Amagá, vista por Alejandro Henao Loaiza

Participante de TomaTodo, en Amagá, suroeste antioqueño. Pueden ver más de su trabajo en http://www.flickr.com/photos/ahenaol

Dé click en las fotos para ampliarlas.

La mirada de un brasilero en Marinilla

Colaboración de João, desde Brasil.

Oreja y  pelanga, fritanga y pachanga. Por este post que publicaste en tu blog, te mando unas  foticas que tomé en Marinilla, en agosto cuando fui a Medellín. Te debo unas cervezas con enpanaditas bien calentitas…
Agora vou escrever em português para não passar tanta vergonha, cierto? Hum! Pues!
Essas fotos são tiradas (tomadas), segundo a mirada de  um estrangeiro, de alguém que não tem esses costumes, pelo menos aqui no litoral  de São Paulo, (tão moderno, tão perto da capital São Paulo) não temos mais esse  comercio ambulante.

Sou apaixonado por Colombia e principalmente por Medellin e não vejo a hora  de voltar. UM ABRAÇO SUPER FORTE EM VOCÊ E TODOS OS  SEUS!

Ciclas a la vera del camino

Pausas. En esas andan estas ciclas o bicicletas. Reposo. Contemplación. Las ciclas no reposan increpan algunos. Pero ellas tienen su propio cansancio y se hacen las que se le zafa la cadena, se pinchan, rechinan y no ruedan más; son estrategias de los objetos, de las substancias inertes. Mecanismos de defensa para evitar el abuso y la depreciación contable.

Las pausas, más que buenas, son obligatorias. Permiten ver lo inesperado, nos roban la mirada a cosas que nunca observamos. “Siempre llegamos a donde nos esperan”, Saramago en El viaje del elefante. A muchos nos fascina terminarde comer, sea noche, sea día y reposar la comida, “¡Ay, que lo llame más tardecito que él está reposando el almuerzo, que le deje razón”.

Pausas en el viaje para estirar el cuerpo y liberar la vejiga; para recoger Diente de León, maleza bendita; para otear en balcones naturales; para bañar en niño en aquella cascada. Pausas en el trabajo para tomar tintico (café) y desatrazarnos del fin de semana con aquel o aquella, para hablar de todo menos de trabajo, para llamar mil veces a la casa si se es mujer “¿Y el niño? ¿y la casa? ¿quién ha llamado? ¿y sí cojió la plata que había en la mesa? ¿sí le empacó yogurt?”, y de nuevo “¿ya llegó? pásemelo…”

Además de las pausas para morir…

Imágenes tomadas en La Ceja del Tambo.

Aquellas tiendas de antes

Una bella tienda exhibe su mercancía en Guaduas, Cundinamarca. En ella me compré un objeto en vía de extinción para mi colección de carajadas: la vela de sebo.

Un expendedor de cuchillas Gillette también llamó mi atención, pero el señor, como supuse, no lo vende. Una tienda de las de antes, una tienda típica del cuadro “Yo vendí a crédito, Yo vendía al contado“.

Perdón por tan horrible foto (vela de sebo) pero no tengo otra mejor.

El Festival Vallenato

Fiestas, revolcones, piñatas, festejos, festivales, reuniones. Todos ellos rituales ancestrales que unen al hombre con sus antepasados. Hombre ritual, religioso, mundano. La comida se cocina de manera individual o en grupo, rito que une con la tierra, que recuerda las deiferentes fiestas por la cosecha. El trago se bebe y se recuerda a Baco y se busca entrar en comunión con el hombre interno, con sus demonios, con el subconciente o con el conciente colectivo de Jung.

El trabajo cesa, se detienen las manos, reposan la pica y la pala, el sudor se extingue y llega la fiesta, la bacanal, la orgía de colores y ruidos se mezclan y crean un contexto estético para todos los sentidos. El hombre se une al hombre, pero no en el sentido homosexual, sino en la búsqueda de sí mismo, de su sangre, se une a su ser histórico, al aborigen, a su génesis. El hombre se une al recuerdo de sí mismo en la persona de los que ya no existen.

Foto: Carlos Alfredo López, director de La Tropibanda y Los Decanos.

