De pesebres en octubre e invitados no esperados

El nacimiento del niño fue la excusa para tremendo parrandón. Vecinos de la localidad, unos costeños alegres, prestaron voluntariamente sus enormes parlantes para que todos supieran que el que había nacido no era cualquiera. Al rumbón se unieron, no los reyes vallenatos, pero sí los de Oriente: dadivosos personajes que se dieron a la tarea de llegar al shower a pie. Dos de ellos no vieron el amanecer como sí lo hizo Amilkar (¿o se llama Baltasar?). En fin. Hasta las ovejas cayeron rendidas ante el fiestononón. Los padres, que nunca invitaron a nadie ni pidieron prestados equipos de sonido ni pretendían hacer del evento una fiesta, trasnocharon parejo con el niño. Cosas de la vida y de aparecidos a los que uno nunca invitó.

Este pesebre de octubre lo disfruté en la casa de campo de Mario Velásquez, subsecretario de Educación Ciudadana de Medellín. Hombre sencillo y lleno de valores que nos permitió llegar, sin ser invitados, a su espacio, y compartir con su familia, una tarde que se nos presentó maravillosa, sencilla y encantadora. (Llegamos a la hora del almuerzo y nos tocó fríjoles verdes y hasta torta de un cumpleaños. Merienda… Les tocó echarle agüita al caldo y quitarle una pata de chicharrón a cada uno.) ¡Gracias!, Mario. Bendiciones. (Jacobo cayó rendido).

1 comment

  1. Olga Cecilia Cardona Bernal   •  

    Como siempre, tus narativas llenas de verdad, originalidad, chispa. Buena esa por la que echó más agüita, yo a la espera de “Quién metía las patas”.

    Felicidades hoy y siempre

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