aquellos que lean este texto a que me ayuden a llamar al orden a esos que se hacen llamar nativos digitales, esos que forman parte de la era digital, de la sociedad de la información, donde hasta el pensamiento sale de un aparato electrónico y las ideas son recicladas de diccionarios web.

Cada vez es más frustrante ver como los nuevos diseñadores se olvidan del lápiz de madera, del bisturí y del sustrato y el para qué sirven, y lo curioso es que se asombran al encontrarlo a uno como docente con estos tres elementos, produciendo ideas para un futuro, rayando y plasmando, simplemente por el hecho de satisfacer el cuerpo.

Tengo heridas de guerra en todos mis dedos producidas por mi X-acto que nunca me abandona. Más de un jean lleno de Sacol y Pegaucho, vinilo o Ecoline -que dizque salían con agua-, pero penetraron sus fibras y se aferraron a ellas, como para que nunca se me olvide que sin ellos no sería lo mismo.

Me pongo muy triste al ver mis alumnos valiéndose constantemente de plantillas, fondos, fotos, vectores y hasta logos ‘customizados’ para luego llamarlos “creaciones propias”. ¡Es irónico!, se supone que estudian diseño, lo que significa crear, comunicar, proyectar y visionar, sin embargo, a veces se pasa por mi mente que lo hacen simplemente para obtener una licencia de conducción de computador, o en mi lenguaje, para graduarse como choferes de computador, olvidando que el buen diseño, sea cual fuere su rama (arquitectura, vestuario, modas, gráfico, etc), resulta del buen proceso creativo, de la indagación, del análisis, del palpitar de los ojos, del encuentro de los sentidos, de la bocetación, de las rayas, del juego entre el yo y el papel, no de un aparato con teras de capacidad, eso simplemente agiliza nuestro trabajo.

No quiero que se entienda el diseño como un tema únicamente académico, ese cuadriculado y castrador, que por muchos profes es impuesto, yo hablo del diseño, donde tenemos la libertad de plasmar en un sustrato lo que tenemos en la cabeza, del diseño que permite nuevas tendencias y nuevas expresiones, del diseño que te deja expresar lo que a muchos nos cuesta  a veces hablar.

Quizás suene a carreta, pero esta carreta me hizo diseñadora y siento que no una cualquiera, una buena. Puede que me caracterice por mi torpeza en el dibujo, pero logro con mis torpes líneas generar bocetos de grandes ideas. ¿Vieja escuela? sí, doy  gracias a mi creador por eso y alabo los alcances de mis compañeros de escuela, esos que todavía andamos con el bulto de colores de primaria y por más ejecutivos que seamos, siempre que abrimos nuestra maleta, vamos a encontrar cualquier herramienta gráfica, la menos pensada, la más inesperada.

¿Qué pasó, pues, con el lápiz y el papel?, ¿qué pasó con los rayones de los muros, las sillas, las mesas y hasta las puertas de los baños, que lo dejaban a uno pensando?, ¿Qué pasó, con ese preludio a la creación, qué pasó con esa danza misteriosa entre los ojos, la vida cotidiana, el lápiz y una simple hoja?, hasta en una servilleta dibujamos grandes ideas, en pedacitos de papel como el que cubre los cigarrillos, la etiqueta de una cerveza o cualquier superficie donde se pudiera plasmar lo que el cerebro quería escupir.

Abrid los ojos, empuñad vuestros lápices y comenzad a batallar, puesto que ya todo ha sido creado, pero falta todo por inventar.

INDY

Soñar con ventanal propio

Arturo Guerrero | Medellín | Publicado el 30 de marzo de 2011. Tomado de Opinión, de ElColombiano.com, con autorización del autor

Arturo Guerrero

La retórica ha nombrado desde siempre techo en lugar de casa, la parte por el todo. La metonimia o sinécdoque ha querido que sea la cubierta superior la que simbolice la vivienda entera. Los hogares suspiran, así, por hacerse a “un techo propio”.

El reinado de pajas, tejas y planchas parece estar feneciendo. Otros componentes de la casa o apartamento toman primacía en el gusto contemporáneo. Una de ellas fue prevista por Le Corbusier: “La historia de la arquitectura es la historia de la lucha por la ventana.

La ventana ha estado durante más de mil años luchando por las más grandes dimensiones posibles, en contra de las limitaciones impuestas por los materiales y métodos de la construcción”.

La gente de hoy no aspira al techo propio sino al enorme ventanal panorámico. Busca luz y alta vista, en lugar de encierro y protección contra trueno y tigre a la manera de los indígenas que no tuvieron ventanas.

Tampoco quiere las coloniales aberturas rectangulares en el muro, clausuradas del exterior mediante barrotes y postigos de madera.

Incluso es caduco el moderno y funcional concepto de la era industrial, con hormigón, hierro y vidrio, que permite iluminación, ventilación y contacto con el exterior.

A comienzos de la segunda mitad del XX, Le Corbusier vislumbró la ventana del futuro, que es hoy: ya no más cuadrículas dentro de un muro, espléndidas láminas de vidrio reemplazan madera y ladrillo permitiendo observar naturaleza y cielo, en sensación de amplitud y libertad.

La nueva ventana es muro y cubierta, es solárium e invernadero, observatorio estelar y jardín traslúcido, nave espacial y escafandra, árbol con nidos, horizonte imbatible, línea de fuga, plataforma de imaginación, pista de contemplación, atalaya hacia el fin del mundo.

No es ventana, es ventanal, mirador que en vez de ocultar ensancha el universo. Es regalo al ojo, liana hacia el verde natural, sonda que conquista la noche planetaria, torre de control anímico.

El ventanal multiplica por mil la escasa área interior de la vivienda, regala sin escritura un aire extendido y sólo disputado por pájaros y aviones.

La humanidad no requiere más de techo, ahora exige inmensidad en tanto espacio público compartido desde la ventana.

Espacio que sea inembargable, como fértil es la capacidad de soñar en mundos más allá de la oficina, del almacén o de la fábrica.

Esculcar al interior de un rostro

El hombre, varón impulsivo y primitivo, arrastra en su inconsciente colectivo el recuerdo y la memoria de un apareamiento lejano, animal; la imagen de la cópula primitiva donde no veía el rostro de su pareja imitando el proceder animal que lo rodeaba. Este no es el caso que vengo a presentar. En las presentes fotos, la concentración está en la mirada, en la cabeza, en la corona que maneja el resto del cuerpo. Estas fotos son de mi amigo Mario Correa Tascón, el mismo que sin conocerme invertía tiempo y metal en llamadas desde Alemania y hoy me llama como quien llama a un amigo. ¡Todo un honor! y más el ser su amigo. Ya me puedo sentar con él a la mesa.

Esta no el la mirada del primitivo, es la del especialista, la del siquiatra, la mirada del que quiere esculcar el interior, pero cansado quizás de tantas abstracciones mentales, de tantas teorías y gramos de medicina recetada, se deleita en ver el forro que contiene tan enmarañados pensamientos y un gran océano de recuerdos, arquetipos y miedos. Esta es la mirada de quien quiere ver las muecas, los gestos, la belleza inherente del ser humano.

Mario es un coleccionista de rostros, un coqueto, un hablador, un admirador, un adulador. Sensible, apasionado e inteligente. Mario detiene rostros con sus cámaras. No es fotógrafo, pero tiene hambre de belleza como todo ser humano. Es profesional de la medicina, pero gusta aprehender estéticas y guardarlas para sí. Estas fotos se las saqué “a la fuerza” tomando café con él y otro amigo, imágenes que me atraparon, que dejan ver la intimidad de los posantes en sus ojos. ¡Me encantas esas fotos!