De pollos y del descaro de sus semejantes

Como lo señala la mano del pollo, perdón con los ortodoxos el pollo no tiene mano, entonces, como lo indican las dos plumas del pollo, guarniel al hombro, cresta de moda y ruana costeña; este bombón de pollo es delicioso. Sádico él que gusta comer de sus semejantes, y si no es él quien come, descarado que avisa a futuros comensales que sus congéneres tienen buen sabor.

Jamás posaría yo en caseta de venta, vendiendo muchacho ahumado, no muchacho la carne, sino el jovenzuelo que esté a la venta después de despellejado el hombre. Parece que estas aves no tienen escrúpulos con sus semejantes. Allá ellos.

Venta de pollo en Valparaiso.

Cuando la lluvia visita a Murrí

Cuando las lluvias miran al campo y se vuelcan raudas desde las nubes, los inquilinos de la tierra, en municipios alejados, agradecen a la vida y a la misma tierra por ser bendecida y bautizada en lo que será después, una buena cosecha de vida como son los alimentos.

La lluvia en el campo no es enemiga de las modas, porque la prenda de moda no importa, importa el vestir como función protectora del cuerpo, y cuando se quiere lucir, en domingo de misa o de mercado, se sacan vestidos adornados, viejos pero bien cuidados y se luce con orgullo y los demás así lo ven.

(Muchas veces, cuando el hombre de campo viene a la ciudad, donde el urbano habitante se cree civilizado, es tenido por objeto de burla y miradas curiosas, sujeto extraño, descontextualizado. A ese hombre debemos tubérculo, legumbre y lácteo que reposan en nuestra mesa cada día, y por ello, él no se cree más que nadie)

Con infantil alegría o inocente recursividad, el hombre de campo toma de la naturaleza lo que necesita como cualquier humano. En la imagen, toman hojas –de no sé qué, ayúdenme ustedes- y se cubren de la lluvia en un día cualquiera. No saben que las señoras de la habitada urbe hacen lo mismo para no perder sus miles en peinado de salón, se cubren con bolsa negra, bolsa trasparente, se cubren con sobre de manila para no perder la plata o el peinado. Tomar hoja sería raro, quizás un bloque de cemento de los que tanto abundan en este contexto de chozas de hormigón.

Imagen de Daniel Villarreal. Corregimiento de Murrí, municipio de Frontino.

La fuerza que impulsa al juego

Los infantes caminan cabizbajos, imitando a sus padres, los adultos. Los niños ya no ven a la distancia, no reconocen colores, saben ya poco de sabores. Los ‘tecnobabys’ no saben de materiales, materias primas, madera, latón, hule. Los niños de hoy, de la urbe moderna, de unidades residenciales -presidiarias-; perdieron interés por el juego: no se esconden, no gritan, no se tiran agua, no brincan, no hacen comidas de mentiras, no hacen de papá y mamá. El Blackberry los ha consumido, se los ha tragado.

Los infantes caminan cabizbajos, chatean todo el tiempo, no miran pa’ delante, no ríen, solo mandan caritas felices o tristes. Se encaminaron por la estupidez, ya no salen, no se bañan en piscinas. Del televisor pasan al computador, y de éste al pequeño hipnotizador con sabor a cereza negra de silicio.

Ya solo nos quedan los niños llamados pobres, que se inventan juguetes, que convierten cajas y tarros en carros y latas, que hacen del polvo muñecas y les dan soplo de vida con recursividad y creatividad. Quedan los niños pobres que juegan a las muñecas y aún le pegan a una llanta para hacerla rodar o le ponen cabestro con dos palos de escoba. De pobres no tienen nada, pero loss ricos así les llaman. No saben ellos, los ricos, que más pobres son sus hijos de futuro asegurado, que no han encontrado la alegría en hogares de padres ausentes. Ricos ellos, los niños pobres, que encontraron la alegría y la chispa creativa para inventarse su propio mundo de ilusiones.

LO QUE FALTA SON OPORTUNIDADES.

Imagen tomada en Guatapé. Rueda Chicago impulsada con fuerza humana.

El Cartel de la Coca

‘El Cartel de la Coca’. Así es conocido, por lo menos en Medellín, al conjunto de personas trabajadoras que, impedidas para almorzar en casa, llevan una coca (vasija, recipiente) con el alimento que corresponde al almuerzo, o segundo golpe principal, como lo conocen algunos.

El cartel de la coca es una cofradía de compañeros de oficina que comienza a desfilar a la cocineta, al microondas, al fogón de una parrilla, para calentar el cariño de la esposa o mamá, que ‘con mucho amor’, le empacó la ‘comidita’.

