El final del vuelo

Por Alberto Mejía Vélez

El cucarrón, cansado de revoletear por las alturas, empujado algunas veces por la fuerza de viento u otras, llevado en artísticas marionetas de la brisa suave; cae estrepitosamente contra el suelo.

En el ayer pasó por encima de suntuosos edificios haciendo mover con fuerza el par de alas; vió desde la inmensidad del firmamento los espacios de pobreza, las grandes discotecas donde el ‘amor’ se vende; miró a los recolectores de basura que otros arrojan y que son sustento de la familia; escuchaba el ruido de las motocicletas en precipitada huída, gritos de angustia e hilillos de sangre que aun corrían por el pavimento con su rojo apagado y mal oliente; llegaban en sus vuelos hasta las antenas las promesas no cumplidas, el grito del parto de las madres bebés  y la primera mirada del hijo sin futuro. Bajaba casi hasta tocar el suelo y percibía los suspiros jadeantes en los moteles y el sonido de copas que celebraban el final de una doncella menos y podía escuchar, el conteo de billetes con los que una familia se podría alimentar o pagar los estudios.

Viajaba buscando otros horizontes por las cordilleras y oteaba las hermosas fincas en donde, en otros tiempos, vivían en mancomunidad los ancestros, el trabajo honrado, la fidelidad, la humildad y la palabra notarial; pero ahora no veía nada de aquello. Donde estaba el cafetal, encontró la piscina; en la otrora cocina, caliente y acogedora que le daba vida a la chimenea, estaba instalado el bar, y en las piezas decoradas con el daguerrotipo familiar e iluminadas por el crucifijo al amparo de la Virgen del Carmen, se convirtieron en mullidas camas donde el sexo llega al paroxismo.

Regresó cómo pudo, sacando fuerzas donde ya poco había, lleno de desilusión, dejó que sus alas se detuvieran. Cayó y la poca vida que le quedaba, se la apagó el zapato de un transeúnte.

1 comment

  1. Dora Galeano   •  

    Quiza a muchos nos pase como a este pobre cucarron del cuento,que ya cansados de tanto vivir, quiza cansados de tantos excesos,de volar por otros mundos,un dia nos damos cuenta que no valio la pena y nos dejamos arrastrar por la tristeza.

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