De orines de perro a chocolates y caramelos

Estacionado junto al parque de El Poblado, esperaba a mi esposa para recogerla. Me acompañaba mi hijo Jacobo de cuatro años, quien tiene un buen olfato. A la espera nos llegó la escena de un vendedor de café en termos que, al parecer, se le había acabado y necesitaba hacer más para el resto de aquella noche.

La preparación se hizo en plena acera donde había agua en un balde, la cual fue calentada con una resistencia de inmersión y el protocolo continuó en agregar el café soluble. Todo ello acontecía junto a un poste que, por el olor, podía uno advertir que un tercio de la sociedad había orinado allí. Antes de percibir el olor abrí la puerta del carro para recibir la frescura de la noche, pero al sentir el primer contacto con el aire externo, Jacobo preguntó ¿Qué es ese olor? ¿qué huele así? Le contesté que eran orines, ambos rechazamos la intensidad de aquel olor, prendimos el carro y nos hicimos más adelante; pero ya fue difícil separarnos de ese intenso olor. No pude imaginar a qué pudiera saber aquel café recién preparado en aquella geografía urbana, permeada de ese intenso olor a orina de perro y muchedumbre.

Tal recuerdo contrasta con la experiencia de participar en cataciones de café, donde los profesionales están atentos a percibir aromas y sabores de duraznos, almendras, chocolates amargos, caramelos, limoncillos, entre muchas sorpresas. Es propiamente en El Laboratorio de Café, de donde recibo algunas invitaciones, que uno se abstrae de la jornada laboral para probar diferentes muestras de orígenes de café especial; y entre sorbos sonoros, salivaciones y  comentarios; se va alimentando el cerebro de nuevas y mejores sensaciones al café que tradicionalmente toman los colombianos sin mayor exigencia.

El consumidor colombiano debe dejar la mecánica costumbre de tomar cualquier taza de café, para adentrarse en la buena costumbre, esa sí bien conocida por fuera de Colombia, de tomar más y mejores tazas de café, con materias prima que hablen de lo mejor de nuestras montañas y con el conocimiento de lo que está entrando a ser parte de nuestro cuerpo, así otra parte sea expulsada, ojalá que no sea en calles y en aceras.

No necesitamos certificaciones de catación para probar cafés, no necesitamos ser expertos preparadores; sí se necesita un consumidor exigente que obligue a las tiendas de café a mejorar sus procesos; o mejorar nuestras preparaciones en casa. Que no tengamos que acudir al azúcar para enmascarar los malos sabores del café que se vende al interior del  país. Necesitamos más médicos que reconozcan que el café es bueno, solo si la materia prima es buena. Necesitamos hacer de nuestra bebida un hito insigne.

1 comment

  1. Ana Rocio Bedoya   •  

    Carlos, lo invito para que pase por el ITM de Robledo, y se tome un café delicioso que venden allí, no recuerdo el nombre del negocio, pero tienen el café en grano y te lo muelen ahí y te lo preparan como uno lo prefiera y tiene un sabor exquisito!!

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