El primero, se me antoja como un Jack Nicholson, el tercero, como un joven Sir Elton John, los del medio… digan ustedes.

Docencia, alumnos y pedagogía, una discusión práctica

Por Juan Diego López, Decano de Diseño Gráfico de la Corporación Universitaria Remington. / Imágenes: Carlos Múnera en TomaTodo 4, Amagá.

El texto es una carta (30 de noviembre de 2010) de Juan Diego a una compañera suya, en un diplomado con el Ministerio de Educación Nacional, con respecto a los modelos pedagógicos, en respuesta a una molestia por un comentario. Omito el nombre de la destinataria.

Para mí y para muchos de quienes participamos en la Escuela de Docentes de Ciencias Sociales de la UPB (casi nueve años) donde mediante el esquema de seminario Alemán, reflexionamos sobre la práctica docente y como define Octavio Toro, el acto pedagógico, una de las grandes conclusiones es que un modelo pedagógico en sí mismo no es nada práctico, así como una metodología de investigación, en el trabajo de campo de la investigación de mercados, tampoco es muy útil, es necesario la combinación y adecuación de modelos en el espacio y tiempo dependiendo de varios factores:

1. Temática

2. Tipo de docente

3. Características generales y particulares de los estudiantes (el más importante)

4. Competencias a desarrollar.

Así que cada docente, como bien lo dices, ajusta todos esos factores con el fin de lograr el objetivo de formar. Así que puede que el tema de la semana 1, requiera conductismo y el de la 2, un proceso más constructivista, o que el estudiante Pedrito Pérez no aprende sino es con el acompañamiento extremadamente paternalista de un conductivismo extremo…

Es muy distinto a decir que en una institución no haya un propósito pedagógico formativo. Desde lo institucional debe definirse un modelo instruccional, unos procesos y procedimientos, políticas de evaluación y toda una cantidad de cosas que giran alrededor de la filosofía y propósitos institucionales, pero no significa que todo parta de modelos pedagógicos, como yo lo veo, el modelo pedagógico (cualquiera que sea) es un referente para trazar estrategias de formación, pero no puede ser el pilar de ello.

Yo he trabajado en varias instituciones de educación superior, ninguna de ellas puedo considerarla de baja calidad, por el contrario, he sentido orgullo, aprecio y respeto por ellas, pero en ninguna de ellas, como docente, recibí capacitación u orientación para aplicar su modelo pedagógico, el ejercicio docente se basa en la experiencia de enseñanza (no digo pedagógica) de cada quien, la respuesta de los estudiantes a tal enseñanza y la relación con los jefes. Aunque conozco los modelos pedagógicos, no parto de ellos para planear mis asignaturas, parto de los factores mencionados antes y no por eso he sido la piedra en el zapato de las instituciones, jefes o estudiantes.

Uno de los docentes menos eficientes que he tenido en mi vida es todo un pedagogo que nos apoyó en un módulo llamado Evaluación y seguimiento en un diplomado de formación universitaria contemporánea, precisamente porque él estructuró su módulo basado en un solo modelo pedagógico, previendo una tipología de estudiante que él supuso tendría allí, pero tanto él como nosotros nos estrellamos con ese modelo, no sirvió más que para sembrar mal ambiente e indisponer a los estudiantes (todos docentes universitarios), el mejor docente que he tenido en mi vida fue un hombre que no pasó de quinto de primaria, sin embargo, era profesor de física, electrónica, química, francés, español, filosofía (en once, en el colegio)… quien lamentablemente fue retirado del colegio por alcoholismo… pero el mejor maestro que he tenido en mi vida es mi papá, quien ni siquiera logró su título de bachiller pues en quinto de bachillerato tuvo la misión más importante… ser papá. Eso lo hizo convertirse en un maestro, y a sus 55 años le puedo preguntar qué sabe sobre modelos pedagógicos y seguramente no responderá.

Con todo el respeto que merece la pedagogía y los pedagogos, no me parece que sea ese el punto de partida para la educación, el punto de partida para mi es el deseo y necesidad de alguien de aprender, hasta ahora no he tenido la experiencia de que un estudiante me diga “profe, vea que acá en la universidad manejamos el modelo X y usted no está enseñando diferente…”, de hecho, ni siquiera en mi primera experiencia docente, dada en la UCC con estudiantes de educación infantil, cuando en medio de mi crudeza como docente les pregunté a ellas, futuras licenciadas en educación, cómo les parecía que les explicaba la teoría de la imagen y manejo de recursos didácticos, la más joven de ellas, (2 años mayor que yo en ese momento) me dijo con pasión y sabiduría, “profe, como usted se sienta mejor y como no nos haga conversar pendejadas en clase, sino participar”.

Claro que esa respuesta tiene implícitos varios modelos mezclados y desde lo instruccional, un modelo “en construcción”, pero eso no se da, ni se ha dado previo a un curso, sino durante la experiencia de conocer al otro.

Dentro de poco se gradúa uno de los estudiantes más creativos que he tenido en mi programa, él, tiene un serio problema de aprendizaje y atención, diría que fue desahuciado por varias universidades y nosotros le dimos la oportunidad de ser él, con compañeros “normales” y sin pensar que formarlo requería un modelo diferente, es claro para nosotros los docentes que no podrá ser gerente de una empresa, pero logramos el objetivo fundamental para nosotros, que él y sobretodo su familia creyera en sus capacidades como ilustrador y creativo y que sienta confianza para buscar clientes y ofrecerles su talento, de hecho, lo hace desde segundo semestre diseñando empaques.

Con todas estas anécdotas lo que quiero aclarar es que -para mí- los modelos pedagógicos en la educación no son ni principio ni fin, son solo referentes.

Los Silleteros – Daniel Romero

Trabajo ganador de una de las BECAS PARA LA CREACIÓN ARTÍSTICA Y CULTURAL DE LA ALCALDIA DE MEDELLIN 2010, en la modalidad danza folclórica.

El montaje tiene por nombre “LOS SILLETEROS”, que rinde homenaje y exalta la tradición de nuestros campesinos silleteros. El montaje incluye danzas folclóricas como el  pasillo, las vueltas, redova, bambuco; ritmos populares como el porro y la salsa. Se hace un recorrido por el proceso de siembra, cultivo, recolección, elaboración de silletas, fiesta en Santa Elena, para culminar con el evento más representativo de nuestra cultura: el Desfile de Silleteros.

El grupo responsable de este trabajo es la Corporación Cultural Hojarasca, entidad sin ánimo de lucro dedicada por 15 años a la conservación de la tradición dancística de Colombia, los acompañan musicalmente la estudiantina “Los Silleteros de Santa Elena” conformada por campesinos silleteros de este corregimiento, quienes celebran 25 años de su fundación.

En mi galería Flickr se encuentran alguna tomas de dicho trabajo y otras más están en: http://picasaweb.google.com/tipsir2005 / http://www.flickr.com/photos/dafero/ Video en: http://www.youtube.com/watch?v=vEF_IU_CkDw

Homenaje de La Tropibanda a Gustavo ‘El Loco’ Quintero

La Tropibanda (la del suegro) quiso rendir tributo a uno de los grandes exponentes de la música tropical, Gustavo “El Loco” Quintero. Contiene los discos: Carita de ángel de Enrique Agilar; Para Santa Marta de Adolfo Echevarría; Ramita de Matimbá, de Samuel Rosento Martínez; Ese Muerto no lo cargo yo, de Graciela Arango de Tobón. Los arreglos y la dirección son de Carlos Mario Ortiz y la producción de Pedro Muriel.

