Hay zapatos, como máscaras

Parecemos tan diferentes, pero somos tan iguales. Parecemos individuos, pero tan solo somos una parte del todo, sinécdoque social, humana, ancestral, espacial, universal. Los zapatos son solo un símbolo de la personalidad (máscara). Unos zapatos, “elevan”; otros “imponen”; hay calzados que ternurizan, otros que “protegen”. Hay zapatos que ocultan; hay zapatos que dejan ver y otros que dejan ver como quien se vende a sí mismo. Hay zapatos que dan alegría; otros que evitan la expresión de emociones. Hay zapatos de fácil calzado y otros de complejo amarre.

Hay seres que calzan zapatos que no son suyos o que no reflejan lo que son; son zapatos distractores que hacen ver al otro como “pobre” cuando tal cosa no es verdad. Esa persona necesita asesoría en calzado y quién le diga que debe andar descalzo, a pie limpio, aunque tal cosa es imposible cuando uno anda des-calzo, pues, las madres y cuidadoras deberían regañar diciendo: “No ande a pie sucio”; es más, no deberían pronunciar tal cosa, pues, no hay mayor libertad que la de andar descalzo, a pie limpio o a pie sucio.

En fin, lo que ve uno cuando se sale a vitrinear…

La ternurización del ídolo religioso

Entonces, en varios pasajes de la Biblia, se nos cuenta que cada vez que se había una epifanía angélica, el honrado con la visita se asustaba grandemente o caía de bruces al suelo. No era ordinaria dicha aparición y, por tanto, casi siempre el saludo era “No temas…”. Sin embargo, hoy me impacta como la imaginería religiosa se ha convertido en un objeto comercial más allá de la creencia o del mito y, aun así, no pierde significados en su relación con el hombre. Me provoca curiosidad, eso sí, una ternurización del ídolo que, otrora, era de apariencia guerrera, fuerte, numinosa o colosal. Pareciera que hoy, el ser humano tan afectado inconscientemente por la pérdida de valores, acuda a la ternura que parece no compartir el ser humano en un ego recalcitrante.

Podría ser una manifestación de un mito, el mito de la ternura, el cual ha sido aplicado al caso de las mascotas, un fenómeno muy comercial o fomentado por el comercio, pero al que los seres avocan para depositar o clamar por esa ternura, ese amor o caritas. Es decir, el actual ídolo o significante religioso, no es solo el depositario de oraciones, peticiones y quejas; sino que es el contenedor de la ternura, una ternura que parece no está siendo compartida por el ser humano.

Ya no se le pide al ídolo, al “bulto”, al yeso, a la representación; tener la apariencia capaz de defender al hombre de los males de este siglo; de mostrar los músculos humanizados de un Miguel, al que tanto invocan; sino que moldean apariencia de niño ya que el adulto racional no ha podido ser el poseedor de la sabiduría que nos saque de tanto egoísmo. El nuevo ídolo, es portado en billeteras con ilustración infantil, en estampados para vestuario, en niños que –esos sí- saben “cuidarnos”. Pareciera que estamos entrando en una etapa donde el arquetipo del niño sabio se fortalece; lo que redunda en la incapacidad racional del adulto.

Jajaj, lo que ve uno viendo una sola vitrina.

Toppings para ir a la escuela

Un clasificador, un ordenador, una matriz, una plantilla, una cuadrícula, una caja de alojamiento… en fin, un hardware que le permite al ser que piensa, poder encontrar la información de manera rápida y fácil. la “data”: unos botones o “toppings” para adornar el calzado de moda entre profesionales de la salud y la cocina; sandalias de moda que están alejadas de las antiguas quimbas, arrastraderas o chanclas y que se han popularizado dada la alta capacidad de los chinos para emular lo que cualquiera se imagine.

Juan Sebastián, de 7 años, es el dueño del ordenador. Luego de salir de la escuela, llega al centro a la caseta de venta de calzado que su abuela tiene en el centro de Medellín en la zona de Guayaquil. “Siete años y lee de corrido”, cuenta la abuela. “Él llega a las dos de la tarde y se queda conmigo hasta que nos vamos. Con la venta, compra todas sus cosas del estudio”.

Vitrinas, lámparas y bombillos

“Aquí se roban hasta un bombillo” Y entonces, como si fuéramos científicos, inventamos carajada, entiéndase artefacto, para capturar la luz o encerrar la luz como experimento cuántico u óptico. El plafón, no es suficiente para retener la luz en rosca diseñada, sino que un entramado de alambres hacen de jaula al bombillo incandescente, que no cambia desde su invención.

Luego, es curioso ver las novedades liberadas al mercado, pues, las últimas invenciones no se venden hasta que quede perfeccionado el modelo “eco”nómico sobre el cual rodarán y se encenderá su luz. Creemos, entonces, que la fluorescencia es la panacea haciendo caso omiso del sol. 8.500 pesos vale el más costoso que, por cierto, no enciende o ya se extinguió su luz, y es tan paisaje el acto que ni el vendedor se da cuenta de la mala vitrina que hacen dichos emisores. Por el de 5.000 no pregunte: ¡No hay! El incandescente ni lo prenda que tremenda cuenta nos viene. No le ponga etiqueta al verde, pues, es tan malo que ni se vende. No se moleste en desenredar el enchufe, que pa qué, si mañana hay se enreda de nuevo.

Cosas, que se encuentra uno observando.

Las plagas de Mefisto

Esa mañana me puse a barrer, como nunca, alzando sillas, cobertores, cajas, cajones, butacos, juguetes, cojines, papeleras, bultos, bolsas, canecas. Paré la cama, subí las sillas al comedor, monté el sofá sobre la mesita, alcé a mis hijos y los colgué, temporalmente, de la lámpara de la sala, colgué de ellos el coche y dentro de él, la ropa sucia de ese día. Ese día barrí como nunca.