Algunos en el cartel de la coca comen frío, no calientan, les da pereza. Algunos del cartel, se comparten tajadas de maduro, completan la ensalada con el tomate de otro.

En cuanto a cocas, hay todo un vitrinaje: las hay herméticas y diseñadas para tal fin, las hay de tapa sencilla y peligrosamente inseguras, sobre todo cuando se lleva allí la sopa. Las hay humildes, como las recicladas vasijas donde viene la mantequilla que se compra en el mercado. Las hay, para los perezosos, improvisadas, como que se hacen de papel aluminio, que no se porqué se llama papel.

Abundan, como contenido de las cocas, los sudados con pollo; los sudados con posta; los fideos; carne a la plancha, sencilla y con ensalada. Y VOS QUÉ TENÉS PA’ CONTARME DE LA COCA…

Imágenes en La Unión, en las Fiestas de la Papa.

Prohibido atar semovientes en este lugar

Arre bestia, corra pa’cá, corra pa’llá. Venga, pues, mula terca, no me revire, no te mies aquí, berriondo animal, que me multan, que sale el dueño del local con valde en mano, y vos no vas a limpiar, pa’ vos todo es muy fácil. No me mostrés esa muelamenta, comete el heno que está muy caro pa’ que lo botés, animal de monte, que lo mejor es venderte o cambiarte por dos fanegadas de tierra.

Jericó.

Colesterol, grasa y fritanga en La Unión

Arepa de queso, arepa de chócolo con mantequilla y quesito, oreja y trompa de cerdo frita; chuzo de res, pollo y cerdo; papa criolla, buche, pajarilla y chunchurria. Raspao de plancha, aceite, grasa y fritanga.

Dietas de Baco para paladear en eterna indisciplina, en crecimiento de carnes, en barrigas prominentes, abundantes. Abundancia de lípidos hasta el hartazgo, hasta que el hombre sea masa de grasa unida a su alimento.

Como un tío de mi esposa… que pidió cuanta fritanga había, cierto día, y canceló el pedido al saber que no había bebida gaseosa light… para cuidarse.

Ventas temporales en las Fiestas de la Papa. La Unión, Oriente de Antioquia.

Aguacates en Sonsón

El verde campo y sus texturas, enmarcan una venta que se torna lenta: aguacates para el almuerzo en un día frío, pasivo, parsimonioso, en Sonsón, Oriente antioqueño.

Esta fruta, llamada mantequilla cuando la cuchara saca su contenido con suavidad, acompaña fríjoles y sancochos, sudados y otros platos de la cocina montañera.

Siga, pues, compadre, vendiendo sus aguacates, fruta paradisiaca. Espere al cliente que ya viene con hambre. Tenga devuelta a la mano que vienen los comensales. Pártame el triangulito a ver cómo están por dentro. Amá, ponga a tostar una arepa que ya voy para allá con dos aguacates bien grandes.

Venta de chunchurria en las Fiestas de la Papa en La Unión

El olor a tripa asada se va diseminando por los rincones del parque de La Unión, que recibió a centenares, entre propios y visitantes, que gozaban las Fiestas de la Papa en este municipio del Oriente antioqueño, en la vía que va a Sonsón.

La tripa, para nosotros llamada chunchurria, se va asando al calor de su propio contenido y con la salsa que lleva naturalmente en su interior. La papa criolla, que no es la festejada en este municipio, espera la llegada del cliente que la saque de sus congéneres y las lleve a dar un paseo a la boca de propios y montañeros.

Las manos expertas de quien cocina y vende, va cortando con las espátula las porciones que llenarán el vasito, que acompañado de arepa y limón, degustará el paladar de gentes sencillas que no temen probar tripa de cerdo asada.

Taburetes pa’ tintiar en fríos mañaneros

El taburete es uno de los diseños de silla personalizados por sus dueños. Se pintan, se acolchan, se usa recostada a la pared sostenida de las patas traseras. Las hay peludas con piel de res, las hay curadas al sol, las hay desvencijadas.

Invito a Marta Laverde, docente de Diseño a doctrinar sobre la silla. Diseñadores industriales ¿Qué tienen para decir?

Taburetes en Jericó, Antioquia.

Semana de dolor en Amagá, Antioquia

Traigo nuevamente estas fotos de las obras en barro de Hermes Tangarife, carnicero y artista de Amagá, obras que estaban en proceso y que sirvieron para ilustrar una nota del artista.

