De arvejas, habichuelas y otros “preparitos”

La uña del pulgar, algo larga, se clava sobre la nervadura de la vaina, para que de ella salga la arveja que se necesita para ajustar para la sopa de “alverjas”. Luego, la habichuela es picada en trocitos que se harán más amables en la boca. La zanahoria tambiés es dispuesta en pequeños trozos. Todo ellos se revuelve con la mano para que el comprador se lleve una equitativa bolsa, hecha para los perezosos de la cocina, para quienes no tienen tiempo, para las nuevas generaciones que viven en apartamentos que ni tienen poyo con los huecos para la máquina de moler; para los que ya se jubilaron de la cocina y para los que la buscan más fácil.

La doña pone a “alzar” una arroz; verbo éste que no significa levantar sino preparar, ingenio popular expresado en el lenguaje. Decía, pues, que la doña comenzó la preparación de la sopa del día: legumbres; desamarrando la bolsa con una paciencia que no tiene quien escribe estas letras, y luego vaciando el contenido en una agua sal que ya comienza a burbujear. ¿A quién se le ocurre escribir de una acción tan cotidiana y sencilla? De eso trata este blog. No dilatemos, que la sopa va adelante. En el fogón vecino, yace un trozo de carne, estrato dos: cáscara, asándose y soltando una humareda con sabor atrayente. Las rollizas manos de quien cocina, echan sal y pimienta roja sobre el asado. En el fogón ubicado de manera perpendicular a estas dos preparaciones, están fritándose dos dulcísimos y y dorados plátanos maduros.

Permítanme detenerme un momento en estas letras para escuchar la fritura del maduro que ya ha estimulado mis salivares: [ssssssrrrrrrrs sssrrrr, zzzzzrrrrrttt] . Deseaba continuar en esta descripción de una mañana cualquiera, pero este último dato, el del maduro, me ha dejado estimulado a prepararme uno. Luego nos vemos.

2 comments

  1. Alberto Mejía Vélez   •  

    No se sí hablar tanto del pasado, pueda crear ‘enemigos’; pero que hace uno pues, ¿con semejante carga de años? La cocina hervía del calor producido por el carbón de leña en el fogón, la madre tenía ingredientes dispuestos para la sopa de ‘alverjas’. De la despensa se sacaba: tomate, cebolla ‘junca’, zanahoria y un buen manojo de arvejas, todas ‘empacadas’ en sus vainas, era ahí, en que entrabamos los hijos. Se sentaba en el suelo, entre las piernas (que aún no estaban velludas), se colocaba una totuma tan grande como una ponchera y dele a la desgranada. No se conocía la pereza que da la comodidad de aparatos eléctricos o el ‘ayudante de cocina’, todo era a mano, eso sí, con mucho amor. ¿Por qué está llorando mijo? Horacio me tiró con una ‘pepa’ de ‘alverja’ y me dio en un ojo; ¡respete a los chiquitos! Seguía volteando las arepas redondas o gruesas que ya tenían marcadas en el ‘cuerpo’ el tatuaje de la parrilla. En la mesa, se sentaba primero el padre, después la vieja y por último los hijos. Eso, disque se llamaba… URBANIDAD.

  2. Juan José Huaman   •  

    No penasaba encontrar una ftografia como esta solo en casa la veo al momento de preparar algunos platillos en casa. Y claro la modernidad nos trae todo listo pelado y enbolsado para ganar tiempo.
    Se me abrio el apetito bueno os dejo mi voto positivo por el post.
    Les dejo mi link posicionamiento web

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