En la primera pasada, por encimita, saqué tres cucarachas, una rata que yacía muerta no sé hace cuánto; bueno, no era rata, más bien un pelaje con osamenta. Seguí barriendo con más energía y salieron grillos cantores, unos vivos y otros muertos; dos alacranes tratando de picar una medalla de San Benito, un cucarrón rinoceronte y una mariquita. Me agaché pa’ hacer mejor la tarea y barrí los chinches que se hacían bajo la cama, vi saltar algo parecido a pulgas pero ni las pude barrer –se barrieron solas-. Pasé al baño a barrer y habían miles de pelos de mi propia muerte, un dinosaurio –esta vez de juguete-, saqué con el palo de la escoba miles de ácaros gigantes ¡En serio, créanme!  Volví a pasarle la escoba al piso, pues me parecía increíble tal cantidad de habitantes bajo mi tutela; y lo que barrí de las esquinas fueron neópteros, del suborden de los isópteros que, al parecer, se estaban comiendo la cama y el exoesqueleto de un dermáptero con hormigas al lado. La cosa era impresionante, por no decir dantesca, pues no me he leído tal libro.

Cuando terminé, le pasé dos trapeadas pues ya no me quedaba tiempo para hacer más aseo, pues la visita llegaba justo al medio día. Cuando escuché el timbre, abrí y les hice pasar con la disculpa que decimos siempre: “Ay, qué pena el desorden, pero es que los sábados es día de aseo”. La visita almorzó y solo atiné a observar que uno de ellos, recogió la medalla de San Benito que estaba al lado del recogedor de basura…

Todos Somos Iguales – De regreso a las calles

Desde 2008, he venido publicando en este blog, el resultado de recorridos urbanos y rurales por el territorio desde una mirada personal, que pretende crear comunidades de interacción alrededor de temas como la urbe, el campo y el café, en su última etapa. Sin embargo, varios son los motivos de este espacio y el más público es el de poner en práctica un modo de ver el mundo al que llamo Tecnología 0.0 (Ojos con Ojos); es decir, dejar el Media, como herramienta y el Social, como fin. De otro modo, el Socialmedia es solo una cuestión de reflejos del ego.

Es así como esta bitácora ingresó al grupo de blogs del periódico El Colombiano, aportando mi mirada y mi forma de percibir al ser y a la imagen; pero no como imposición de un pensamiento, sino como el punto de partida de participación de las demás miradas: yo aporto mi imaginario, mi percepción, mi consciencia y, a veces, mi opinión; con el único fin de levantar en el lector, sus recuerdos y asociaciones que pueden ser aportadas como comentarios o, en ocasiones, a manera de articulista invitado. Así, podemos poner a la luz, otros modos de pensar y ver y, esos sí, generar conocimiento a través de la variedad de miradas.

Presento excusas a los lectores de la temporada CaféContigo, por la ausencia de los últimos días; pero prefiero dejar en la intimidad las razones para tal silencio. Quienes deseen revisar los textos publicados, pueden hacerlo a través de www.CafeContigo.co; ya que, regresaré a la temática de arqueología y estética urbana con el que me inicié hace ocho años con carlosmunera.blogger.com.

En pocos días, El Colombiano reformará la plantilla de los blogs, para mejorar la experiencia de usuario entre los lectores de dispositivos móviles. Sabrán disculparme los lectores, pero este espacio sigue siendo personal en el sentido de búsqueda de esas temáticas que pretenden educar en la mirada, concertar modos de ver y hacer comunidad.

Café sobre ruedas

El café no es un asunto propio de Colombia, como hemos estado tratando poco a poco; tampoco lo es su calidad; y en cuestión de tiendas sí que hemos estado lejos de otras tiendas en el mundo. Lo interesante es cómo Colombia se va agarrando de su propia iconografía o estética para producir o adaptar sus propios modelos de comercialización. El Camperito del Café, vino hace varios años a Medellín desde tierras cafeteras del Viejo Caldas; vino, se parquearon, hicieron café y nos mostraron otro modelo de venta o tienda; no fue un invento, pues existen modelos como tal en el mundo; pero lo hicieron apropiandose de otro hito en Colombia: el Willys, la mula con motor de metal que se empina en las altas montañas llevando al pueblo y a su café.

Les dejo cinco carros adaptados para la venta de café…

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos. A veces, el fuego es purificador necesario para dejar solo los vestigios más finos. La tierra estará presente toda nuetra vida, pues nosotros mismos somos tierra. El fuego vendrá con la frecuencia necesaria cuando estemos muy soberbios. El agua nos dejará sentir su bondad cuando llueva sobre nosotros y nos permita un andar más resistible. El aire siempre estará allí; a veces, entrará por bocanadas más amplias a modo de descanso o sispiro final.

Este bodegón que ven tiene la presencia del hombre, así esté ausente; pero me impacta más es la textura del fondo: la tierra del barranco que fue arañada para crear concavidad que sirva como tienda temporal para unas ventas populares. Tomé la foto porque los colores me representan. Humo, óxido, dorado de las frituras, terracotas; variados cafés: guadua, palo, leños; todos ellos pátinas del tiempo, del clima y de la realidad.

Este bodegón me representa entanto hombre primitivo, hijo del tiempo, fugaz, débil; con la textura que me dan los pensamientos, con el color que me da el sol y con la dinámica que me da el fuego de la pasión por vivir.

Foto tomada en el Santuario de la Virgen del Jordán, Pereira, zona rural.

La vida es un caucho

Nuestros pies, otrora libres, deambulan hoy presos en cueros secos de lo que en otros tiempos fuera un animal. Bajo ellos, una planta de caucho los separa de sentir la tierra, el pasto húmedo y la vida terrena. Están ahí, los cauchos, para que nuestro caminar sea silencioso, anónimo, igual que los demás pasos, están ahí, para hacernos sentir más altos, jactanciosos y soberbios.

Otros cauchos sirven para que la silla no chirrée, las neveras no rayen el piso, los carros rueden con facilidad. Otros cauchos sirven para que indigentes llamen a la muerte en la quema de llantas para sacar conco pesos de alambre. Otros cauchos tratan de cubrir cables de energía de voltajes altos de manera infructuosa, ya que al electromagnetismo no lo para nadie.

