Cavilaciones de un perro flaco

- Qué pena señor bloguero, flaco no, delgado. Así me siento más cómodo.
* ¿Cómo te llamás?
– Arcadio
* Arcadio, vos no sos delgado, estás flaco y caído del hambre.
– Qué pena muchacho contradecirle, pero esta es mi costitución ¿así es que le llaman ustedes?
* Jajaja, Arcadio, no te engañés. Mirate nada más, no me vengás con esa. ¿Sufrís anorexia, acaso?
– Vea joven, le voy a confesar y eso, porque usted me cayó bien: a mí la comida de la calle me cae mal, no estoy enseñado a abrir las bolsas de basura los miércoles y sábados que pasa el carro. No le como hueso de la carnicería de allí abajo, por cochino que es ese tipo. He de decirle que soy muy asquiento, o como ustedes le llaman, escrupuloso. Me estoy comiendo este buñuelo, porque me lo obsequió un estudiante de la UPB, de otra manera no como nada. Aquí donde usted me ve, tengo un hambre tenaz y aunque usted me vea feo y sin raza alguna, así, criollo que llaman, yo no le como cualquier cosa a usted. Y la señora que me compraba guargüero en la plaza para hacerme caldos calienticos, se trasladó de barrio. Si vas a publicar algo en tu bitácora, escribe que yo soy feo, que mi apariencia no es la más recomendada a la hora de una adopción, pero que yo no le como cualquier cosa, yo como bueno, escriba, escriba pues en esa agendita. Yo tengo escrúpulos.

Imagen tomada en la Comuna 3, San Blas. Detrás del Itea de la UPB

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