De empanadas con encurtido y otros pensamientos

Una señora de manos pecosas y mojadas hace bolitas como cuando cursó el único año escolar con la profesora Berenice. Hace bolitas como la mamá le enseñó cuando se disponía a jugar con plastilina o hacer arepitas. La bola amarilla con pintas rojas se va tornando más pareja. Luego, asienta lo realizado sobre una masa igualmente amarilla pero aplastada, con la ayuda de una bolsa, otrora empaque de leche.

La señora insiste en el juego y dobla a la mitad el conjunto que yace en la mesa e intenta hacer una luna, si no es creciente es menguante, adorna la unión haciendo dobladillos con sus dedos quedando lo que llaman: empanada, ora con boleros en la unión. Estas benditas manos, recalentadas y trajinadas, llevan los trozos de luna a la manteca, que los ricos llaman aceite de canola, pero la doña sabe que es de animal, de cerdo marca chanchito que sabe más. La manteca calentaba previamente con clavo al fondo pa’ que no se empapen. Se fritan, se sacan, se tibian.

Pero empanada no es empanada, si no construye muros de iglesias y si no si va acompañada del bautizo rojo del encurtido. Esta bendita preparación -que no entraré a describir, pues eso será en otra ocasión-, es alquimia en mano de matronas, dulce amargo que adorna la sensación de la empanada en la boca. Hay comensales que, incluso, le echan empanada al encurtido, figura lingüística ésta para exagerar la cantidad de encurtido que le echan a la media luna amarilla.

Digámoslo de una vez a voz abierta: hay doñas que, cuando el cliente se acerca, esconden el frasco, reciclado, del encurtido, porque saben que dicho individuo compra dos empanadas pero se come el encurtido de diez. Esa doña no reconoce que el comensal está correspondiendo al buen cocinar de la receta.

Venta de encurtido en la Plaza Minorista de Medellín, mi museo preferido del color.

8 comments

  1. Juan Pablo Ramirez   •  

    Confieso mi total desconocimiento de la Plaza Minorista, de sus sabores y colores, de sus gentes y de sus historias de lucha, amor y pasión por la vida y la fe. Con los textos de Carlos Múnera me hago partícipe de la lista de quienes deben conocer mucho más su propia ciudad, su propia vida, su propia realidad….

    • Carlos Múnera   •     Autor

      Te acordarás de mi… la Minorista, es y será, un referente cultural, turistico y gastronómico de la Ciudad.

  2. Jarol Torres   •  

    Hola CarlosM,
    Es verdad todo esto, no sé que sería de un paseo por el SENA sin primero ver, curiosear y disfrutar de todo – Por bien llamado – Minorista, es ese aire tan paisa, personajes totalmente fuera de contexto, olores unos que otros de un paladar poco refinado. Es la dicha de darse una vuelta y resultar en la zona de venta de mascotas o en los restaurantes muy al interior cerca de los puestos de yerbas medicinales y aromáticas. Ahora que compartes lo de las empanaditas, tendré que ser más atento no me las había pillado. Exquisito!… Saludos.

    • Carlos Múnera   •     Autor

      La Minorista es un micro mundo con sus propios olores, sabores, estéticas. El Centro Comercial Quincaya lo administra Coomerca, pero no pertenece a la Plaza Minorista, aunque esté contíguo. Es mi museo preferido, el museo del color al que llevé mis alumnos por 11 años.

  3. Alberto Mejía Vélez   •  

    Cuando me encontraron el colesterol alto, el médico me echó la maldición de que me apartara de las grasas y del ají, si quería salvarme; ¿pero de que vale la vida, sin mitigar los deseos? Al hablar el doctor, con la cabeza le iba diciendo sí, a su perorata; más con los dedos al unísono, le hacía ‘pistola’. He seguido hasta ahora engullendo empanadas, algunas semiquemadas o tiernas como nalgas de bebé; aquellas, llenas de ‘ñerbos’ de desperdicios de carne; otras, que le recuerdan a su santidad el papa o las ‘arrozudas’ igual que piel de gallina después de quitarle las plumas para echarla a la olla. He comido pues de las más variadas y en los lugares más sórdidos y el resultado es el mismo ¡felicidad gastronómica! Bendecida con ají de pajarito, que una que otra lágrima salida de los ojos, me hace recordar al galeno, que perdió su tiempo, al querer sepultar mi inquebrantable amor por lo bueno y mi espíritu altruista para ayudar a construir templos.

  4. FRANCISCO PARDO TELLEZ   •  

    Con “agua de suegras” y generosas porciones las empanadas que me encantan no levantan Iglesias, más bien desbaratan la fe en los hombres de las Iglesias, me gustan con todo adentro.. incluyendo alguno que otro cuerpo desconocido, en las obras antes pasaban con un canasto bien tapadas.. ahora van en camioneta, pero tienen mejor sabor y el mecato de las 10 o el almuerzo al medio día, las empanadas traen gran capacidad energética.. se pagan a crédito con el anotador… y a veces pidiendo 4 la quinta es de ñapa…..

  5. jairo carmona valencia   •  

    “Empanadas que es lo que más se vende” refrán popular y con relación al ají (que tambien signifíca robo) ni hablar; dizque se conocen más de una variedad. De las empanadas fuera de las ya mencionadas, me parece justo hablar de las “argentinas” y las “chilenas” del Salón Versalles no menos famosas que sus otras hermanas. Todas y con las manos puestas en el texto sagrado, sirven para rebajar de peso… Palabra de culebrero. Ahora me hiciste volver a mi infancia, con eso de las plazas públicas, recordé a la Plaza de Cisneros, con sus olores por la flota cagajón dónde hoy luce esplendoroso “El parque de la luz” adentro era un desfile de canastas, bultos, costales y el piso lleno de hojas de todo tipo (no existian bolsas de plástico) porque así era como venía todo tipo de productos frescos del puro campo. Esta pequeña ciudad en miniatura, fué la que dió origen a: La Minorista en La Estación Villa, la de La América, otras satelites y la Mayorista. Pero muchos de tercos fundaron “El pedrero” otra plaza a ras de piso, dónde el pobre seguía mercando… Es nuestra cultura del buñuelo y su majestad “La empanada” con su ají picante y que para unos es capricho/deseo/mecato y para otros un desayuno-almuerzo disimulado…

  6. maquiempanadas   •  

    Es grato leer relatos como estos y ver como con nuestras costumbres culturales y gastronómicas trasformamos el país , pero debemos romper las barreras y pensar que con la maquinaria y tecnología necesaria podemos llevar nuestras tradicionales empanadas a muchos países y rincones.

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