Otros cauchos, como el de la imagen, sirven como instalación de la plástica callejera y cotidiana que le trae al ojo juegos estéticos en el caminar del ambulante. Venta de cauchos en Envigado.

Varias rutas en la bitácora viajera

Varias direcciones ha tomado este blog a los largo de varios años: estética popular, etnografía o “arqueología” urbana y el recuerdo. Esto ha ocurrido porque agotaría el mismo tema, en una metodología de actualización diaria, como ha sido el caso de Todos Somos Iguales que, como los almacenes de antes, abre de lunes a viernes.

Otros blogs míos, inactivos como el Álbum Casero y El Objeto Adobado, han desarrollado temas alrededor del hombre y su relación con sigo mismo y con los objetos culturales; pero es éste el que sigue activo.

Sé que hay muchos lectores en este blog pues lo indican las estadísticas, algunos pocos comentan, otros me abordan de manera personal y reflexionan.

¿Cuál creen ustedes que debería ser la ruta para este año o para una nueva etapa del blog? Me gustaría sus comentarios aquí mismo o a mi correo carlosmunera@gmail.com; para que sigamos construyendo colectivemente un espacio de conocimiento, más que de entretenimiento, que lo es, por supuesto.

Bendito sea el hombre, la tierra y sus frutos

Viajar por tierra no es la segunda opción de quien no puede viajar en avión. Viajar por tierra es permitirse ver la película de la naturaleza a través de una ventana que nos muestra su propia edición de imágenes, sus propios matices y nos permite ver la película en quinta dimensión: las tres dimensiones del volumen, la dimensión del movimiento, y la quinta, la del olor. Porque a la par que vemos la escena multidimensional que queramos observar, se nos cuela por la nariz, la multitud de fragancias del campo, del campo y sus leñas, de sus leñas y sancochos, de sancochos y sus gentes, de sus gentes y los sembrados, de los sembrados y sus árboles, de sus árboles y los vientos que, de nuevo, nos traen las fragancias de sus leñas y así, cada vez colándose nuevos olores a nuestro cerebro.

Bendita la tierra, bendita ella y sus frutos, benditos ellos y el hombre que los siembra.

Corozo, aguacate, algarrobo, chaparro rojo para el azúcar en la sangre, mango, banano y muchas frutas más, a borde del camino en la Quiebra de Guamito, vereda de Santa Bárbara en Antioquia.

Máscaras de lo oculto

Bajo millones de lentes de sol, se atisban miradas ansiosas de ver lo prohibido. Miles de docenas de caminantes se apresuran en las calles buscando al otro sin el ánimo de esperar correspondencia en la mirada. Allí están cientos de millares de peatonales que tienen algo que ocultar, todos lo hacen. Unos, miran escotes empalagosos que dejan ver retazos de piel; otros, desvisten con la mirada, siguen la línea de curvas de un trasero amplio; todos, yacen seguros sin que nadie les vea los ojos.

Qué mala educación es hablar con el otro, oculto tras unos oscuros lentes de sol. El otro está seguro que lo estamos viendo, pero solo vemos el reflejo de nosotros mismos. Para disimular un poco, el comprador de lentes, busca forma que resalte la cara, que la haga “más bonita”, que la OCULTE mejor. No digo que usar lentes de sol esté mal, yo mismo tengo la OBLIGACIÓN de usarlas, solo hablo de quien oculta y no es capaz de develar la mirada y de quien se oculta a sí mismo.

Venta de gafas de sol en El Hueco, Medellín.

Interconectados – Venta de sombreros en Carabobo

De un reconocido almacén del Carabobo peatonal, en el centro de Medellín, tomé esta imagen que muestra la manera en que son exhibidos algunos sombreros a la venta. Almacén con 55 años de existencia que tiene varias maneras de mostrar su mercancía: una, es colgando las botas del techo, formando un cielo “raso” de mercancía; y la otra, la de estas cabezas interconectadas con sombreros en oferta.

Imagen tomada durante la grabación de un VTR para El Colectivo, programa de Teleantioquia. Lunes a jueves, 10:00 p.m.

La media tatuada

Si ven un monstruo bajito en la calle peatonal de Carabobo, no hay de qué asustarse, podría tratarse de la vitrina del ‘Capi’, un maniquí ambulante que arrastra por las calles del centro exhibiendo la alternativa media tatuada, un velo para usarse en brazos y piernas con tatuajes que adornan la piel y que son la excusa para quienes no quieren tatuarse la piel de manera permanente.

De un museo impresionista y su obra comestible

Ya saben algunos que me gusta promover la visita a cierto museo en particular, un museo con obras temporales, itinerantes, donde sus obras son accequibles al público cotidiano. Algunos dejan de ir allí porque tienen un concepto errado de inseguridad, otros, desorden; pero ninguna de estas dos palabras habita en este espacio de la cultura.

Las obras que allí se exponen, a la vista y a la venta, son accequibles, económicas y comestibles; se trata de la Plaza Minorista de Medellín, museo de la cultura al que llevé por 12 años a mis alumnos de Comunicación Visual. Cultura, más no arte, aunque de este último también podemos encontrar si vemos los avisos hechos a manos de algunos locales, algunos murales y mucho de lo que llaman arte primitivista.

No se arrepentirán al visitar este museo de estética puntillista e impresionista con sus millares de frutas de colores, una sobre otra, itinerantes, esperando cliente, obra comestible cercana al bolsillo del comprador o del desprevenido. Sé que muchos no la conocen, pero si desean ir recuerden invitarme.

De algunos móviles y colgandejos

No solo la cuna del recién nacido es adornada por inquietos móviles que, además, arrullan a quien reposa entre el mameluco para poder que los padres hagan sus quehaceres o se desatracen de sueños debidos.  En carros y tiendas se cuelgan malabares y productos que esperan por cliente que los haga descolgar. Algunos, reposan engarsados en algún garabato viejo, precisando que garabato es la rama bien escogida que sirve, con su garfio natural, para colgar cantinas de leche, chorizos que se curan al son de moscos que vuelan, etcétera.

