Con coros de alabanza se alimentan algunos

Por qué no están rascando la tierra con sus negras uñas que rescatan papas de la tierra, por qué las matas de cebolla no volvieron a pelechar. Se secó el papayo que crecía atrás, en el solar, donde la vieja Araminta botaba las cáscaras de plátano y el afrecho del maíz.

Por qué los marranos cogieron camino al monte, vestidos de costillas como perros ambulantes. La gallina no volvió a trepar el limón porque seco está y su sombra se extinguió. Ya no huele a leña que olía tan bueno, que me hacía sentir de verdad en el campo, que me daba la bienvenida y la despedida con su fragancia inserta en mis ropas.

Ya no se monta la olla cuando llega la visita de la ciudad, ya no se pone a secar la carne y a madurar los bananos en el garabato encima del fogón de leña donde siempre humea una aguapanela. La máquina de moler entró en sindicato y en paro definitivo después.

Ya pocos quedan en el campo desde 1948. Y la ciudad nunca será su territorio. POr eso hacen de su barrio una cantina y de sus tiendas, mercado de pueblo. Imagen de una familia, cantando coros pentecostales para el sostenimiento de la misma. Carabobo.

1 comment

  1. Aquiyosolita   •  

    Sentida descripción de lo que estamos perdiendo por tanta violencia, y con el mal augurio de que no lo recuperemos nunca, porque el que llega a la ciudad, ya de ahí no se quiere ir, así le toque duro pero sus hijos no regresaran al campo y éste triste y abandonado morira en el recuerdo de lo que alguna vez fue.Abrazos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>