De las piedras que ya no son piedras

Está presente en muchas casas y pasa desapercibida; es inanimada pero depositamos en ella valores sentimentales; no es preciosa pero tiene más brillo que sus semejantes: la piedra de trancar la puerta ha trascendido el concepto mineral para venir a significar un enser más de la casa con trascendencia generacional.

Día festivo y el ritual de la familia era hacer el llamado paseo de olla. El lugar sería el de siempre: los charcos de Porce; la comida, igual: sancocho de hueso; el transporte: un ‘Renol 4’ –por eso no se preocupe que ahí cabemos todos-. Una vez allí el goce es como el de cientos de familias con el mismo ritual de hacerle honores a la olla y al cocinar en leña. Baño, cerveza, sol, pecas, blancuras y río, mucho río, o quebrada más bien. En ella, yace Yolanda temerosa de meterse más adentro, pues, en sus palabras “El río es traicionero”. Cerca a la orilla y con el agua en las rodillas se dedica a mojarse el resto del cuerpo. Con un paso mal dado se resbala y saca la piedra culpable de la caída: redonda, pulida y diferente a las demás; ha dejado de ser simple piedra y comienza a ser objeto de un leve deseo. Al mostrársela al resto de la “patota”, todos asienten y aprueban la idea de Yolanda de llevarla a la casa. Una vez allí, la piedra fue ubicada en el suelo para cuñar la puerta que, a diario en las tardes, mantiene abierta. Del paseo han corrido 52 años y la piedra, aunque a veces inadvertida, ha sido trasteada en tres ocasiones y, según los colores que se le alcanzan a percibir, ha sido pintada en varias oportunidades con el mismo color con que han pintado los zócalos de la casa.

El tema se repite en muchos hogares de Colombia. Cambia el río, el destino del paseo o el tipo de roca; pero muchas piedras han dejado de ser simple substancia mineral para convertirse en un objeto con más valor y apreciado por la familia. Para corroborar esta tesis, basta preguntarle a los dueños de las piedras cuántos años tienen de estar prestando la función de tranca y comienzan los años a saltar por decenas hasta encontrarse con rocas de medio siglo y más. La misma pregunta podría hacerse para la piedra de machacar la carne y el patacón, obteniendo, incluso, datos más detallados del porqué fue elegida para tal función.

María Eugenia Ramírez, funcionaria de la Escuela de Idiomas de la Universidad de Antioquia relata que la piedra que tranca la puerta de su oficina puede tener más de 14 años, ya que cuando llegó a ocupar su oficina estaba allí e incluye que la señora del aseo siempre la limpia cuando está trapeando. Aunque las trancas no son siempre piedras: en el tercer piso del edificio administrativo de esta universidad, una reproducción: Fuente Ceremonial, del artista Germán Botero Giraldo, es la obra que le impide a la puerta moverse ante la imposibilidad que tiene la cuña de la puerta de cumplir dicha misión. En otras oficinas de este edificio administrativo se observan: una plancha antigua, materos, una piedra blanca, entre otros.

En Amagá, Marina López, narra que dos de las cuatro piedras de la casa tienen más de 46 años, que son los años de estar viviendo allí, cerca del parque, más algunos años de su residencia anterior. Una de las piedras, harto redondas, está pintada de ocre; pero una escalografía hecha con la uña revela un azul anterior, colores con que se han pintado los zócalos. Este hecho de pintar la piedra le da un significado a la misma, lejano de su contexto mineral, para ser un elemento re-cogido y re-significado.

Los ejemplos son muchos y muchos son los tipos de piedras u objetos que sirven de cuña a las puertas, lo que invita a reflexionar en el tema de la seguridad, pues es en las casas donde se acostumbra este uso, ya que generalmente en apartamentos de unidades cerradas y en edificios no se deja la puerta principal abierta. Quienes gozan del ritual de mantenerla abierta son los habitantes de casas que pueden ver el sol en sus tardes, que saludan al que camina; allí, en estas casas son propicias las piedras y los objetos para que la puerta no le cierre la entrada al aire. Múltiples objetos, entonces, son pertinentes para cuñar: un caracol que alguien trajo de algún paseo o, específicamente, de San Andrés, como lo hay en el bloque 22 de la Universidad de Antioquia; una botella de Menta Colombia pintada de blanco; un retal de madera de una marquetería y una máquina de coser en Támesis, una piedra del color de la puerta en Barichara, Santander; un gato de plástico que ha sido llenado con arena como lastre, en la Comuna 13 de Medellín. Pero si se hiciera inventario saldrían a decir “presente” muchos dueños e inquilinos para elaborar una retahíla de piedras, objetos y “cosas” al lado de una secuencia de años de existencia y valoración que relatarían anécdotas recuperadas de la memoria familiar.

Es pues, la piedra como elemento básico de tecnología en tiempos digitales. Es el objeto que ha sido re-contextualizado para aplicar sobre él nuevos significados. Es la valoración de lo útil por encima de lo comercial. Es el contacto con lo básico, mineral y primitivo. Es el anhelo de mantener la puerta abierta en tiempos violentos, para así acercarnos a nuestro pasado rural con vista al horizonte lejano lleno de verdes y de paz.

Interactividad
Para trancar la puerta o machacar la carne ¿Cuántos años tiene la suya?

1 comment

  1. Alberto Mejía Vélez   •  

    ¡Cuñar! Sí, se pueden cuñar las puertas, las ventanas, la pata de la mesa coja o decir: “no hay peor cuña que la del propio palo”. El cuñado que es un pariente por afinidad, que a veces nos cuña, aprovechándose de la traga maluca, sentida por la hermana. Nos busca los viernes de juerga, para que lo emborrachemos y le demos plata para el taxi; nos pide que lo fiemos para alquilar casa, ropa u otros perendengues que tiene la bendita existencia. Cuñados vamos en los buses, a la entrada a los espectáculos públicos, en los oficios religiosos, en los trancones del desesperable tráfico automotor y nos cuñan con tierra cuando paramos las patas. Son innumerables los objetos que sirven para cuñar, que el papel queda corto para nombrarlos; pero la piedra y el caracol en las casas se ganaron el primer puesto.

    Vamos a ver…nuestra piedra de moler en la mañana, se convertía en horas de la tarde, cuando el viento sopla, en tranca ‘gu’ cuña de la puerta; después de la reunión familiar, el veredicto unánime es que tiene 70 años bien cumplidos y sigue tan campante.

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