En tiendas, cuelgan móviles, chorizos como ya se dijo, salchichones empezados, pacas de pañales, y cuanta chuchería esté en promoción; o así lo creen los clientes que de promociones nada existe y gratis no dan nada. Algunas tiendas, como la de la imagen, cuelga segundas, patines que llevan sobre sí el testimonio de raspones y caídas y sangres donadas al polvo de donde fuimos tomados. Cuelga, además, ese viejo molino de madrugadas frías haciendo frecuencias iguales para moler el grano cocido de maíz trillado.

En fin, no solo angelitos, matachos o pequeños astros son los móviles que se ven a diario, faltó, también, el zapatico blanco de charol del bautizo del primogénito bajo el retrovisor del Dodge Dart, pero eso quedará para otra entrada.

Déjame entrar en tu mirada

La teoría de percepción visual de la Gestalt, detalla el comportamiento del cerebro cuando nuestro ojo ve. Las líneas, entonces, llevan al ojo a una DIRECCIÓN y hacen que la mirada se enfoque en algo particular. Nos dice también que existe un punto FÁTICO que, por pequeño que sea, captura la atención del ojo. En el caso de la imagen el punto fático está en la cúpula formada por el aire entre las dos torres, imagen ésta traída del erótico Cantar de los Cantares.

El calzón exhibido no se ha hecho para ocultar la vergüenza femenina -de seguro no hay nada de qué avergonzarse-, sino para motivar, tentar e invitar a la acción a la pareja de quien porte el breve atuendo. La cerca de seguro no será óbice para que el calzón sea deslizado por las dos torres y sea desvestido el palacio que la luce, que para tal fin se hizo el letrero, para cumplir el objetivo de no leerlo más y entrar en la mirada.

Por temor a que el texto tipográfico sea la única imagen que transmita el mensaje, sobra la vaca porque nos genera ruido, ya sea por sus cachos, por la leche o por la nariguera que fue hecha para impedir la acción de alimentarse, ésta última palabra es, evidentemente, un eufemismo que evita cualquier sonrojo o molestia al lector.

En fin, en Carabobo venden calzones con avisos. Quien lo compre acepta las condiciones implícitas del producto.

Santos Expeditos, patronos de un benjamín solitario

San Expedito, patrono de las causas justas y urgentes…

Esperemos que con esta entrada, volvamos a los orígenes populares de este blog. A la estética popular, a la venta ambulante, a lo que pasa desapercibido.

Mirar vitrinas o escaparates es una cosa fascinante, más, cuando se hace en territorios donde dichas vitrinas se realizan de modo intuitivo, arrumando objetos sin significación aparente; pero que, al observarlas, se encuentran historias graciosas, nuevos significados y semánticas dejadas al azar.

En la plaza de mercado del municipio de Caldas encontré esta escena: par Expeditos, guardianes de la luz, patronos de la iluminación en potencia, protectores de un Benjamín (el multi-toma) en venta. las manchas en la foto corresponden al vidrio.

Venta de Machas y Machitas

Seis niños y dos adultos o tres niños y doble dotación para ellos, un adolescente y un adulto. Dos adultos, hombre y mujer, y seis niños. ¡En fin! La dotación espera el cliente que se las lleve y les dé el uso adecuado: pantanear, pisar charcos con alegría, marcar la tierra con la huella de la suela. Si no son Machita y Macha no importa, que para el uso da lo mismo.

…Con tal que no las compren los niños de la guerra, los adultos del fusil, los malacarosos o asesinos. Con tal que no las usen para entrar a las tierras de paz y gallina suelta, a las fincas de marrano y porqueriza… ¡Todo está bien!

Venta de Machas y Machitas, pa’ hombres y niños machos y mujeres machitas.

Támesis.

Remates de Navidad

Se nos quedó en el tintero mucha cosa, pero lo que se hizo: se hizo. Recibimos un 2012 lleno de bendiciones del cielo, de Dios, del Universo, del creador, de la vida, de quien usted desée. Saque la ropa que no quiera usar más, regálela. Busque objetos que ya cumplieron su ciclo, sáquelos. Cuente los años que lleva “eso” que hace rato ni mira, ni se pone, ni le sirve, ni usa, ni sabe dónde está y ¡REGALE TODO ESO! Saque mugre de la casa, salga de lo que no tiene significado, haga feliz a otro, venda, haga venta de garaje, bazar barrial, limpieza mental.

Que este 2012 venga con cambios, que nos renueve, oxigene, cambie y nos ascienda a mejores espectativas. Con el blog, tendré algunos invitados permanentes para que oxigenen, cada uno con su visión, esta forma de ver lo cotidiano, lo menospreciado, lo olvidado. Serán invitados que nos dejarán ver su forma de mirar la vida y su percepción ante ella, siempre poniendo al SER HUMANO como centro de nuestra mirada.

Recuerdo a los lectores y amigos, que con este blog intento rescatar la memoria personal y colectiva, valorar la cotidianidad, exaltar al ser humano, volcar la mirada a los olvidado y menospreciado. Hay unos textos aparentemente ligeros acompañados de imágenes aparentemente simples, pero esos textos y esas imágenes les hacen asociar, recordar, unir temas, desencadenar conversaciones; con esos resultados quedo contento. Feliz, además, cuando aquella colonia colombiana en cada país del extranjero me escribe, me comparte su alegría por ver un mango biche, un chorizo santarrosano, una calle común y corriente o un aviso que le sacó una sonrisa. POR TODOS USTEDES, VALE LA PENA CONTINUAR CON EL BLOG. Es, además, mi LIBRO ROJO del inconsciente y mi bitácora personal (y la de Jacobo).

FELIZ VIDA, FELIZ MOMENTO, FELIZ 2012, FELIZ FAMILIA, FELIZ VIDA, BUENA SALUD PARA TODOS.

Si no le trajo el Niño, espere a los Reyes

* Má, debajo de la cama no hay nada.
– Es que el Niño Dios no le trajo nada.
* ¿Por qué?
– Porque no tiene platica.
* ¿Y Dios no es el creador del universo?
– Sí
* ¿Y cómo no pudo crear mi muñeca?
– Mi amor, no sé. Demás que te van a traer los Reyes.
* Entonces hago otra cartica?
– Sí, pero no pida cosas caras.