“Queremos regresar a Colombia”

Escribe Dora Galeano, 20 octubre 2010

“¡Me encanta este tema! Qué se siente el estar fuera de tu país. Sientes que no estás completo, es como si hubieras dejado el corazón en Medellín. Llevo más de la mitad de mi vida en este país, 30 largos años, y no ha existido un día en el que no quiera regresar.

Cuando voy a MEDELLÍN, quiero llevarme la piel saturada con olor de gente amable, de vecinos que has conocido por toda la vida, de paisajes que solo en Medellín puedes ver, del perro callejero que hace que me detenga a darle una caricia, del anciano que ayudo a cruzar la calle, de nuestra variedad de sabores en la mesa, solo por mencionar unas cuantas cosas.

Lo que se siente vivir fuera de nuestra tierra: nostalgia, dolor, deseos de que los años pasen y cumplir 55 para regresar a mi rinconsito paisa. Te doy a ti mil gracias porque día a día me haces sentir, con tu blog, que sigo siendo antioqueña y que allí hay un lugar esperando por mí. A todos los que como yo, estamos fuera: ¡TENEMOS QUE REGRESAR A NUESTRA COLOMBIA BELLA!

Paraíso Travel – Esa nostalgia de estar por fuera de Colombia

Cuando El Colombiano.com me invitó a ser parte del área de blogueros, mi blog tenía como público primario a docentes, investigadores, periodistas y amigos cercanos, ese blog aún existe y está en la dirección www.carlosmunera.blogspot.com.

Cuando comencé este que ustedes leen, se fue configurando de manera diferente, ya que el público se tornó distinto, siendo la mayoría, colombianos que están por fuera del país.

Así que he tratado de mantener un equilibrio entre el trabajo que vengo desarrollando con la imagen y la estética de una manera muy digerible, las crónicas o textos cortos que recuperan la memoria de la ciudad y contenidos que, al parecer, mantienen aferrados a los colombianos radicados en el exterior con su tierra.

Con varias personas he comentado que ni yo mismo sé lo que significan mis fotos y mis textos para esos lectores que me leen desde fuera de Colombia. Lo presiento, lo atisbo, pero hasta que no esté por fuera durante años no sabré el significado que tiene para esos lectores.

Expongo esto, para escribir una serie de pensamientos alrededor del tema esta semana y que espero sean comentados por ustedes, lectores que me leen desde fel exterior. Escribo motivado por las palabras y la invitación a tratar este tema que me hace Juan Celis, de quien dejo visible su comentario y participación para con el blog.

15 de octubre de 2010 “Pues, don Carlos, comienzo diciendo que uno cree que lo de afuera (en mi caso, USA) es una vida mejor, y deja uno una ciudad donde lo tenía todo, especialmente VIDA, para venir uno acá a trabajar duro, tener “comodidades” que nunca se habían necesitado, buscando las similitudes con la tierra de uno en cada cerro, cada calle, y todos los días viendo que todo es muy diferente.

Comienza ese presentimiento de que uno se equivocó, justo cuando ya tus hijos se adaptan al lugar. Empieza la dualidad de casi todos los que vivimos afuera: ¿nos quedamos, nos vamos, me voy se quedan? Además del miedo de llegar a Colombia y no encuadrar ya por la edad, la falta de oportunidades. Porque ir de vacaciones dos semanas y pasar rico no es lo mismo que quedarse del todo. Pensar que te vienes solo porque tu familia no quiere ya volver, en fin, creo que somos muchos los que tenemos ese dilema. Cada vez que llegamos a Medellín se nos intensifica el deseo de quedarnos del todo.

Quisiera recordarle a cada paisa, que viven en un paraíso, que la felicidad está en las cosas simples, en los detalles comunes que se ven todos los días, (que no se perciben hasta que están por fuera),o como su sensibilidad que nos hace ver la esencia en cosas tan simples como un matero, una silla, etc., esas cosas que vemos nosotros cuando estamos allá, el sentarse en una cafetería en la carrera Junín con Sucre (Donde el pan es rico) para ver pasar gente, carros y sacarle ‘jugo’ a ello. Son cosas que uno no se imagina cuando vive allá, hasta el acento de un paisa, don Carlos, es increíble cómo percibe uno todo eso…”.

Así, con estas palabras de Juan Celis, invito a todos esos lectores que han comentado y que aún no lo han hecho, a que participen contándome sus experiencias, su nostalgia, su dolor o su alegría estando afuera de Colombia. Toda esta semana estará dedicada a sus comentarios acerca del tema. ¿Qué tienes para decirle a los que nunca hemos vivido por fuera de Colombia?

En la imagen, unos sencillos cuadros de varios paisajes y un matero con carpeta y croché como soporte. Pertenecen a una señora, retirada de su trabajo, en Valparaíso, Antioquia.

En ese estado conocí los trenes

Por: Yuliana Betancur Cuartas

http://www.flickr.com/photos/ybetancur/sets/72157624567945098/show/

http://www.flickr.com/photos/ybetancur/sets/72157624567945098/

Solo me tocó conocer los rieles por donde pasó el tren porque nací un año antes de que cerraran los talleres y el tren dejará de funcionar. Crecí con las historias de la abuela sobre el chucu chucu chu y el tuuu tuuuu tuuuu. Del tren y los viajeros de sombrero que pasaban por estas tierras, de los muchos que se quedaron y de los otros que partieron. -Demás que mi abuelo llegó en tren, porque la abuela recordaba muy bien las historias-.

Eso sí, los trenes que conocí estaban en fotos o en la Alpujarra. Pero en la visita a los antiguos Talleres del Ferrocarril, en Bello, Antioquia, me di cuenta donde los tenían guardados, o mejor, mal guardados, abandonados, tirados.

La visita se dio, justo en el boom del Bicentenario del país, donde a muchos les dio por hablar de patrimonio y mostrar las hermosas edificaciones cargadas de progreso para Colombia; pero poco escuché hablar del Ferrocarril con sus trenes y sus talleres, sistema de transporte que permitió en parte el progreso para Antioquia y que la sacó de las montañas hasta el mar.

En los talleres aún habita la energía de los cargueros, se puede sentir el latir de las máquinas y el sudor de los obreros. Cuando uno pasa por las taquillas, se siente el ir y el venir de los muchos pasajeros y el tintinear de las monedas en la compra de tiquetes en las taquillas. Es posible sentir la llegada de las moles vaporinas, el olor del humo y lo áspero del acero.

Desde 2006, está latente el proyecto de convertir los talleres en un Parque de Artes y Oficios para Antioquia, pero hasta hoy, todo sigue igual. El lugar sigue cargado de maleza; los trenes y sus partes están llenas de oxido y cercados por el estiércol del ganado que hay en el lugar. Las edificaciones están deterioradas; los techos, podridos y a punto de desplomarse; las oficinas de madera están siendo acabadas por el comején y las telarañas envuelven el lugar.

Después de ver y sentir esto, me queda claro el nombre con el que se conoce el sitio: ‘Cementerio de trenes’. Al igual que los cementerios, los antiguos talleres representan la miseria, el acabose de un tiempo y la indiferencia de un pueblo ante su progreso.