Anoche estuve en Amagá acompañando a la familia de mi esposa que tuvo sus muertos en la Mina San Fernando. Tierra y fuego cegaron la vida de muchos, allá, en las tripas de la tierra. En las afueras de la funeraria decenas de personas esperaban noticia o la entrega de familiares que quedaron enterrados en la mina.

Anoche el municipio de Amagá tenía una regular calma, un silencio obligado y una espera tortuosa. Muchos lloraban, algunos dijeron “Esto parece una Semana Santa en Amagá”. Las calles callaban de luto y los carros de bomberos, policía y ambulancias subían y bajaban por sus agrietadas calles.

“Quedó todo reducido, parece un niño”, dijo una familiar de un minero muerto en la explosión. Las descripciones del trabajo de limpieza de los muertos eran narradas por quienes las observaban, pero que no vale narrarlas aquí.

Hace poco, Cecilia Arboleda ‘Chila’ le dijo a Estiven, de 22 años, que dejara de trabajar en la mina. Él le dijo que ese era su segundo hogar así la muerte lo cogiera allá, relata Ana Rita Arboleda, tia de Stiven.

Guardo silencio y respeto por las víctimas y los familiares que guardan luto o angustia a esta hora. Cada vez, la obra de HERMES TANGARIFE, se parecerá más a la realidad de dolor y pobreza que viven muchos de los que trabajan en las entrañas de la tierra y es innegable que este nuevo dolor, alimentará su obra artística con insumos de muerte.

Dominó: para pasar los ratos muertos en Sonsón

1:1, 1:2, 1:3, 1:4, 1:5, 1:6, 2:2, 2:3, 2:4, 2:5, 2:6, 3:3, 3:4, 3:5, 3:6, 4:3, 4:4, 4:5, 4:6, 5:2, 5:3, 5:5, 5:6, 6:6.

Revuelva, pues, sin marcar las fichas, combinando las opciones para que no salga la misma partida de antes. Haga sonar la pasta o el carey, gírelas moviendo las manos en rotación. Reparta, no las deje ver, ubíquelas, salen las senas… 6:6, siga pues: 6:1, hágale usted.

…Van pasando las horas y las fichas chocan, se combinan y se casan de manera obligada con otras que lleven un gen similar:1, 2, 3 ó 4 y así…

No hay nada más qué hacer. Pasan las horas de inactividad en el parque de Sonsón. Ni una paloma ¿qué se hicieron? Sacuda la ruana y juguemos de nuevo las mismas partidas de antes, las mismas de ayer, esperemos la muerte en estas pa’ que nos coja contentos.

Seleccionar los granos para un buen café

Hermosa escena que me encontré en Sonsón. Me perdonan el olvido del nombre de este caballero, que en su tienda, elegía el mejor grano para hacer un buen café. En su tienda también vende jíqueras hechas de fique para la recolección de frutas, bozales en este mismo material, conocido también como cabuya.

Hablando de café, en los últimos meses he venido comprando café de hacienda, entre ellos: Café de origen del Huila Juan Valdez; Fredonia; La Virgen de oro, de Támesis; Cartama, de Briceño. De ellos, Fredonia me ha parecido delicioso, con una tostión ideal y un color de grano rojizo, cárdeno; cuerpo mediano, sabor frutal y acidez media: un café para repetir. Lo conseguí donde uno no debería comprar café: en el Museo de Antioquia. Otro café delicioso es La Virgen de Oro, ganador de varios premios y certificado, además.

A ver, pues, quién me invita a tinto bueno…

“Dios es el propietario de este negocio…”

Bajo el verde hospital, un verde muy presente en las clínicas del extinto Seguro Social, están las maderas que limitan el territorio de unos artículos ordenados de manera estratégica para su venta. Una caja, conocida en Medellín como chaza, hecha a mano con amor evidente, con calidad, calma y paciencia.

El los municipios alejados de las capitales, los relojes funcionan de otra manera: se percibe el tiempo de manera lenta. La calma cobija a los habitantes y la parsimonia está presente en mucha de sus actividades. Son concientes que la ineficiencia produce mejores obras, pues son hechas con calma y sin prisa (Un concepto de Max Neef).

A Sonsón lo percibí sin prisas, sin personas corriendo por calles y aceras, sin carros ni motos atacados por llegar primero. En municipios así, las cosas pequeñas se perciben mejor.