“Chica plástica”

Rubén Blades.

Ella era una chica plástica
de esas que veo por ahí
de esas que cuando se agitan
sudan “Channel N° 3″

Que sueñan casarse con un doctor
pues él puede mantenerlas mejor
no le hablan a nadie si no es su igual
a menos que sea “fulano de tal”
son lindas, delgadas, de buen vestir,
de mirada esquiva y falso reír

Él era un muchacho plástico
de esos que veo por ahí
con la peinilla en la mano
y cara de “yo no fui”
de los que por tema en conversación
discuten que marca de carro es mejor
de los que prefieren el no comer
por las apariencias que hay que tener
pa’ andar elegantes y así poder
una chica plástica recoger

Era una pareja plástica
de esas que veo por ahí
él, pensando solo en dinero
ella, en la moda en París
aparentando lo que no son
viviendo en un mundo de pura ilusión
diciendo a su hijo de cinco años:
“No juegues con niños de color extraño”
ahogados en deudas para mantener
su status social en boda o coctel

Era una ciudad de plástico
de esas que no quiero ver
de edificios cancerosos
y un corazón de oropel
donde, en vez de un sol,
amanece un dólar
donde nadie ríe
donde nadie llora
con gentes de rostros de polyester
que escuchan sin oír
y miran sin ver:
gente que vendió por comodidad
su razón de ser y su libertad.

A la vera del camino

A la vera del camino se venden mangos, mandarinas, bocachico, mojarra, bagre, patilla, marañón, corozo, bateas, papas, yucas, arepas de chócolo, calabazas, sillas, fresas con crema, naranjas, papayas, carne asada, gaseosa, agua, obleas, pandebonos, papitas, cerveza y cientos de otras cosas. Cada puesto al borde de carretera es una girnalda más en el variopinto paisaje colombiano.

Vía a La Ceja, sector El Salado.

Vitrinas a borde de carreteras

¡La riqueza debe ser compartida! Cuando viajamos pareciera que nosotros somos los que nos desplazamos, pero si nos detenemos a meditar un poco, nosotros vamos “estáticos” en un bus, auto, moto y es la carretera la que se nos viene encima, la que se acerca a nuestros ojos como si estuviéramos frente a la pantalla de un videojuego. Visto así, no tomamos las curvas de la carretera, sino que las curvas se nos van enderezando a través del tiempo.

Con esa mirada divergente, disfrutamos la manera como la vía va acercando a nuestros ojos cantidad de árboles, casas de campo, fragancias de montaña y decenas de ventorrillos familiares exhibidos a borde de carretera a la espera de los viajeros antojados de un bocado. Allí es cuando, insisto, la riqueza debe ser compartida. Es decir, entender que, a veces, el único sustento de estas familias es el producto de la venta de sus cosechas de pancoger.

Por tanto, detenernos a comprar alguna fruta, un kilo de papas, algún dulce, entre muchos productos, es apoyar la economía de estas familias; es darle sentido a sus vidas y a los árboles de sus solares. Dejemos, por momentos, la compra en híper mercados para apoyar a cientos de familias colombianas que sobreviven haciendo hermosas vitrinas con sus productos a la venta. Recordemos, además, que quien va en su auto, va en una posición muy cómoda…

Se vende inventario de credenciales descoloridas

Por falta de afecto, de detallistas, de románticos; por pasadas de moda, porque llevan más de 20 años ahí quietecitas, porque el mensaje no gustó, porque no hubo mujer que las recibiera, porque los gustos de hoy son diferentes: VENCAMBIO inventario de credenciales de los años ochentas. Lleve, adicional y totalmente gratis, el exhibidor.

Nota: De la policromía con que fueron impresas, se ha perdido el magenta y el negro.

¿Te acuerdas de algunos mensajes y de los paisajes románticos en la playa? Comenta…

Las mujeres competían por quién tenía más credenciales, y las mantenían amarradas con una banda elástica.

Nayite, lectora del blog, comenta: “Todavía tengo guardadas las mías de aquellas amigas que me felicitaban en mi cumpleaños, aquel compañero de clases que yo le gustaba y no se atrevía a decírmelo y me mandó una credencial que dice: “Cada noche sueño contigo, cuándo serás mi realidad” y el dibujo de un osito soñando con una osita. También las de el súper novio, aquel amor que nunca olvidaré “Eres lo más hermoso que me ha pasado en la vida” Hoy cumplimos_ meses de Novios y quiero decirte que Te Amo. En fin, si las escribo todas no acabamos hoy. Da pesar que se acabara. Ese romanticismo ya no se da; también existían las esquelas con aroma al pie de página; tenían una frase hermosa ¡aaaaaahh tiempos aquellos!”.

El hombre también se unta sus cremitas

Cremas para: la celulitis, la resequedad, el envejecimiento; champús para la caspa, la seborrea, la orquilla; ungüentos para adelgazar, tonificar, eliminar la piel de naranja; cremas y cremitas para los puntos negros, los poros abiertos, los poros cerrados; cremas para el acostarse y el levantarse, para las ojeras; sombras delineadores, “embellecedores, en fin, se contarían por miles si hago la lista de los productos a los cuales la mujer puede acceder según su autoestima, necesidad o vanidad.

Es agradable la sana vanidad de una mujer cuando se reconoce en su feminidad. Hoy, el hombre ha reconocido que también es un ser que puede cultivar el cuerpo y ha accedido a su ser femenino interior que necesita de cuidado. Ello, hace parte de su sexualidad, entendida en su definición integral y ha menguado la profundidad del valle que separa a la mujer y al hombre y los ha reconocido como consciencias puras, y que solo cuando estamos en esta piyama que llamamos cuerpo, es que hablamos de diferencias y de genitalidad.