Ritmo vital. Natalia Rodas

Envigado, barrio El Dorado. Me encontré caminando en medio de una exposición temporal de la Academia Débora Arango. El tema: lo efímero. La autora: Natalia Rodas Mejía. Quise traer acá su trabajo, como una manera de involucrarme con su obra desde mi perspectiva de caminante. Sus palabras:

“Ritmo vital pretende recordar la esencia del ser, que dependemos de la tierra para vivir, que venimos y retornaremos a ella. Tener presente que las cosas son  efímeras, que lo importante es la huella que dejan en nosotros, porque todo acontecimiento, suceso, persona; dejan huella, y esto a su vez se convierte en una cicatriz que es parte de nosotros y hace que seamos lo que somos.
Ritmo vital no podía que darse en un salón frio o en un recinto cerrado, tenía que salir e insertarse en un lugar natural y transitado para llamar la atención de quienes pasen por el lugar, dándole ese carácter efímero y dejando esa huella en cada ser”.

Cuadernos Norma para No Educar

Hoy tengo como invitada a la Organización Red PaPaz, quienes tienen una queja para compartir.

Carta de Carolina Piñeros Ospina, Directora Ejecutiva de Redpapaz.org al señor Gustavo Adolfo Carvajal, Presidente de Bico Internacional S.A. (Completa)

Apartes de la misiva.

Referencia: Cuadernos Signal de Norma, cuyo eslogan es “La vida no hay que tomarla tan en serio: es el mensaje que nos trae esta marca a través de atrevidas carátulas que causarán sensación”.

Somos una Red de Padres y Madres que trabaja para proteger a niños, niñas y adolescentes tanto de los abusos como de los factores culturales que vulneran su integridad actuando como fuerza que convoca y representa a padres y madres en Colombia. Operando dentro de una absoluta independencia económica, política y religiosa. Hoy contamos con más de 110.000 padres y madres formalmente vinculados en Colombia.

…Por esto acudimos a usted, invitándolo a que revise la línea de cuadernos de Norma en referencia, que ha generado preocupación y molestia entre padres, madres y educadores. Desde nuestra mirada los diseños de las portadas y las calcomanías, que traen al interior, son inconvenientes para los niños, niñas y adolescentes y van en contravía de los parámetros del Ministerio de Educación en materia de educación de la afectividad y la sexualidad.

Consideramos que lo mejor sería el retirar estos productos de manera inmediata del mercado, estaríamos muy agradecidos si esto fuera así y aplaudiríamos la acción.

A futuro cuente con nuestra colaboración para pilotear entre especialistas, padres, madres, jóvenes y docentes los nuevos diseños, para lograr cautivar a la población juvenil sin afectar negativamente a los que vienen detrás…

Ver catálogo de nuevos cuadernos Norma de libre elección en los supermercados…

Concepto de INÉS ECIMA DE SÁNCHEZ, Decana Facultad de Educación Universidad de la Sabana, acerca de las carátulas de Norma.

Participe en la Red PaPaz ¿Qué opina de estas portadas de cuadernos?

Tocando puertas para un sitio, El Sitio

Les dejo un mensaje de Luis Fernando Jaramillo, quien es el director y realizador del programa que yo conduzco en Televida, El Artesano, una solicitud que toca a la solidaridad de todos. Doy fe de su trabajo desinteresado y de la transparencia del material entregado:

“Escribo para tocar los corazones de quienes, por esta época del año, deciden compartir algo para los hermanos más necesitados.

Les cuento que en noviembre tuve la fortuna de viajar a El Sitio (El Sitio de los Pérez) donde Natalia, mi novia, debía ir para concluir un sueño de navidad promovido por Televida y terminamos cumpliendo dos sueños de navidad.

Tocando puertas, se les regaló la última catequesis y la fiesta de Primera Comunión a 45 niños de de este lugar en Sucre. Desde hace tres años no recibían este sacramento en el pueblo, pues la presencia de la iglesia es poca y el sacerdote solo celebra la misa si hay difunto.

Mi compromiso es volver con las manos llenas. Muchas personas se han vinculado de diferentes maneras. Hay una figura de aporte y es apadrinar un niño, con el único compromiso de alegrar la navidad con una prenda de vestir, un juguete y útiles escolares, con un alimento nutritivo como Chocolisto o leche en polvo.

¿Cómo saber quién es el futuro ahijado?  Confirma si quieres apadrinar y te asignamos uno de los casi 120 niños que hay con necesidades.

Somos aproximadamente 80 personas que conocemos la alegría de nuestros ahijados cuando recibimos sus cartas de agradecimiento, pues Beatriz Ochoa, prima de mi novia, es la abanderada de este hermoso sueño de compartir con nuestros hermanos de El Sitio. Ella fue por primera vez como misionera. Cuando se apadrina un niño, el compromiso es enviarle algo en diciembre hasta cuando tu ahijado crezca y salga del colegio.

Les dejo algunas imágenes para que tengan una idea de las condiciones de vida de estos hermanos que necesitan ser recordados. Como dijo la Madre Teresa “Dar hasta que te duela y cuando duela dá todavía más”

Viajaremos el próximo 25 de diciembre de 2009 con lo recogido. Llama para contarte más detalles”. Luis Fernando Jaramillo A. / Cel: 310 407 84 01

El Sitio, vereda El Roble, Corozal. Sucre

Para lustrar la memoria – ¡Hermoso proyecto!

LUNETA 50 es un espacio para la creación artística y la difusión de las artes escénicas, en particular del teatro, los títeres y la narración oral. Además, LUNETA 50 desarrolla proyectos con empresas e instituciones públicas y privadas para la sensibilización y formación de público en favor de las artes, y la implementación de estrategias encaminadas al desarrollo integral del ser humano desde las artes. Nuestro proyecto bandera es el Festival Internacional de Cuenteros: “el caribe cuenta”, un encuentro anual protagonizado por los más destacados narradores y narradoras de Colombia e Iberoamérica, que invita a grandes y chicos a escuchar las mejores historias y a dejar volar la imaginación. ¡Conócenos!

Edicto Público. Por: Arturo Guerrero

Publicado originalmente en El Colombiano el 9 de diciembre de 2009

En vez de besarse, mátense. Eso se ve mejor. No dejen rastros del amor, prefieran las gotas de sangre. Las plazas interiores de las urbanizaciones deben ser escenarios de la desconfianza, pues ese es el clima del estado de odio preponderante.

¿Besos, caricias, intimidades? Por favor, eso pertenece a una etapa superada por la humanidad. Hoy el asunto es de puñales. Los otros no son nuestros semejantes y mucho menos son dignos de un afecto público. Los otros son el punto central del tiro al blanco.

De modo que nada de demostraciones anticuadas, nada de sensiblerías mostradas con descaro a los cuatro vientos. No hay que olvidar el campeonato orbital que llevamos en homicidios por cada cien mil habitantes. No hay que desacreditar la gobernabilidad lograda a fuerza de pactos con quienes solo saben de fuerza.

Vamos a instalar francotiradores que perturben el idilio. Una especie de Cupidos al revés. En lugar de flechas emponzoñadas con amor, esos tiradores dispararán proyectiles para purificar el medio ambiente. Realizarán limpieza social, comenzando por donde se debe, por el acto que multiplica a los humanos.