Bar Candilejas – Sonsón

Un cielo nocturno, poblado de estrellas y ‘pequeña’ basura cósmica que atravieza la atmósfera y se enciende en bolas de llamas y que aquí llamamos estrellas fugaces. Un mar inquieto, con olas que arrugan su superficie. Una luna en cuarto menguante. Bar Candilejas en Sonsón.

Una botella de cerveza Pilsen con rediseño de etiqueta y tipografía y una botella de Aguardiente Antioqueño, que tanto gusta a los colombianos radicados por fuera del país. A la verdad, me quedo con el café y sus diferentes preparaciones, en especial, el expreso.

Los terneros encostalados de Sonsón

El caballo ‘Segundo’ espera la orden de su dueño para seguir la marcha con dos semovientes encima de la bandeja de la carretilla, la misma que jalona a diario por las calles de Sonsón.

Los dos terneros esperan, resignados, el continuar de la marcha que los llevará a alguna finca del municipio en su zona rural. Reposan presos, encostalados como con camisa de fuerza que amarra a loco alguno.

Ahí están, pues, aburridos, con su libertad menguada por instantes, hasta que el dueño de ‘Segundo’ grite: Joo, joo y lance besos (picos) al aire, como arreo, como estímulo para tirar de la carreta.

Lavadores de papa en Sonsón

* Elkin Fernando, vaya a la tienda y me compra dos kilos de papa.
– Amá, mande a Francisca ¡siempre yo!
* Ella está ‘ciendo oficio*. Vaya hágame’l favor.

- Don Roque, que si me vende dos kilos de papa y dos Bon Bon Bum, y que le apunte a mi mamá los Bon Bon Bum que ella en estos días se los paga.
* ¿Bon Bon Bum? Su mamá me tiene prohibido venderle dulces a usted, mijo.
– Don Roque, es que no son pa’mí, son la hija de una visita que hay en la casa.
* Siendo así, tome mijo y dígale a su mamá que ya me debe mucho en puras golosinas.
– Yo le digo, Don Roque. Gracias

- Má, que vea la papa, que como a usted le gusta.
* ¿Y ese Bon Bon Bum? No me diga que se lo compró con las devueltas.
– No, Má, me lo dio don Roque que por buena papa.
* ¡Ah, ese Roque es un amor, tan alcahueta.

Llegando al municipio de Sonsón, en el Oriente antioqueño, se respira el humor de la tierra mojada, de la tierra revolcada por las manos de los cultivadores de papa. Se respira cultivo de fríjol, de Hortencias y de otras bondades de la tierra. En los charcos que hacen las quebradas a su paso, los lavadores de papa aprovechan para lavar el tubérculo y mandarlos para la ciudad bien limpio.

Comentario de Luis Carlos Torres: “ummm, esto me huele a papa, a esa papa Capira, unica del oriente Antioqueño. Olor de la papa negra, del amanecer lavando papa. Gracias a Dios mi “papa” o mejor mi Papá me dio la oportunidad de compartir este oficio con el, nos levantabamos a las 4:00 de la mañana, tomabamos aguapanela y agale mijo. Obviamente poniamos algun Caset de Dario Gomez o algun otro mano a mano del despecho”.

El afilador de cuchillos en Sonsón

Hermoso oficio ejercen estas personas. En el municipio de Bello, pasaba un anciano que anunciaba, puerta a puerta, su servicio de afilada de cuchillos, machetes, peinillas, tijeras, navajas y demás utencilios que esperaban filo.

El anciano reposaba sus desgastadas nalgas en la piedra que había en el ante jardín y por espacio de una hora le sacaba filo a las ‘armas’ metálicas que guardábamos en casa, entre ellas, una peinilla (machete) con que me tocó por muchos años, cortar el pasto que nacía en el espacio para el futuro garaje. ‘Motilar’ el pasto: uno de los tantos y eternos oficios de mi adolescencia, junto a la molida del maíz para las arepas.

Òmar, el señor de la fotografía, es joven y cuenta con su vehículo con el que presta sus domicilios. Un buen aviso, con color, forma y diagramación. Un buen diseño, excepto por el número de celular entrecortado y mal ubicado.

Imagen tomada en el municipio de Sonsón.