El hombre, a duras penas se rascaba la barriga, los vellos de la panza, cultivaba un bigote untado de leche, peinaba sus crespos, se cortaba las uñas de manera rudimentaria. A duras penas el hombre se reconocía como tal y en machismo abierto se negaba a darle gusto a su par femenino. Hoy, se cuida más, visita centros de belleza, se lima el callo, se corta el cabello, se unta ungüento en la noche, se perfuma, se acicala: para él, para su ella y para ella.

Salta entonces la fiera consumista, se arman estrategias para abusar de las mentes débiles. Salta la empresa con millones en publicidad, venden concepto, posicionan mentira como top mind, venden ilusión, magia mentirosa para adelgazar, gimnasio para guaradr bajo la cama donde antes yacía la bacenilla. Te visitan bajo la puerta en volante con tiro y retiro, en la pantalla con testimonios falsos, en la web, en radio y hasta en las “naguas” de las señoras que aún las usan.

Vitrina en El Carman de Viboral.

Estropajo para tanta corrupción

El agua es la sustancia más purificadora existente. Esta función se potencializa si al tomarla o bañarnos con ella, nos hacemos conscientes de su poder. Al tomarla, nos hacemos uno con ella; al bañarnos, activamos toda nuestra substancia. No creo que sea gratuito cuando, en las películas, vemos que una mujer abusada se baña y se estrega fuertemente.

Bañarnos con agua y estregarnos con estropajo natural, debe ser activador también, revitalizador. Deberíamos ponernos en la tarea de bañarnos diariamente con la consciencia de quitar de nuestro cuerpo, tanta noticia mala, tanto anuncio de corrupción económica, tanta sangre derramada, tanto finado, tanta violencia, tanta pobreza mental, tanta incivilidad, tanta ignorancia.

Tarea: bañarse con agua fría, conscientes de la limpieza espiritual y dispuestos a recibir los mejor que el universo tiene para nosotros. Una enseñanza de la física: todos somos uno, todos estamos unidos por una red, todos estamos conectados.

Exhibidores caseros -“Hágalo usted mismo”-

Dele la sopa al niño, que sea de Guineo que tanto alimenta, insístale, no se deje convencer de que no quiere más, dele la sopita que bien le hace, luego, al terminar, lave bien el plato y haga negocio. Búsquese una caja de ganchos para pañal de tela -sí, aún hay familias que no tienen para los desechables-, saque los ganchos y téngalos ahí. Caliente aguja capotera, perfore el plato de manera sistemática, hágalo con un cabo de vela, no lo intente con encendedor. Terminados los orificios, proceda a enganchar y haga negocio: cuelgue una docena de carajaditas varias, algo misceláneo, baratijas y antojitos y deje que la presa venga, que el cliente se acerque y proceda.

Ventas estacionarias en Santa Fe de Antioquia.

Hay pies que matan lechuzas

Hay pies, empolvados, que llevan el evangelio a otras criaturas. Hay pies que, solamente, caminan para buscar poemas. Hay pies o PATAS, que les da por patear #lechuzas en campos de fútbol, hoy en día convertidos en campos de batalla. Hay hermosos pies que seducen a variados fetichistas. Hay pies que dan pata en la cancha de fútbol y hay otros que las dan fuera de ella.

Hay pies que caminan pidiendo limosna por las mañanas. Hay pies con callos gruesos y juanetes enormes. Hay pies que nunca se asoman y permanecen encerrados entre cueros y suelas. Hay pies rebeldes, de niños y de grandes, que se soban en el piso y caminan a pie limpio -o sucio-.

Hay pies, adolescentes y descarados, que patean en culos y en bolas. Hay pies, hábiles y productivos, que mueven multitud de billetes. Hay pies que se asoman entre las letras de los poetas y otros pies que se aparecen en escenas eróticas. Hay pies hermosos y hay pies olorosos enemigos de las pedicuristas.

Pero el pie que más detesto en el momento, es el que pateó la hermosa LECHUZA, fallecida por causa del golpe.

Venta de chanclas en Santa Fe de Antioquia.

Zócalos en Guatapé

En Guatapé, donde queda el “mar” de Medellín, donde existe un malecón al estilo de ciudades costeras, que goza de la práctica de deportes náuticos, del turismo, de la cosecha de variados productos agrícolas, en Guatapé, decía, se pueden ver estos hermosos zócalos que adornan muchas de las casas de este municipio del oriente antioqueño.

Zócalos simples, sencillos, artesanales, tridimensionales -como los de las fotos-, comerciales, institucionales, es decir, de muchas formas, colores y motivos. No hablemos más, al grano con estas imágenes.

Para recoger la basura con alegría – De la ciudad oculta que recojo

Este recogedor de basura me hace reflexionar en la manera en que asumo a la ciudad, la percibo y la aprehendo. En el marco de la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo, Medellín-Colombia, 2010, me pongo a pensar en mi manera de interactuar con la ciudad y su población. Recojo cartas del suelo, ya muchos lo saben, recojo lápices gastados por manos y dientes de estudiantes ansiosos, recojo fotos perdidas en el asfalto, tomo fotos y escribo cualquier cosa.

Y no es que la imagen me recuerde que soy un recolector de basura, más que el recogedor, es el color el que me sorprende, pues, es la ciudad oculta, la ciudad menospreciada, la ciudad no observada la que yo descubro, observo y valoro cada día. Es la ciudad a ras de piso, la ciudad botada, la ciudad encriptada la que yo recojo, levanto y resignifico.

Así que me identifico con el recogedor de basura de la imagen, que levanta objetos una vez muertos y valorados para nueva vida y significado. Traigo a memoria un recuerdo de barrio, cuando lo motilaban a uno en la propia casa, sentado en burro o butaco de madera, sin camisa y capa de súper heroe; una vez peluquado el paciente, el pelo sobrante y tirado en el suelo se recogía mojando los bordes arrugados de una prensa vieja, se estiraba en el suelo y se adhería a él, para con la escoba montar el pelo en la hoja de prensa, cerrarla y llevarla hasta la bolsa de basura -y sáquela rápido, Jacinto, que hoy pasa la basura-. ¿Pasa la basura o el carro?