Algún día el mundo será entonces de pocas personas. No los casi siete mil millones que infestan el planeta, ni los tres que ahogan la ciudad. Únicamente la raza inteligente y viva, la élite bien peluqueada, reinará sobre todas las minas, los bosques de palma, los cultivos que se pagan bien en otras partes, las curules.

Mientras coronamos ese destino escrito en los libros más sagrados, queda prohibido besarse delante de otros que puedan antojarse de quereres en lugar de defenderse con las garras. Esto vale para hombres y mujeres. Los hombres nunca perderán su condición de reproductores de conductas. Las mujeres habrán de recordar en todo momento que es el músculo el que manda.

Así que quedan advertidos. El amor se proclama de ahora en adelante como una debilidad aberrante que fractura las redes sociales de hierro. Los jóvenes, más propensos a su corrupción, han de saber que el verdadero juego lo dan las armas, que el poder es para poder, que no en vano sus padres cambiaron completamente la faz de este país.

Cúmplase y punto.

La Piel de la Cebolla

Por: Daniel Botero Arango
Especialista en Periodismo Urbano – U.P.B.

Para conocer la piel de la cebolla y su proceso de posterior desnudez natural hay que ir a la Plaza y comprobarlo en las manos de su vendedora que, seguramente, fue quien la reservó hasta hoy que la compro, en este mercado popular al aire libre, donde hay ambiente de fiesta, donde la gente conversa, regatea, degusta antes de la compra para comprobar la calidad; donde unos y otros se llaman por su nombre, se miran y se tocan. Ella, con su sabiduría campesina que ignora los discursos del servicio al cliente, el mercadeo “one to one”, la disposición de productos y que, seguramente, no ha pisado un hipermercado de nombre impronunciable, goza de la presencia de sus clientes, a los que hace sentir como sus hijos cuando les recomienda lo que deben llevar y cómo lo deben manipular para aprovecharlo de la mejor manera.

Esas manos ajadas y esas uñas con la tierra de esta mañana cuando arrancó las cebollas para exponer en la Plaza, se confunden con la piel de la cebolla que me habla de una tradición, de una historia que no se detiene con mi regreso de Jericó, donde quisiera permanecer. Ella se puso su mejor vestido, las últimas aretas que compró y su infaltable e impecable delantal blanco, que apenas se acabó de secar hace una horas antes de salir de su casa en la vereda Castalia. Vuelvo y la miro y no puedo evitar el recuerdo de mi abuela con su delantal cuando preparaba galletas y Marialuisas en la casa de Barrio Prado. “Cuánto es que va a llevar, mijito”, me pregunta mientras caigo de mis recuerdos; “lo que le falta por desvainar”, respondo todavía obnibilado, porque realmente lo que quiero es que continúe su arte de pelar la cebolla con esa mística, con esa gracia, con esa pasión que sólo se vive en la plaza de mercado popular.

Que ruede la rueda, que nosotros partimos sin remedio

Por: Marta Eugenia Laverde Córdoba. Asesora y Consultora en Educación ambiental. Graduada en Filosofía.

Existen estrategias que te pueden atrapar cuando ruedas mucho en el mismo lugar.

Frente a mí las ruedas de cicla que intentaban contar una historia y no les era posible lograrlo, pero no me atrevía a moverme por temor de que ellas me ayudaran a pensar, allí atrapadas, en su gran inutilidad y a partir de esa razón, busco los insumos más útiles para lograrlo, la idea es que todo el mundo pueda rodar en ellas.

Todo esto es lo que conforma los insumos de la realidad, de una situación sobre ruedas: ¿es cierto que la rueda, rueda? .

La vida, bastante moderna, no ha podido desafiar a la rueda; el viajero que rueda desafía al tiempo y al espacio, las fibras reemplazan los cables de cobre. ¡Cuánta deuda va creciendo calle abajo!, en cada rueda hay una historia, no hay que retenerla, hay que lanzarlas a las calles rotas, a los semáforos en amarillo, desbocarlas en la ciclo vía, dejar que entreguen nuestras fuerzas al camino y que rueden por los campos, cual cosecha.

Que ruede la rueda, que nosotros partimos sin remedio.

Tabaco, sombrero, carriel y camisa a rayas… tan común, tan particular

Texto por: Marta Eugenia Laverde Córdoba. Asesora y Consultora en Educación ambiental. / Profesora mía de Diseño Gráfico en la UPB de una asignatura, que si la revelamos, era simplemente, Filosofía. Marta es graduadad en Filosofía, de voz calmada y buen humor fino.

Mi estampa, ya casi irrepetible por estos tiempos, es testimonio de los ires y venires por mi pueblo antioqueño, Jericó, pero seguramente si vas con tu máquina de retratar por los pueblos vecinos creerás que “ya me viste en otra parte”. Porque somos los vivientes de esa bella estirpe del arriero que aún sobrevivimos en las esquinas de los parques compartiendo, alegres y titinos , los  recuerdos y futuros posibles de los territorios rurales de nuestra Antioquia.

Encachacado y bien aseado busco a mis paisanos para degustar el tinto de la cálida mañana del Domingo mientras conversamos sobre la prole de cada quien y el aumento de palomas tristes en el parque.
Eso sí, sin lugar a dudas, siempre he contado con la voluntad para decidir lo que voy a hacer cuando baje al pueblo porque hasta que yo esté, estarás allí: Resurrección del alma.

En la imagen: Pedro Luis, Jericoano fumando su pucho `e tabaco. / Jericó, Antioquia.

Mercados de Valdivia, Chile

Aún sigue vigente, mientras dure este blog, la convocatoria que les hago a los que están por fuera de Colombia, para que sean mis colaboradores enviándome imágenes de los mercados del mundo. Para esta ocasión, tengo como invitada a mi amiga Gloria Cecilia Estrada con un texto personal sobre su paso mochilero por Chile. Mercado fluvial de la bellísima, encantadora e inolvidable ciudad de Valdivia. Imágenes de Gloria y mi otro gran amigo Carlos Mario Guisao, ambos periodistas.

VALDIVIA, Chile
(…) Valdivia nos había hecho suyos en un prado verde, húmedo. En silencio. Frío. Un atardecer con comercio cerrado. Con olor a pescado y leones marinos y gaviotas al lado del mercado. Un barco viejo lleno de estudiantes y señoras que nos llevó a la isla de Mancera y a la Bahía de Corral en la desembocadura del río Valdivia. La orilla del río Calle Calle. Una ciudad puerto pueblo en el Pacífico que se había hundido en 1960 y que recibía la noticia de un maremoto con miles de muertos en el Asia. ¿Habrá repercusiones en este lado del mundo? Expertos en la prensa luchaban contra la tensión. En medio de eso, un grupo que peleaba contra la contaminación provocada por las fábricas en los ríos de Valdivia. Y que llenó el parque de la localidad con letreros en cartulina que preguntaban por los cisnes. ¿Adónde se habían ido y por qué?

Por allí estaban también los torreones españoles que nos hicieron imaginar cómo habría sido aquella ocupación holandesa en el siglo XVII y luego la batalla dada por los españoles que quisieron recuperar a Valdivia. La bella Valdivia que trajimos con nosotros para siempre. En la que nos recibieron con un mapita en la terminal de transportes. Donde nos hospedamos en Aires Buenos junto con mochileros europeos.