Recuerdos de una casita de campo

Recuerdo la casita de campo junto al Salto de Versalles en Guaduas, Cundinamarca. Recuerdo a Marucha metida a toda hora en su cocina donde preparaba los alimentos en leña. La recuerdo sirviéndonos changua al desayuno; piquete, a la hora del almuerzo. Recuerdo ese enero de 1991 antes de irme para el ejército, sentados varios familiares alrededor de una sencilla mesa, cubierta con mantel de cuadros y las infaltables moscas volando en derredor (las moscas no pueden ser despreciadas de la vida cotidiana aunque se presenten molestas. Fernando Botero las incluye en muchas de sus obras pictóricas).

Recuerdo escuchar cientos de grillos, chicharras; y multitud de pájaros cantando (las alabanzas al señor) -eso cantaba mi abuela-. Recuerdo las noches con decenas de inseptos y demás bichos acogiéndose al calor ofrecido por las bombillas encendidas. Recuerdo las tres “chanditas” que mantenían cerca de nosotros prestando vigilancia gratuita en las solitarias noches.

Recuerdo el olor de la multitud de tapas de gaseosa regadas al garete cerca al enfriador donde se vendían. Recuerdo ver a mi tía Petronila y a mi abuela cosiendo a mano las ropas de mi tío Pedro, rotas por el desgaste en el trabajo de campo. Las recuerdo a ellas con sus gafas (lentes) bifocales y al gato siamés sobando la cola en las piernas de ellas, y ellas echándolo con regaños y refunfuños.

Recuerdo las gallinas como locas en el campo abierto, los marranos en la cochera. Los turistas llegando a conocer el Salto de Versalles y comprando gaseosas que nosotros les vendíamos. Esos son los recuerdos que me trajo esta imagen tomada en El Retiro, oriente antioqueño.

Saludes a Marucha Ruiz, aunque ella qué se va a meter en internet.

Felicidad por la existencia de la mujer

Para aquellas mujeres que permiten que su piel reciba los años mientras su espíritu permanece incólume, para aquella cuyas arrugan le dan carácter y memoria de buenos años…

Para aquellas que nos atienden bien, nos dan una sonrisa sin cobro alguno, nos permiten conocer su dentadura y se ríen tambien con los ojos…

Para aquellas mujeres de belleza sencilla, sin artilugios, sin mentiras. Para aquellas mujeres de piel montañera, sincera y llena de la vida que brinda el campo…

Para aquellas que esperaron príncipes azules montados en corceles, para aquellas a las que el bus las dejó, o por lo menos, así lo creen ellas…

Para las que ya encargaron y además de mujeres son madres, jóvenes, medianas en edad o avanzada hora de tener hijos…

Para las que creen que aún hay esperanza y terminaron solas en la vida, esperando, esperando, tratando de atisbar el futuro…

Para las mujeres berracas, que salen adelante sin depender de hombre alguno, para las madres solteras que salieron adelante con el temor de desfallecer en el camino…

Para ustedes, estimadas lectoras y sus familiares y sus amigas -riegue la bola-, para ustedes, felicidades por haber nacido con los cromosomas XX, de otra forma, esto habría sido muy aburrido. Les regalos estas flores, mañés para algunos, kitsch para otros, a su elección: $7.000 las primeras, $5.000 las enclaustradas.

Para vos, MADRE, que siendo SOLTERA permitiste que yo conociera esta maravilla. Para ti que alcanzaste sola tu proyecto de vida sin la compañia de hombre alguno. Para ti, que no dejaste caer la casa. Para ti, que me enseñaste, sin saberlo, a respetar a la mujer, valorarla y crecer en medio de la admiración por ellas.

Imágenes:

1. Ilustración de un pasacalle en desfile ecológico en Guarne, oriente antioqueño.
2. Vendedora de luisas en Jericó, suroeste antioqueño.
3. Adolescente jericoana.
4. Actriz en el Parque Nacional del Café.
5. Representación cultural en Salento, Quindío.
6. Mujer pidiendo apoyo económico en la vereda Alto de la Virgen en Guarne.
7. Campesina, vendedora de ropa y juguetes. Vereda Alto de la Virgen en Guarne.
8. Artículos en venta. Vereda Alto de la Virgen en Guarne.

Nunca he escuchado a alguien decir que su abuela es muy fea

Nunca he escuchado a alguien decir que su abuela es muy fea. Nunca he visto a alguien criticando a su abuela, destacando su figura postrera, su estética final, su piel en relieve y los demás temas formales de la senetud.