Venta de brujería en Nueva York

Leer en tono culebrero: Acérquense todos los que me leen, les tengo el remedio, el santo remedio que buscaban. ¿quieren hacerle el mal, quieren atraer el bien? sígame , pues, usted, las siguientes palabras que son como oración y no se asuste mi señora, mi señor, que la culebra no pica a la primera. Pregunte, no más, qué quiere, si el bien, si el mal. Le tengo, entonces, el remedio casero que buscaba, sin rocíos, sin baños de hierbas ni menos de siete yerbas; no necesita tabaco, tampoco sahumerios, la receta es sencilla y se las voy a decir.

Remedios caseros:

  • Contra la envidia: aceptación.
  • Contra el mal de ojo: mirar lo propio.
  • Contra la soledad: un libro.
  • Para dominar al otro: abrazos sinceros.
  • Para la paz del hogar: vivir sin machismo al interior de él.
  • Para la armonía del hogar: el orden.
  • Para la prosperidad: trabajar honestamente.
  • Para atraer a un ser querido que está alejado: pedir perdón.
  • Para atar a su ser querido: llévele el cafecito a la cama.

Imágenes tomadas por Rodolfo Pabón en supermercado de Nueva York.

Gabriel Ángel Serna, 55 años perdido en el tiempo

Llegué a las once y siete o por lo menos eso creí hasta que entré a uno de los pequeños locales del Centro Comercial Medellín. Primero me encontré con su gastado rostro, plegado por los años -que hacen lo suyo-, luego me asomé, miré, y no aguanté la tentación de saludar, como hago siempre antes de tomar una foto, o antes de pedir permiso para tomarla.

Les decía que eran las once y siete, pero como una asíntota en el tiempo, todos los meridianos de la tierra pasaban por el pequeño local de Gabriel Ángel Serna. En cada girar de mi cabeza buscando una foto sin tomar aún, una hora distinta aparecía ante mis ojos y ante mi cámara que no sabe de husos horarios: once dieciocho, once veinte, y me quedé allí, hablando con este relojero con 55 años de experiencia y capturado por el encanto de su pequeño territorio laboral.

Don Gabriel, abre cada mañana, su local en el Centro Comercial Medellín, contiguo a la Plaza Minorista de Medellín, para sentarse ante ¿centenas, miles? de piezas, repuestos, bobinas, pulsos y demás maquinaria que le sirve de inventario para arreglar cualquier relojito que le lleven.

Bajo el cristal de otra mica son las cuatro y tres, y así se quedará porque ese reloj ya no tiene remedio. Un Citizen análogo y digital me dice que son las diez y 31, pero hasta esta altura me es difícil creer en la verdadera hora que Colombia ha decidido convenir.

“Ocho y 38” y don Gabriel me comparte detalles de su vida como relojero: aprendí mi oficio por correspondencia a través de un curso de relojería que duraba dos años y que entregaba diploma inclusive. Era el instituto, Nacional, el que impartía los cursos y hacía examen al finalizar. Los fascímil para inscribirse, venían en el periódico El Heraldo y eso me permitió estudiar algo para defenderme en la vida, y ya ve, ahí voy…” “Trabajé nueve años en Barranquilla, en la Joyería Serrano, en Bogotá y aquí en Medellín en la Farmacia San Francisco, en la Prendería monte Verde y en el Centro Comercial llevo 15 años” comenta don Gabriel


Continúo tomando fotos y verificando horas: diez y uno, cuatro y treinta. No sabremos nunca si de la mañana o pasado el meridiano, pues los relojes los hicieron para marcar medios días. Un vendedor de mangos, magullados por cierto, se acerca al mostrador y me vende tres –blanditos- en mil pesos –para jugo están bien- y se queda para ver mi entrevista y hablar de relojes con el experto. “En Barranquilla arreglé varios Rolex genuinos, aquí ya no me caen relojes finos”.

Me quedé admirado con otra sorpresa más de ese local, pero de esa no les comentaré nada -es un tesoro que no quiero compartir si me disculpan el egoísmo-, me quedé tomando fotos, buscando la luz pues no me gustan ni los trípodes, ni las luces falsas, aunque algún flash me tocó sacar. Don Gabriel es uno de esos viejos buena gente, amable entre Jawuacos colgados, falsos unos, cercanos otros. Entre piñones y bobinas, entre pilas y alambritos, entre risas y tres mangos por mil.

El Pulguero, un mercado de Fort Lauderdale

Colaboración de Ángela Chavarriaga:

Hola Carlos, como sé que te gustan las fotos de las diferentes plazas de mercado del mundo, te envio estas de un mercado popular en Fort Lauderdale, los latinos la conocen como “el pulguero”, ya que consigues de todo: repuestos de carro, bicicletas, ropa, perfumería, zapatos y por supuesto, frutas, legumbres y demás.

De esa parte, te envio las fotos tomadas de carrerita. Un abrazo, chau.

Su amigo el Coco, ¡Caballero!

Nacen en hordas verdes, allá, arriba en lo alto de la palmera. Hasta que su anhelo de independencia les hace tomar su primera decisión de libertad. Se dejan caer entonces sin miedo desde extremas alturas sin aviso alguno, sólo el grito de algún peregrino que retoza en el palo y sobre quien caiga la dádiva de la palmera amiga.

Algunos entonces son tomados del suelo para ser casados de manera obligatoria con una morena panela y ser vendidos a alguna boca viajera. Otros en cambio nacieron para sacar barriga y barba y adquirir personalidades caribeñas, casi cubanas. Nacieron para adquirir antropomorfas características y ser vendidas como recuerdos del paseo, del equipo amado de fútbol o recuerdo de lo parecido que es al vecino quizá, al suegro depronto o al mismísimo comprador.

Tienen ante sus ojos, una familia, incompleta quizá, de cocos santandereanos, muy queridos ellos (los cocos), absortos todos, representando cada uno el papel impuesto, con su mirada seria, responsables ellos del personaje que les tocó. Esperando la compra, firmes sus barbas, mirando como quien no quiere la cosa a ver si los llevo… La verdad, ni por su precio pregunté; no quisiera yo ser responsable de diseminar la familia Arecaceae y de llevarlos a esta industrial tierra de Medellín.

