El hombre y la silla (Parte II)

Una vez el hombre caminó erguido y quizo pensar, sacar conclusión, busco asiento para sus pensamientos y arrimó piedra, butaco, silla primigenia, reposo: entonces se sentó y descansó al séptimo día. Viendo que pensar demoraba tanto y que era tanto su placer, puso cojín al banco, al asiento improvisado, le puso remaches y lo perfeccionó, lo dejó acolchonado.

Acabado el filo de la sierra, se ideó inyectores que fabricaran un asiento democrático, universal, apilable, lavable, barato y bonito. Fue así como la silla de polímero inyectado se rayó en papel, se hizo y se usó, entró a las casas de gusto fino y a la del lujo ausente, entró a fiestas de quinces y fue vestida en matrimonios de alcurnia, democrática, sencilla, popular, industrial. Una silla de masas.

Vea la primera parte del hombre y la silla…

Lea el texto: De la comodidad y otros demonios… Rimax y su ciclo de vida.

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