En Valdivia fuimos hasta La última frontera, un bar de luz tenue, con una mesera de pelo pintado que alabó nuestro cuidado al hablar, no como ellos, dijo. Una última frontera que nos enamoró más al lado de la Avenida Costanera. Los barcos que transportaban vigas. Un muellecito de madera podrida. Enclenque. Donde temerarios nos sentamos a escuchar el silencio, el agua, a ver las ondas y unas gaviotas en los troncos carcomidos. Donde yo vi unos ojos perplejos que me miraban llenos de preguntas. La calle del General Lagos donde vimos las casas grandes y hermosas. Con techos inclinados y paredes recubiertas con zinc. La calle Esmeralda. El sol cayendo casi a las diez de la noche en un naranja petrificante y enmudecedor. (…)
GE Enero de 2005

Quiero ver más mercados del mundo…

Mi Polaroid imaginaria

Me llegó carta de una bloguera amiga que hace poco conocí personalmente. A parte del placer de conocerla, tuve el placer de recibir, como ya lo dije, un correo suyo donde me confesaba su pasión. Me pareció hermosa esta historia y muy evocadora, tanto, que les traje el texto para que no quede en secreto, semejante confesión.

Mi Polaroid Imaginaria. Por: Sara Cuartas Valencia (carta enviada a mi correo)

Siempre me ha gustado la fotografía pero técnicamente he tenido negaciones con las cámaras. Quisiera compartirle algunas de mis experiencias con el tema. Creo que en estos recuerdos puedo reafirmar que la imagen siempre será mi pasión pero opté abordarla desde lo literario.

Recuerdo que el primer contacto con la fotografía fue hace unos 19 años. Era una camarita que me enseñaron a construir en el colegio en clase de Estética. Era un juego de papiroflexia: triangulitos que al unir dos partes dejaban un pequeño hueco que hacía de visor y lente con el que se “capturaban” cuadros maravillosos que no podían ser vistos en ese instante sino por el “fotógrafo” y jamás materializados en un papel -al menos que se hiciera un dibujo inmediatamente-.

No había cómo revelar las imágenes que se veían al poner un ojo en el pequeño espacio mientras el otro hacía un guiño. Uno de mis mejores recuerdos fotográficos era mi madre tejiendo. “Registraba” todo lo que había en casa y a mis amigos de la cuadra; pero tuve una gran decepción con mi Polaroid imaginaria cuando a Mábel, mi vecina, le regalaron una camarita de pasta naranjada, rectangular y con un flash en la mitad. La cámara más poderosa que había visto.

Mabel era hija de un vendedor de repuestos de carros. Se decía que el dinero del padre de mi vecina, era de origen “caliente”; -me imaginaba billetes en llamas o saliendo de un horno como un pastelito-. La vecina tomaba fotos, pero ella obtenía las imágenes en papel, luego de ir con su madre a Foto Japón. Recuerdo que nos sentábamos todos los de la cuadra a vernos en las fotos.

Mi Polaroid imaginaria padecía del rechazo y la burla de muchos, no había nada por mostrar días siguientes a las tomas que había hecho con mis humildes triangulitos. Abandoné mi camarita de papel y en esa envidia terrenal por el rectángulo naranja de mi vecina no quise seguir haciendo fotos. Días después le dije a mi madre que quería una camarita de cumpleaños quien me respondió que para un próximo onomástico me la daría, entonces esperé ese día con ansiedad y cuando llegó, encontré una camarita, pequeña, de color naranja como la de Mabel, pero no tenía espacio para poner el rollo o disparar, era de JUGUETE.

Recuerdo mi tristeza ese día, y más cuando Mabel, que estaba invitada a la fiesta de mi séptimo cumpleaños, tomaba las fotos a mi fiesta y a mi cámara de juguete. Pensaba que la cámara era para adultos o niños con mucho dinero, como mi vecina.

La cámara que había en casa, se usaba en fechas especiales y nunca la pude manipular. Mi resignación fue tanta que me olvide de esa pasión. Cinco años después de ese cumpleaños, me regalaron una preciosa cámara, era mi objeto del deseo; no paraba de hacer fotos hasta que mi próxima decepción se hizo manifiesta: la espera por ver revelado en Oduperly, un rollo con 24 tomas que se me fueron en un instante. Frustración porque mis padres no tenían dinero para estos asuntos de la imagen y menos de manera permanente; pasaron meses antes de ver el resultado de mis tomas.

A mis 17 años, estando en grado 11, desempolvé el maravilloso regalo, y con las ventas que hacía de chocolatinas en el colegio compraba rollos y revelaba las fotografías en una hoja de contactos, -que me decía la señora de foto Japón, salía más barato y podía ver cuáles me gustaban para luego ampliarlas-. Muchas de las fotos que tomaba me parecían feas, aburridas, pero mis compañeras de colegio me encargaban una que otra. Tomaba fotos a todo evento y hacía historias con ellas, juntando las imágenes y los textos que leía o escribía en las tardes.

Cada día tenía menos dinero para comprar mecato en el recreo y mis ingresos por las ventas estaban destinados a comprar libros en la librería La Anticuaria o en la librería de la Universidad de Antioquia, a comprar rollos y a su revelado. Mis  gustos eran sencillos pero costosos para mi estado financiero. Dejé por completo la idea de seguir con la fotografía cuando le mostré las fotos que realizaba a un conocido que estudiaba Artes en la Universidad Nacional. Sus cometarios dejaron mi pequeña muestra fotográfica hecha pedazos, no creía que un estudiante de Artes tratara a un aficionado con semejantes palabras. La risa burlona de él hacia mi cámara fotográfica fue tanta, que me sentí como un mosco en la sopa más selecta y amarga. Hoy no olvido los comentarios del estudiante y de Mabel.

Desde luego que seguí tomando fotos y me aseguraba mucho de que mi camarita -que según el estudiante de Artes era para tomar fotos de paseos en Comfama y no para fotografía artística- me diera satisfacciones. Cada foto que tomaba, aunque no tuviera técnica, tenía vida.

Momentos significativos capturados con el par de triangulitos de papel: mi madre tejiendo. Una compañera del colegio durmiendo en clase de Química con un rayito de sol colado por la ventana e iluminando su rostro. Una señora barriendo la calle con un vestido colorido y su escoba como el mejor de los autos. Una pareja besándose en el parque en medio de niños. El remiendo de una media. Guayacanes Amarillos con sus flores en el piso por los meses de febrero y marzo. Mi papá recién levantado. Un niño con su camisa blanca manchada con helado de mora. Los dedos de mi abuelo teniendo la prensa. Imágenes que me son inolvidables.

Le dije que la fotografía me ha gustado, pero he tenido inconvenientes que me hicieron dejar mis triangulitos de papel hacedores de instantáneas, hoy, recuerdos imborrables. Pero pensándolo bien, si funcionó mi Polaroid imaginaria.

Imágenes: 1. Cámara similar a similar a la primera que me regalaron (Múnera) a los 12 años, una Kodak 76x con flash en Magicubo. Los Magicubos se compraban en droguerías. 2. Bolardo en Carabobo.

L.A.

Por: Gloria Cecilia Estrada.

Aquí no hay palmeras ni playas ni chicas ni chicos dorados por el sol; tampoco hay autos convertibles ni limusinas, ni casas de famosos con balcones y piscina, ni almacenes lujosos ni muchachos en patineta; no está la “clase de Beverly Hills” (ni la original del noventa ni la copia de ahora); ni se encuentra uno con Winnie the pooh saludando por la calles; desde aquí tampoco se ve la colina con las letras de HOLLYWOOD ni hay estrellas y huellas estampadas en el piso. En donde estoy se habla español, se come chile, se venden frutas de todos los colores, se regatean los precios, se escucha música en cada esquina, se exhibe ropa en los andenes, ofrecen comida china, los baños son sucios, hay que esperar con el almuerzo en la mano a que desocupen una mesa… Donde estoy también es Los Ángeles, California, es la plaza de mercado en el centro histórico de la ciudad, donde los mejicanos están reconquistando terrenos que un día fueron suyos. Una invasión cultural que se percibe con todos los sentidos.