Con esa misma mirada deberíamos percibir al otro, al fulano y a la mengana anónima que deambulan por calles y carreras. Con esa misma mirada deberíamos calificar las estéticas variopintas en esta villa de vida.

Deberíamos, depronto, tender a la imperfección corporal en busca de la singularidad, de la originalidad de nuestra propia estética. Es fascinante cuando veo a los que llaman FEOS y veo en ellos cantidad de particularidades que lo hacen único.

Más me encanta ver a la FEA que va con novio, porque significa, entonces, que para él, ella es bella y que ella superó su estética para verse ya por dentro y qu así la verá su compañero. Me encanta ver a la FEA con novio, porque significa que hay esperanza para ella por siempre, porque para alguien ella es bella.

Nadie me ha reconocido que su abuela es FEA, y no lo han reconocido porque jamás así ha sido. Las abuelas son bellas y nunca han envejecido a nuestros ojos, pues el alma, no envejece, no muta, siempre es bella en una estética intangible.

No sé… ojalá me hayan comprendido. Fotos tomadas en el parque de Jericó.

El lento placer de una barbería

No por su calidad fotográfica, mala o buena, sí por su contenido e información, quiero decir que estas fotos me encantan. Me encanta el lugar, la paz, la parsimonia del barbero, el rostro de regañado del cliente, el espejo, el interruptor, la brocha, los bifocales del barbero y su bigote maduro y timorato.

Me encanta que me motilen, que me hagan el champú, que me jonjoleen la cabeza, que me peinen, que me rasquen, que me hagan masaje en el cuero cabelludo, ver revistas de farándula (el único momento donde hojeo alguna), me encanta que se demoren en el menester d ela motilada, me gusta sentir la cabeza fresca al salir del salón.

Fotos tomadas en TÁMESIS, Suroeste de Antioquia.

Oración y paciencia. Tome asiento.

Hay oraciones cuya respuesta demora en llegar y cuando llega, no trae la noticia que esperábamos. Así, pues, el sí que esperábamos como respuesta no llega y por el contrario un NO desalienta el ejercico espiritual. Asi dispone las cosas la Providencia, pues no vemos el panorama completo. Inescrutables son esas esferas de la vida.

Por aquello de las demoras en la comunicación entre criaturas y Providencia, se dispuso, vía a San Pedro de los Milagros, un sofá en medio de la carretera y bajo una cruz sembrada en piedra, para que los fieles a la trinidad hagan sus oraciones y si desean esperar respuesta alguna, tomen asiento de manera cómoda y esperen… esperen… esperen…

Una chaza en Bogotá

Hoy… hoy, definitivamente no tengo nada para escribir. Póngase a trabajar, a ver novelas, a leer un libro, a cocinar, a caminar, a organizar la casa, a hacer un mandado, a quebrar corozos, a balconear, a escuchar AM, a trapear 6 pasadas, a buscar ropa para regalar… porque no sé qué decir hoy. ¿les parece?

Recorriendo Bogotá en taxi

Taxistas, sicólogos del pueblo, orejas del estado, ambulantes solitarios, escuchas del dolor, hinchas de todos, críticos de fútbol, analistas económicos, economistas, ahorradores de gasolina, expertos en mecánica, groseros algunos, buenas papas otros, callados pocos, conversadores eternos la mayoría, preguntones, voyeristas, expertos observadores del pasado a través del retrovisor.

Vejigas a reventar, hemorroides frecuentes, brazo izquierdo bronceado, calor sofocante, vidrios abajo, maniguetas malas, sin devueltas, ¿tiene menudita, reina?, barriga pronunciada, piernas flacas, dolor de espalda, almuerzos a las tres, comida ya veremos… “Hoy no, mi amor, que estoy cansado”.

Taxista de Bogotá.

Oferta de nombres en semáforos de Bogotá

Nosotros los Carlos Marios tendremos el eterno problema de que nos llamen Juan Carlos. Las Martas tendrán el eterno diminutivo de Martica y Martica será siempre la secretaria del jefe, “Martica, llamame al doctor Vélez y decile que lo espero a las ocho”. Sebastian, Santiago serán los eternos mimados, nacidos con estrella. Las Yuranis no llegarán a mucho, siempre trabajando para los demás, en ventas, casi siempre.

