El estigma del algarrobo

La cocada, el corozo, el arequipe, el tamarindo en dulce y en fruta, la papaya, el bocadillo, el anón, la piña, la breva con arequipe, los panderitos… en fin; decenas de productos en un pequeño espacio que encierra el folclor alimenticio de un territorio. Pero más allá, a la derecha, colgado, desapercibido; cuelga el polvillo mágico que ayuda al colon, conocido por su fragancia que, en chiste, dicen, se parece a la pecueca: el algarrobo.

Con una estima que podría tumbar al más débil, este fruto es rechazado con bendiciones y contras audibles; no lo quieren en las casas por pena a las visitas, no la quieren y le temen mal aliento; pero lo que no saben quienes la rechazan, es que es enemiga del mal del siglo 21. El algarrobo o la pecueca, pone a trabajar el colon de manera regular, lo mueve, le invita a contraerse y a ejercitarse muscularmente para que el cliente viva sin estrés; regular, visitando el cuartico diario.

2 comments

  1. john walter   •  

    Pero es solo estigma, porque al menos aquí en Barbosa lo piden mucho, como trabajo en el campo siempre me dicen: mire a ver cuando hay cosecha de algarrobos para que me traiga, hacen jugos, delicioso, según dice mi señora, eso es para la gastritis y para el cerebro, ¿? si ella lo dice, por algo sera.

    • Carlos Múnera   •     Autor

      estoy de acuerdo con vos, John, a mi me encanta y me tiene el colon muy sano. Me sabe delicioso el algarrobo en leche, parece una malteada. Deliciosa.

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