Plaza de mercado en Los Ángeles. Estados Unidos. / ¿Quieres ver otra imagen de Gloria C. Estrada?

Un afiche de San Francisco

Hay una persona que nunca me propuse conocer, entró a mi círculo como una compañera de trabajo, pero su calidad humana, su sencillez, su delicadeza y su objetividad hizo pronto que yo la ascendiera a mi círculo de amigos. Hoy hace parte de aquellos que no necesitan verse a cada momento y que cuando se ven, se percibe que el paso del tiempo no ha transcurrido demasiado. Ella es Gloria, una de mis grandes amigas y de seguro lo es de mi esposa. Llegó de un periplo por las tierras norteamericanas y nos comparte unas vistas con sus evocaciones.

Por: Gloria Cecilia Estrada

En las paredes de caña y barro de la casa de mi infancia mi papá pegaba con chinches las tablas de multiplicar, copiadas a mano, para que mi hermana y yo las repasáramos diariamente. Junto a estas páginas escritas en hojas de cuaderno, papá había colgado las medallas conseguidas en distintas versiones de los juegos del magisterio jugando tenis de mesa y baloncesto y nadando. También, cada año, pegaba un almanaque que, al mismo tiempo, hacía las veces de afiche con imágenes de mujeres junto a una cajetilla de cigarrillos o con algún paisaje completamente ajeno al de nuestro pueblo. Con seguridad había muchas más cosas pegadas con chinches en las paredes de nuestra casa, pero ésas y un afiche de medio pliego, a todo color, en el que se desplegaba un enorme puente colgante, con la noche llena de lucecitas de una gran ciudad al fondo, son las que más recuerdo.

Hace unas semanas, más de veinte años después de que ese afiche, junto con todas las otras cosas, fuera despegado, arrumado y arrojado quién sabe dónde para que el bareque diera paso a las finas y pulidas paredes de cemento, pasé por ese puente. El Golden Gate, en San Francisco, California. Del otro lado vi la ciudad, de día, y no me pareció tan grande, pero vi los rostros y oí las voces de personas que habían llegado allí desde el otro lado del mundo para conocerla y vivirla. …La imagen que ahora me gustaría tener junto al viejo afiche de San Francisco lleno de huequitos de chinche en sus cuatro esquinas.

San Francisco. Estados Unidos.

Qué negra más linda es esta que vi en La Ceja

Mirá pues como mueve sus caderas, esa nalga grande batida al son del caminao. Mirá pues su bemba alegre, hechida de sonrisa y carcajada. Mirá pues a esta negra que bate el chocolate con cadencia de cumbia y currulao. Mirá su orgullo, sus ropas prendidas y su son movido en cada caminar.

Ah, qué negra más linda es esta que vi en La Ceja.

Volver al sur
Por: Elkin González, 
Sacerdote colombiano radicado en EEUU.

Mi amigo del sur me dice que lo meridional y lo septentrional no solamente tiene un limite geográfico. Me dice que lo de abajo es importante porque sostiene a lo de arriba, pero que el mundo es coniforme y desproporcionado y por eso se ve insostenible. El argumenta que lo de abajo es débil y lo de arriba es fuerte. Mi amigo cree que los sufrimientos del norte carecen de importancia para quien comer a veces es un lujo y cualquier centavo es oro. Mi amigo piensa que los del trópico de cáncer debemos volver la cara al trópico de capricornio. O mejor, el cree que los que un día vimos caer la lluvia en junio y arder el sol en diciembre no debemos olvidarlo cuando las estaciones del norte traen el bochorno en junio y el frío de diciembre penetra en los huesos.

Mi amigo me recuerda del sur, donde tomar un bus es costumbre y caminar es parte de la vida. Donde el niño pide en la calle y el perro husmea en las iglesias. Donde la madre trabaja mil horas y lo que gana no sacia el hambre de su cría. Donde un enemigo con sus amigos se confabulan para extraer para si lo que es para todos. Fantástico sur, de extremas alegrías y bajos penares, de gritos de gol y llantos de plañideras, de morenas pieles y manos sucias. Sur de mil amores que esconde las esperanzas de una nostalgia norteña. Fin de nuestros sueños y escenario futuro de nuestro verdadero sueño americano. El sur suspira en nuestras venas con olor a guiso y sonido de cantares melancólicos. Negar el sur es como negar la cruz que nos salvo y el sol que seguramente alumbró el día que nos vió nacer.

Volver los ojos al sur no es hacer del sur otro norte. Es volverse embajador de sus valores. Es ayudar al hermano que lucha allá abajo, es animar su espíritu y dejarse animar por su fortaleza.  Volver los ojos al sur es invertir en el, creer en su gente y no enterrar las esperanzas. Recordar el sur es no menospreciarlo, antes bien, es recordar su simplicidad tan creativa y la complejidad de sus valores. Volver al sur es ser canales de comunicación de un progreso técnico que nos solo el norte merece y de un progreso humano que no solo el sur ha de ufanarse.

De Sensus

El siguiente texto, es una colaboración especial de Elkin González, Sacerdote colombiano radicado en EEUU. Las imágenes corresponden a venta de artesanías en el Parque de Bolívar, feria de San Alejo.

 

Hace poco recordaba las palabras de Jesús en el evangelio cuando juzgaba su generación comparándolos con el verso cantado por los niños en la plaza: “os hemos tocado la flauta, y no habeis bailado, os hemos entonado endechas, y no habeis llorado.” (Lc.7,32)

 

En palabras más precisas, Jesús está criticando el máximo pecado no sólo de su generación, sino también de la nuestra: la insensibilidad. La insensibilidad es la incapacidad de sentir, la incapacidad de desarrollar cualquier relación empática que signifique un éxodo de la individualidad. La insensibilidad es la castración del sistema neuronal, la expresión de un autismo colectivo que flagela nuestro mundo y que nos declara analfabetas de los sentimientos. La insensibilidad nos impide bailar cuando nos tocan la flauta y no nos deja llorar cuando nos entonan endechas.

 

Cuentan que el primer milagro de amor realizado por Madre Teresa fue curar a un leproso que yacía en la vera del camino. Pero realmente el milagro no fue este. El milagro en si consistió en ver al leproso padecer, mirar de soslayo,  pasar de largo, y vencer la insensibilidad un cuadra después. Esta decisión de volver y ayudarlo fue el verdadero milagro, es decir, vencer la insensibilidad, vencer el egoísmo.

 

El mundo padece por el hambre, las guerras, los desplazamientos, la incomprensión, la corrupción, la enfermedad, y un sinfín de calamidades que si enumeráramos, ningún papel podría contener. Pero debajo de todo esto reside como gran señora, entronizada y protegida por fuertes y baluartes la insensibilidad. Esta empieza con la negación de la realidad, sigue con la actitud evasiva de la individualidad extrema, y termina con una calcificación del corazón que tenazmente describe el profeta Ezequiel en una promesa de liberación: “quitare de vuestra carne el corazón de piedra y os dare un corazón de carne.” (Ez.36,26) Un corazán de carne que siente, sufre, se alegra y llora. Un corazón, que una vez sano, estimula las lineas del rostro y hace dibujar una sonrisa, que hace levantar los brazos en actitud de acogida, y que enjuga lágrimas con palabras de vida.