Los Carlos seremos comunes y corrientes, sacados del bulto, de un costal parecido. Los Albeiros vestirán como en los setentas, jamás usarán zapato de tacón alto. Las Berenices se irán de monja con el eterno tormento de un amor que no fue. Las Marías estarán en el mismo bulto de los Carlos, serán su versión femenina.

Las llamadas Luz no sabrán mucho de tecnología, les habla, les conversa. Los Heribertos tendrán bigote por siempre y cargarán una barriga bonachona. Los que se llaman Nicolás serán el tormento de la casa, Los Diegos serán terribles, comunes y conquistadores. Las Doras engordarán en su vejez y las Luz Milas no tendrán sino, un apellido, que no tiene nada de malo por cierto.

Ventas ambulantes en semáforo de Bogotá

Un elegante caminar en Salento, Quindío

Caminando va, sin temer final alguno. Feliz ha sido el hombre que en elegante atuendo marcha rumbo a la agonía de un atardecer en Salento. Ha crecido, ha caminado, ha transformado sudor en pecunio, estipendio pago a tantas mañanas de lucha.

Se vive, se camina, se tiende la cama, se calza los pies, se anda descalzo, se orina de pie, a veces sentado que hace bien a la próstata; se amarra los cordones, se lava las manos, se trabaja, a veces no; se toma café, se toma aguapanela, se come arroz, se conversa con el vecino, se respira, se mira para arriba.

Se camina, se encuentra con el que no pensaba y lo saluda, se sienta en el parque, se hace nada, nada se hace, se pone de pie, se regresa, se rie, se besa, se sienta en una mesa con años encima, se toca el mantel, se juega con la caída del mantel, se come, se deja un sobrao, se pide más sobremesa, se acuesta.

Se echa la cobija, se juega con el pie en la cobija, se intenta dormir, se recuerdan los mejores momentos: una niña que pasaba tomada de la mano de su madre que lo mira y se sonríe con él, coqueta, amor infantil, de abuelo y nieta.

Se cierran los ojos.

Salento, Quindío.

Esos noviazgos de antes…

¿Qué? ¿Es que usted creía que antes era como ahora?

Mijo bendito, pa tener un novio, por aquellas épocas, se necesitaba hasta un milagrito. Nuestras mamás no son como esas zumbambicas de ahora, que se retuercen con un beso, se manosean por todas partes, se limpian esos dientes y hacen la cochinadas en frente de una.

Mijo, querido, a una, le tocó recibir el novio en la ventana, por el pestillo, porque estaban prohibido los besos, los manoseos y todo lo demás. Eso de ir al centro comercial “má, ya vengo, no demoro, llego a las dos, no me esperes, duerme tranquila…” Ja, uno ques boba y lo deja, alcahuetes que nos volvimos.

Por eso ya no hay moral, ya no hay respeto. El novio de una lo esperaba toda la vida. Ahora se comen el “bizcocho” antes de la fiesta y por eso resultan piponas.

¿Qué cómo te tuve yo a ti? Una ques boba y le come cuento a toda esas promesas y vea… ahí te tuve yo a vos, hecha por ventanita y todo.

Imagen de una Jericoana. Jericó, Antioquia.

Tumba de Omaira – Armero, Tolima 2010

La vida camina en el filo del delgado muro, pisando a veces, ladrillos que quedaron flojos. La muerte espera abajo, en la caída, en la sima que se ve con vértigo. La vida se mueve con nosotros, en cada bolsillo, en los huecos de las orejas, en las fosas nasales, la respiramos, la tocamos y la creemos nuestra, sin saber que, rebelde ella, podría irse de nosotros en cualquier momento.

Nos creemos dueños de ella, de la vida, sabiendo que nuestra herencia es la muerte, esa sí fija y paciente. Por ello, habrá que vivir la vida con la mayor intensidad, saltando cada acto sin apego, brincando cada instante con adrenalina, besando, comiendo y oliendo, tocando, sonriendo y diciendo te quieros a montón, sabiendo decir adiós y riendo después. Difícil para algunos.

Imégenes de la simbólica tumba de Omaira, la niña cuya muerte mediática la vimos muchos a través de nuestros televisores, en mi caso, desde un Hitachi monocromático, en una triste y aterradora mañana cuando una erupción del Nevado del Ruiz derritió el hielo y sus aguas arrasaron Armero en el Tolima.  13 de noviembre de 1985