Cotidianidad en siete minutos

En esta casa Nubia madruga, se levanta primero, hace la ‘coca’ para tres de sus hijos que trabajan: habichuela hervida en leche, arroz que no falta -maná de los pobres-, carne molida, tajadas de maduro y jugo de tomate de árbol.

En esta casa Nubia suda y aún no son las seis de la mañana. Corre, voltea, enciende el radio, sintoniza alguna del AM, abre y cierra la nevera con pericia, pone en bajo las tajadas que ya huelen -se pasaban del término-, huele a quemado ¡maldinga sea, se derramó la leche! -la que tanto vigiló en su hervir.

Las ‘cocas están listas y empacadas, reforzadas con un cauchito (banda elástica). Apenas se levanta Albeiro, se reconoce su andar arrastrando las quimbas* rumbo al baño -¡Cerrá esa puerta que parecés un caballo!-, lo dice por el caudal de su líquido descanso. Bernardo tiende la cama -bienaventurada la mujer que se case con hombre tan hacedor-. Ramiro aún no se levanta, siempre la misma historia.

Un mundo de causas y efectos han sucedido en apenas siete minutos, un volcán de movimientos y sudores, un baño sin vaciar, una cotidianidad vivida. Imágenes de TomaTodo 3 Santo Domingo. ¡Mingo!

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