 

La insensibilidad no se vence solamente yendo a un poblado de África, protegiendo huérfanos, y alimentando hambrientos. Esto sin duda es  loable y digno de imitar. Pero estas empresas grandes en contra de la insensibilidad se empiezan en el diario vivir. Educarnos en contra de la insensibilidad significa prestar atención a los sonidos de nuestro cuerpo, atender cuando nos pide algo y estar concientes de nuestra corporeidad; observar alrededor y dejarnos invadir por la fiesta de colores que ofrece la naturaleza; fijarnos en los cambios y en los pequeños detalles, mas para disfrutarlos que para alimentar nuestra hambre de perfeccionismo. Educarnos en contra de la insensibilidad es entender los estados de ánimo de quienes nos rodean, ver los esfuerzos de la esposa que se hace bella y del hijo que arregló su cama, lavó los platos, o se comporta extraño.

 

El sensible es materia fácil para el evangelio. El sensible es permeable, maleable, y agradable para compartir. Pero más que fácil de sugestionar o manipular, el sensible es veraz en sus sentimientos. Mas que vulnerable, voluble, o emocionalmente inconstante, el sensible es quien capta la realidad, la discierne y la transforma. El sensible también es racional, pero su razón nace igualmente en el corazón, porque al igual que Pascal, el expresa: “le coeur as ses raisons que la raison ne con-nait point” El corazón tiene razones, que la razón no comprende.

El Valor de esta Efemérides

 

 

Imagen tomada en la Avenida La Playa en Medellín.

(Palabras de apertura al Simposio acerca de los 200 años de Aguadas, Caldas), pronunciadas el 30 de mayo de 2008, en la sede de la Institución Educativa Marino Gómez, antes Francisco Montoya)

Hoy mi invitado especial es Eduardo Domínguez Gómez*, quien me colaboró con el siguiente texto.

*Historiador,  Magíster en Historia

Profesor Titular en la Universidad de Antioquia

Miembro de la Academia Antioqueña de Historia

 

Un pueblo sin la conciencia de sus raíces pierde identidad. Una persona que no tiene interés por conocer quiénes fueron sus antepasados, dónde vivían, qué tipo de vida llevaban, etc., pierde la memoria de su pasado y, con ello, un gran tesoro de valores y realidades humanas que trasmitir a sus sucesores. (…) Las personas y las sociedades se hacen más libres, crecen y producen, si se conocen mejor a sí mismas, de dónde proceden y cómo han llegado a ser lo que son. (Cano S, Víctor. “¿Qué es la microhistoria?” www.bisabuelos.com/microhistoria.html, visitada el 6 de mayo de 2008)

Cuando nos reunimos para conmemorar una fecha de fundación, los historiadores aceptamos la presencia en estos actos ofreciendo las razones por las cuales vemos válido aceptar la invitación. Y esta oportunidad que nos abre el Simposio “Aguadas y la colonización antioqueña” nos sirve para hacer la siguiente proposición: Las efemérides, como los medios masivos de comunicación, sirven para informar, formar y entretener. Y, aspecto que no siempre logran los medios,  nos permiten modificar nuestra mirada con respecto al valor de las distintas historias. Las pequeñas (o micro) historias, esas de la vida diaria, donde buscamos que la sociedad de masas no nos convierta en átomos anónimos; las biografías; las de familias o las del terruño donde empezamos nuestros primeros vínculos sociales. Y las macro-historias, definidas así por su cobertura geográfica de países -donde ejercemos la ciudadanía- subregiones, continentes o universo, donde nos realizamos como especie.

  Continuar leyendo

Diana

Con esta historia, comienzo mi sección de Invitados de Honor, donde invitaré a mis amigos y conocidos a ser parte de este proyecto, con sus crónicas, cuentos o historias. Esta colaboración es de Gloria Cecilia Estrada a quien le envié una foto para inspirarla. Su texto nada tiene que ver con la foto,  “…pero me recordaron algo que escribí hace un par de años…” remata Gloria. / La imagen corresponde a un obrero comiendo en su jornada de descanso. Estación Andalucía del Metro. Construcción de muro de contención.

“Diana” Por Gloria Cecilia Estrada Soto*

A mi prima Diana le preocupa que la deje el compañero con el que se fue a vivir hace siete meses, el que le sacó a crédito nevera y lavadora y dijo que haría hasta lo imposible por hacer pasar a Laura, de seis años, como su propia hija, para hacerla beneficiaria de su servicio de salud.

El dolor de cabeza la hace madrugar más de la cuenta; por eso tiene más tiempo para quejarse de sus desventuras. Migrañas que se repiten porque teme tener que volver a vivir sola, sin con qué darle un vaso de leche diario a su hija, viviendo del fiado y pagando a usureros dueños de una pieza con baño y mesón que le cobran cien mil pesos o más por un alquiler en estrato 1.

Si el compañero la deja, Diana volverá a tener lo que tenía antes: dos camas sencillas, un aparato de teléfono, dos ollas, dos platos y algo de ropa. Tendrá que olvidarse de las facilidades que ha tenido en los últimos meses. Ésa será una parte de su tragedia. La otra parte será aceptar que, a sus veintiocho años, sigue dando tumbos en la vida sin encontrar a un hombre que la ame por más tiempo y la valore por encima de sus sesenta kilos de peso.

Al menos ahora, por ahora, hasta julio, Diana tiene trabajo. Después, nadie sabe. Sobra decir que vive unos días de zozobra que apenas logra distraer viendo algo en la televisión.
Para ella, la guerra de este país y sus presuntos intentos de paz no dejan de ser un dato, a veces curioso, que se comenta de pronto, pero que no determina nada en su vida. Diana puede comentar la última bomba, el regaño del Presidente, lo que unos señores encontraron en el computador de un paramilitar o de un guerrillero, la inundación en algún pueblo (en cualquier pueblo), como cosas tan ajenas, tan lejanas. No son suyas esas cosas. Tampoco lo son esos asuntos que no logra entender sobre reformas políticas, elecciones legislativas, contaminación ambiental, y tanta, pero tanta cosa, que esbozan los noticieros que ve en la noche mientras espera que, al fin, empiece la telenovela.

Pero Diana vive su telenovela y vive su noticiero. Historias del hambre, la carencia de afecto, la soledad, la pobreza, el desempleo, el desengaño, el madresolterismo, la falta de educación, la desigualdad. Es protagonista y personaje de muchas historias aunque ni siquiera lo sepa. También, mi triste Diana, es protagonista y personaje de las otras historias que no entiende, ésas que erradamente cree no le interesan o no le incumben. Ella es el ejemplo viviente de la guerra, de la especulación financiera, de la tributación desequilibrada, de los que abusan del poder, del mal uso de los recursos, de la mala distribución de la tierra, de la inestabilidad laboral, de la triste cobertura en salud.

Diana no sabe, y tal vez muera sin saberlo, que todo eso que muestran en la televisión es parte de su tragedia, pero ¿cómo podría vivir también con eso?

Ahora que me llamó, Diana me dijo que su cabeza está a punto de estallar, que lleva dos noches sin dormir y que cree que su compañero está saliendo con otra mujer.

*Periodista de la Universidad de Antioquia