Artesanías en San Gil, Santander. /

¡Qué simples somos los hombres!

Y entonces, a la muchachita que está en embarazo le preguntan “¿y que quieren que sea?”. La pipona muchachita responde entonces que “niña, queremos que sea niña” pa jugar muñequero responden ellas y ellos le siguen a la respuesta. “¡Ay, es que a las niñas se les puede poner de todo”, “yo me sueño con una niña para ponerle cositas en el pelo, pa ponerle vestiditos varios, pa peinarla al antojo materno, pa que use bolsos bonitos, cinturones varios, pañoletas coloridas, aretes, collares, colgandejos, pendejaítas varias”.

Pocos esperan niños ya que al muchachito nada le luce (dicen por ahí), al chino se le peina de lado y ya, pare de contar, no hay nada más qué hacer. Cualquier chilango nos van poniendo, sáquele la raya al pelo, peine de lado y chupa de boda. Listo el muchachito pa salir el domingo. Y después nos acusan de que los hombres somos tan simples.

No fui yo la excepción de la simpleza al vestir. Zapatilla blanca setentuda, gafa de carey, pantalones cortos de telas elegantes con estampados y colores de la misma década, camisa forrada con cuello extenso y puños generosos, pelo de lado y cinturón de cuero grueso como las mismas pretinas que lo esperan. Y ya, pare de contar, saque al chino en domingo pa misa, o pa culto, o pa Confama Norte dependiendo de quién me sacara de casa.

¿Y como van a llamar a la muchachita? / Petronila / ¡Ay no jodás, qué pecao de la criatura esa /

Imágenes de bolsos en fique tomadas en San Gil, feria de artesanías junto al Parque del Gallineral. Santander. Colombia.

Más artesanías:

Me quedé con ganas de más juguito e mandarina

Aratoca, vía San Gil en Santander, y bajo un calor sofocante, un parador se abre como oasis en medio de ese desértico paisaje rumbo a Bucaramanga. Un desparramado jugo de mandarina ingresa al cuerpo vía guargüero y reposa en la panza cálida y sofocada de varios viajeros que en un móvil azul nos desplazábamos. De regreso no pudimos parar a repetir la líquida vianda… Mi panza quedó con ganas de más jugo de mandarina.

Como les dije, la tristeza de ayer fue bondadosa y sin que tuviera que decirle de manera perentoria que se marchara, tomó ella rumbo, cola entre las patas, hacia otro lugar de mi subconsciente a domir hasta otro momento, ojalá lejano.

He retomado La Caverna de Saramago, he retomado la sonrisa y la tranquila pasividad de mi estómago como cuando todo marcha bien. He retomado la alegría que me caracteriza y el caminar atento, el olfato festivo, la risa latente, la mirada abierta. Sé que les hablo de pensamientos personales que quizá no entiendan, pero permítanme este paréntesis que me atrevo a tomar, para expresar como a un diario, lo que pasa esta mañana por mis recovecos internos.

La democracia del color en los mercados del mundo

Tenemos la segunda parte de la colaboración especial de Eliana Vásquez Osorio desde Rotterdam en Holanda. Sus fotos corresponden a tres ciudades. Ponga el cursor encima de la foto para que identifique la ciudad a la que corresponde. Para ampliarlas, dé click sobre la imagen:

- Bakhtapur.  Es una ciudad pequeña cerca de Kathmandú (la capital de Nepal).  Hace muchísimo tiempo habían 3 reinos en el area: Kathmandú, Bakhtapur y Patan.  Cada ciudad tiene su castillo y sus templos.  Es realmente interesante e impresionante caminar por esas ciudades).  Pero bueno, estas fotos no son del mercado principal (la verdad es que no se si hay tal mercado), son fotos de “tiendas” en una de las calles principales.  Me encanta como las mujeres se visten!  es todo un arcoiris en las calles.  :)

- Barcelona. Son fotos del mercado de la Boquería, frente a la Rambla.  Esa parte de la ciudad es muy turística, pero el mercado creo que es original. Venden pescados, frutas, granos, nueces, vegetales, etc…   Cuando estábamos de paseo nos encontramos con productos de Colombia, y fue cheverísimo! :)   El tarrito rojo, milo, chocolisto, seba-seba, areparina (?), bocadillos y galletas de soda… :)  Claro que es de esperarse, pues la comunidad colombiana en España es grande, pero de todas formas fue una sorpresa muy rica.

- Nyons.  Es una ciudad pequeñita mas o menos al sur de Francia que huele a Lavanda en verano. Cuando es día de mercado empiezan bien temprano, y el mercado puede ocupar buena parte de la ciudad. En verano el mercado se llena de artistas, gente cantando, tocando instrumentos y todo esto.  En otoño o invierno el mercado es mas pequeño y menos animado, pero aún así vale la pena madrugar! En esa parte de Francia producen y comercian jabones, hechos artesanalmente

 

 Ya hay más fotos en el blog de mi amiga Patricia, Me cansé de trabajar…

Rostros de corrupción se destapan en Colombia

A mi me parece bien lo que está ocurriendo en Colombia: confesiones, destapes, ollas podridas que no solo huelen, sino que ya se destapan. A mi me parece sano lo que ocurre en el país: se descubren los miti mitis, se señalan a los corruptos, se le ven las entrañas mal olorosas del sistema económico-digestivo de Colombia.

A mi me parece sano, porque ningún buen comienzo inicia, sin que se sane la podredumbre de un organismo. Los países europeos que iniciaron las guerras y que son un hito imborrable de muerte y destrucción, han tenido que comenzar de nuevo como lo registra el Dadá de principios de siglo 20.

Colombia no puede comenzar de nuevo mientras no toque fondo, mientras escondamos la basurita debajo de la alfombra. Que salgan las alimañas, las plagas y telarañas, que salgan los olores, la podredumbre y la corrupción; que mientras no salga la verdad, no sepamos quiénes somos y tengamos baja autoestima nacional, no seremos nación floreciente.

Imagen de máscaras de venta en almacén de cacharrerías en pasaje peatonal Carabobo.

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